01/11/2017 novembre 2017

Texto del P. Paul Debains, escrito para la fiesta de Todos los santos de 2006.

Resumen: Todos los Santos. El hombre es el sentido, el alma y corazón de la creación. Después de la muerte habrá una manera nueva de estar en relación con los demás seres humanos, en y por medio de Jesucristo.

Todos los Santos. el misterio de Jesucristo en todos los santos es el misterio de la realización de la encarnación divina en el hombre.

En la creación de un universo de dimensiones infinitas en el espacio y el tiempo, el lugar del hombre es central, aunque este antropomorfismo (el hombre centro del universo, todo relacionado con él), como el geocentrismo (la tierra centro del universo) puede parecer una pretensión abusiva. En realidad, solo Dios puede (¿indebidamente?) ser autor y centro de toda la creación, pero es un Dios en tres Personas en el cual cada Persona, eclipsándose ante la Otra, rehúsa por tanto ser el Creador y el Salvador.

Aunque se puede decir simplemente que Dios es, no se puede decir tan simplemente que el Universo es, si buscarle un comienzo en el espacio y el tiempo aun precisando que la infinidad del Universo no es del mismo orden que la de Dios.

Dios crea el Universo al mismo tiempo que Él es. En Dios no puede haber un momento antes de la creación, como tampoco lo habrá después. No puede tener principio ni fin, así como tampoco se puede concebir ningún límite en el espacio o el tiempo pensable para el hombre.

Todo eso solo es pensable y posible en la medida en que hayamos am mùenos comenzado a ver a Dios como puro interior, según lo que Jesús dice a la mujer de Samaría: ”Dios es espíritu.” Dios es puro interior: los sentidos, todos los instrumentos que permiten aumentar y afinar nuestras percepciones del Universo, son inaptos para percibirlo a Él, ya que a Dios nadie lo ha visto.

El hombre no es un simple adorno de la obra infinitamente grandiosa de la creación y de su re-creación: él es su sentido, su alma y corazón.

En la Fiesta de Todos los Santos celebramos a los innumerables humanos que han aceptado ser esa alma y corazón, en y por medio de Jesucristo, los innumerables seres en quienes la encarnación divina ha podido realizarse: Jesucristo en persona es el centro y el corazón de toda la creación, el se va a desarrollar y a “inmensificar” en ella por la operación del Espíritu en todos aquellos que han o habrán concurrido al despliegue de esa creación y re-creación dejando a Dios encarnarse en ellos mediante el don de sí mismos.

El hombre apareció, en un grano ínfimo de polvo en un Universo infinitamente vasto, ¿es posible que él sea su centro? El advenimiento del hombre infinitamente pequeño sobre la tierra, centro de un Universo infinitamente vasto, es para nosotros la marca de un Dios Trinidad, su Creador: el Universo es creado a imagen y semejanza de un Dios Trinidad en que eternamente lo infinitamente grande juega, si se puede decir, con lo infinitamente pequeño, pues este, aun reducido a sus más ínfimas dimensiones, puede él mismo ser portador de un universo tan vasto en su infinita pequeñez.

Los microscopios serán cada vez más eficaces, pero siempre descubriremos, siempre aparecerá una realidad cada vez más ínfima que pueda pensarse infinitamente grande en la reducción que pueda aparecer cada vez más infinitamente pequeña.

Siendo el hombre infinitamente pequeño, nacido y habitando en un universo infinitamente grande, lo habita un universo en el cual debe aprender a crecer infinitamente, con la infinita grandeza de Jesucristo.

Eso es también lo que sucede en el hombre: siendo infinitamente pequeño, nacido y habitando en un universo infinitamente grande, habita en él un universo en el cual debe aprender a crecer infinitamente, con la infinita grandeza de Jesucristo.

¿Qué descubriremos cuando hayamos pasado al otro lado del velo? Descubriremos y viviremos ciertamente una nueva manera de estar en relación, a partir de la cualidad de nuestra relación con los demás durante nuestro breve paso sobre la tierra, una nueva relación con todos los hombres en y por medio de Jesucristo, lo cual determina para todos los que ya pasaron al más allá en Dios, una nueva relación con cada uno de nosotros. Eso se llama la comunión de los santos.

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