20-27/06/2017 juin 2017

snn 38 0901

Conferencia de Mauricio Zúndel en un retiro en Lucinges, Alta Saboya el 3-4 sept. 1938. Inédita. Se añadieron títulos y apartados.

Resumen: Nos hemos basado en fórmulas sobre Dios. Pero es necesario un corazón puro para llegar a la verdad. Los hombres nacen de la carne pero no del espíritu. Son falsificados. En la región silenciosa del corazón, se siente a sí mismo, encuentra a Dios. Puede formarse a Cristo en sí mismo. El yo impide la transparencia del amor. El misterio del amor está en la Trinidad.

¿Qué sabemos de Dios?

Nos hemos basado en fórmulas.

El hombre no se puede ufanar de tener certezas al comienzo. Éstas se le dan al final como apoteosis: tiene que merecerlas. El conocimiento exige cierta transparencia mental, es necesario un corazón absolutamente puro para llegar a la verdad, para descubrir una parte de su vestido.

La creencia no es la simple afirmación de una fórmula: creer es encaminarse hacia la luz.

Una vez que el sabio ha sentido la atracción de la verdad, queda conquistado para toda la vida, sabe que hay algo más grande que él.

Se ha cometido un error capital: hemos comenzado por hablar de Dios y comenzamos por palabras, con fórmulas hechas, admirables y verdaderas además, en vez de comenzar por la vida, a través de la experiencia, para hablar de Dios.

El cristianismo nos presenta un Dios totalmente nuevo: para encontrarlo es necesario eclipsarse, dejarle todo el espacio, despojarse, hacerse transparente a su luz.

El cristianismo nos presenta un Dios totalmente nuevo: para encontrarlo es necesario eclipsarse, dejarle todo el espacio, eclipsarse, despojarse, hacerse transparente a su luz. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la reciben.

El sentido de una vida

Pascal decía: “Si solo tuviéramos que hacer algo por lo cierto, no deberíamos hacer nada por la religión porque no es cierta.” Lo seguro es ir hacia lo que vale más. La verdad, la belleza, la bondad valen más que el hombre, vale que les sacrifiquemos todo. Si tuviéramos solo una ocasión de dar cierta transparencia a la belleza, eso valdría toda una vida y más que una vida.

Al comienzo hay un riesgo, el riesgo inherente al amor, pero si sabemos que la vida solo tiene sentido si se encamina en el sentido del amor, de la santidad, suceda lo que nos sucediere, es suficiente que el amor, la verdad, la santidad puedan contar con nuestra dedicación, nuestro don, pues no se trata de salvarnos a nosotros sino de salvar a Dios, la verdad.

Creer es lanzarse en la noche, olvidarse para que viva Dios.

Dios es cuando tú eres bueno, cuando eres verdadero, cuando amas, cuando te haces transparente y luminoso para la vida, fuera de eso solo hay fórmulas. Creer es lanzarse en la noche, olvidarse para que viva Dios.

El hombre cree cuando siente en sí mismo un ser mejor que él y está listo a sacrificar su vida por él.

Muchos comienzan con una construcción intelectual, eso funciona mientras no estén ante la pasión y el fuego, pero el día en que tienen que decidir y darlo todo, retroceden: ¿Es bastante sólido?

Muchos comienzan con una construcción intelectual, eso funciona mientras no estén ante la pasión y el fuego, pero el día en que tienen que decidir y darlo todo, retroceden: ¿Es bastante sólido? Es más fácil resolver los problemas de los demás que los propios.

A veces nos fabricamos un Dios exterior, una abstracción, lo yuxtaponemos a nuestra vida… nos aburrimos por la gloria de Dios… ¡pero qué importa!

No debemos dar nuestro Dios, sino que a través de la transparencia de nuestra vida los demás descubran el suyo propio.

Dios o la experiencia, es lo mismo. Cuando la vida desciende a sus profundidades, cuando se descubre, descubre el misterio del alma, la exigencia de la infancia divina que está esperando todos nuestros cuidados. No debemos dar nuestro Dios, sino que a través de la transparencia de nuestra vida los demás descubran el suyo propio. Debemos encontrar a Dios a través de toda nuestra vida, inclusive a través de nuestras debilidades y pasiones.

Que vuestro Dios sea nuevo cada mañana…

¡Es necesario nacer de nuevo!

El hombre ordinario

El hombre camina en la existencia, deambula en la vida, está por o contra su entorno; pero él mismo nunca ha encontrado su alma.

Los hombres nacieron de la carne, pero no del espíritu. Son falsificados. El hombre camina en la existencia, deambula en la vida, está por o contra su entorno; pero él mismo nunca ha encontrado su alma.

En las conversaciones, la gente desgrana sus imágenes familiares, suelta sus impulsos instintivos. ¡Dispara todos los automatismos… y pretende pensar!

Es raro que los hombres sean capaces de pecar, como también es raro que sean capaces de virtud: actúan casi siempre por pasión. No eligen más deliberadamente el bien que el mal. Es raro que comprometan su destino en un acto libre.

La humanidad tiene varias máscaras bajo las cuales sofoca. Está cansada. De esta fabricación resulta un inmenso dolor. Los hombres han debido aprobar cosas que no escogieron y refutar cosas que no conocían. Están continuamente en estado de resistencia contra la vida, en estado de represión.

Lo que vale para los hombres, vale también para los pueblos: en política, se asesina al partido opuesto, eso no importa. Pero los hombres necesitan relajar los nervios, creen servir una causa y la pasión política es a menudo solo la necesidad de quemar la resistencia de represión de los seres. La necesidad de relajarse, pues el hombre nunca ha sido libre.

Los hombres se endurecen por dentro, se endurecen por fuera, para aparentar.

El silencio para escuchar nuestra vida

El silencio para escuchar nuestra vida, para abandonar las máscaras. Después, reconstruir edificando, no fabricando. Dejar que Cristo se edifique en nosotros. El recogimiento es el gran silencio de Cristo que viene a nosotros y se da.

El ser humano es tan misterioso, necesita al Espíritu, si no, cuando el resorte se relaja, es capaz de toda locura. Al decir “es necesario que”, acumulamos nuevas resistencias… Dar la libertad a los hombres.

En la región silenciosa del corazón, donde el hombre ya no cuida sus apariencias, se siente a sí mismo y encuentra a Dios. ¡Dios no es amenaza ni espantajo sino ofrenda de amor! Dios bajó los ojos ante la mujer adúltera y la liberó.

Las obligaciones caen sobre la gente, son carga para ellos, hay que ayudarles. Darles la libertad del amor, que es un gozo de desposorio.

El silencio para escuchar nuestra vida, para abandonar las máscaras. Después, reconstruir edificando y no fabricando. Dejar que Cristo se edifique en nosotros. El recogimiento es el gran silencio de Cristo que viene a nosotros y se da.

Recogerse en los demás… Bajar los ojos ante el misterio de los demás… permitirles tanta libertad… dejarlos ser. Les habremos dado Dios cuando les hayamos dado bastante respeto, bastante amor. El amor solo pide lo que da, es decir amor.

No sean católicas como otros son comunistas, para tener razón. No busquen convencer, estén llenas de respeto para las almas que las rodean.

“Amigo mío, sube más arriba”… solo existe una falta y es rehusar la inmensidad del amor, reducir la vida a lo finito cuando es infinita.

Las parodias rechazadas

La respuesta de Cristo es la Cruz que desconcierta a todos los que abordan estas cuestiones con la mente. El cristianismo es el grito de la inocencia de Dios, ¡no es culpa suya si las tinieblas rechazan la luz! Hicimos una caricatura del pecado original, vimos en él una trampa puesta al hombre, un primer sistema de prohibición, cuando era la proposición de desposorio para toda la humanidad.

El cielo es la cita eterna de amor en nosotros; el infierno solo puede ser la crucifixión eterna de Dios por nosotros.

Vimos en el cielo una recompensa exterior a la vida, cuando es la cita eterna de amor en nosotros; como el infierno es la eterna crucifixión de Dios por nosotros. Dios no castiga sino que se deja crucificar.

Hemos pervertido todas esas nociones, las hemos hecho absurdas y nos extraña ver que los demás no las querían; debemos rehusar esta parodia en nombre mismo de la salud mental.

Dios no nos rehúsa nada que pueda provocar nuestro corazón a la rebeldía. Nietzsche dijo: “Si existen dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser Dios, por qué no soy Dios?” ¡Eso sería justo si Dios fuera un poder físico!

Cuando san Francisco de Asís asaltado por ladrones se deja rodar en la hondonada y se levanta cantando: la brutalidad lo habría derribado al primer golpe si no hubiera tenido amor. Pero cuando unos días después los mismos bandidos tocan a la puerta de su monasterio, Francisco los acoge, los calienta y los alimenta, ¡ellos quedan vencidos!

Poder, moral y amor

El único poder auténtico es el amor. ¡Hacerse una idea de Dios que sea digna de nuestra consciencia! En moral, no se trata de prohibición sino de colaborar con un Dios que es amor.

La humildad de Dios es la locura de un Nietzsche. Su colosal afirmación titánica se comprende, porque él nunca encontró la humildad de Cristo. Cristo murió para afirmar la derrota de Dios, derrota que es victoria porque es la consumación del amor. La Trinidad es un acto eterno de altruismo, la vida se comunica en permanencia entre las tres personas divinas.

Es el yo el que impide la transparencia del amor. El fin del universo es ser don al Eterno. Los mandamientos de Dios no son mandamientos sino sacramentos del orden. La moral cristiana es la desposesión del yo para estar en estado de apertura y dejar pasar la gracia divina. Que cada acto sea universal y tenga consecuencias eternas, eso es la moral. Rehusar es poner límites al infinito, centrar todo en un yo cada vez más limitado.

No plantear el problema moral como problema de respeto de convenciones o de prohibiciones, sino un problema de amor, único problema que existe.

No tenemos que entrar en competencia con Dios sino colaborar con él porque es un hermano y amigo. No reprimir los deseos sino ir más arriba, hasta realizarlos al nivel mismo del corazón de Dios, dar el más amplio paso a todas las capacidades abiertas a Dios. Alegrarnos de que todo esté por hacer pues hay un mundo que crear, porque somos espíritu: si solo tuviéramos que buscar una posesión el mundo no tendría destino eterno.

Apagamos el espíritu si rehusamos a Dios nuestro corazón y Dios muere. Hacer de nuestro corazón el árbitro mismo del destino de Dios, pasa o Cristo o nosotros, uno u otro deberá ser sacrificado: él o nosotros: su vida está en juego. ¡Confianza! Sin confianza no hay amistad y Dios nos llama amigos y no servidores.

El misterio del hombre y la mujer

La conversación, la búsqueda del complemento

Si en las conversaciones femeninas en que hablamos de nosotros y de los demás hay habitualmente tanta mediocridad es que sin el concurso del hombre la mujer está en cierta incapacidad de llegar al plano de lo universal. Lo que buscan las mujeres en la conversación de los hombres es el germen que les ayuda a penetrar en los vastos dominios del espíritu.

La conversación nunca es tan rica como entre hombres y mujeres. Sin el hombre, una mujer se mantiene difícilmente en las regiones del espíritu. Si la mujer siente necesidad del hombre hasta la exasperación es porque lo necesita para alcanzar la plenitud de su personalidad: para la mujer está en juego toda su vida, la dirección misma de su vida.

Por su parte, el hombre busca el complemento carnal. Si no se encuentran es porque no tienen la misma finalidad… El pecado original exasperó en la mujer la necesidad metafísica mientras en el hombre exasperó la carne.

La clave del amor humano

Hay que llegar al corazón de la Trinidad para comprender el amor, pues en relación con el hombre, la mujer es como el Hijo respecto del Padre. Todo el misterio del amor está en la relación de las tres personas divinas. Dando el paso entre las personas divinas habrán encontrado la clave del amor humano; por error se ha localizado el amor en la carne si el misterio está en el espíritu. No es extraño que tengamos vértigo, el impulso hacia la vida se concentra en nosotros, pierde su materialidad y su peso… tiene su centro en el espíritu.

El amor se expresa en la carne pero es la expresión de algo totalmente espiritual.

El hombre se realiza comunicando a la mujer su personalidad, suscitando la suya y dándose en el plano supremo en que es persona. Se expresa en el nuevo ser, el hijo, totalmente abierto al infinito. La familia humana… trinidad del amor.

El hijo, instrumento divino por el cual se realiza la mujer

Para la mujer, el hijo es el sacramento de la personalidad, el instrumento por el cual ella se realiza. En la fecundidad se realiza la plenitud del amor humano, en el tercer ente en el cual el hombre y la mujer se unen en unión indivisible.

Los sexos existen a la altura del alma, deben actuar con miras a la realización del ser que se da a Dios. Entonces el cuerpo es morada de eternidad, ahí está todo el problema de la pureza. La impureza es el rechazo del don infinito del cuerpo, no amarlo lo suficiente como para quererlo eterno. El cuerpo no es la fuente del misterio sino el reflejo del amor, el cuerpo debe vibrar con todos los esplendores del espíritu.

No hay en el mundo doctrina que nos enseñe más el respeto del cuerpo que el cristianismo. La impureza consiste en hacer del cuerpo algo ordinario, rehusarle su nobleza y su dignidad, es robarle su misterio. Invitándonos a la pureza, Cristo nos recuerda la realidad de los cuerpos en la luz del espíritu.

Es más que humana la obra a la que nos invita, ¡pero qué hermosa!, es una obra maestra la que Dios nos confía. La ternura toma entonces un sentido diáfano, los gestos de ternura parecen sacramentos, deben ir de la persona a la persona para abrir cada vez más a la luz cuando los individuos se unen por el placer de la carne.

No hay que condenar la ternura sino interiorizarla.

En la pausa – respuestas a preguntas

El hijo

En la medida en que nos damos a Dios nos amamos. El sexo está en el espíritu y no en la carne. La familia humana es morada de eternidad.

El hijo es menos fabricado que nosotros y por eso nos conmueve. Es una fuerza más intacta para Dios, puede ser lo que el hombre no pudo.

Respeto demasiado la vida como para no respetar el instinto.

La mujer debe guardarse de idolatrar al hijo, debe verlo a través de sí misma. Ningún hijo puede ser propiedad de una madre, cuando lo es, lo pierde: el hijo solo se pertenece a sí mismo, es decir a Dios.

Un hijo de un día tiene valor infinito, que no pertenece a nadie, ni siquiera a sus padres. Confesión terrible de los padres que piensan que su amor está servido. El hijo es vida personal, valor infinito, debe poder disponer de sí mismo.

No nos damos un hijo porque nos amamos… Nos damos un hijo porque desde ya lo amamos. Toda otra concepción es inmoral si la moralidad es respeto de los poderes del ser.

La generación carnal no es nada de por sí, está en el plano del individuo, solo tiene valor en la medida en que es sacramento de una generación espiritual, en tensión hacia una infancia divina que quiere germinar.

Él intercambio espiritual en el amor

La virginidad es un estado consagrado por la Iglesia, es porque la vida es solo Dios, lo único que debe conservarse intacto en el mundo es la infancia eterna de Cristo.

Toda vida está ordenada al amor, como el amor está ordenado a Dios.

Él intercambio espiritual de los sexos existe’ y puede existir fuera del matrimonio. Nada hay malo en el ser.

Él intercambio espiritual de los sexos existe’ y puede existir fuera del matrimonio. Nada hay malo en el ser.

Si aman, reconózcanlo sin miedo, no llamen amistad lo que es amor, vayan hasta el final, hasta el intercambio del Dios vivo. Nunca debemos tener miedo de las soluciones peligrosas, arriesgar la vida es vivir.

La Virgen no era sino apertura a Dios, por eso lo concibió, no lo concibió para guardarlo sino para darlo.

La religión no está hecha para colmarnos sino para colmar a Dios.

La religión no está hecha para colmarnos sino para colmar a Dios.

Todo su ser debe ir a Dios con lo que solo es de ustedes, con la parte de ustedes que es su personalidad, es realidad y no imaginación. Sería lamentable si las cosas más importantes para nosotros tuvieran que quedar fuera de la vida religiosa.

No dejen nunca la comunión, cuando no puedan ir por sí mismas, vayan por él.

Los argumentos médicos son ciertos en el plano del individuo, pero en el plano de la persona ya no responden. En el plano del individuo, en el plano cósmico, se imponen las soluciones físicas. Si construyen el ser en altura, hay una solución por lo alto y todo cambia.

La necesidad de la especie es la necesidad de la vida en general. La necesidad del cuerpo se suaviza con la necesidad del espíritu. O el cuerpo absorberá el espíritu, o el espíritu absorberá el cuerpo.

Un reproductor puede ser un tipo de belleza perfecta, pero la belleza del hombre es de otro orden.

No hay que ver una prohibición en la virginidad sino un orden interior, una harmonía.

¿En el plano humano? El divorcio es normal.

La Iglesia

La Iglesia plantea el problema a una altura formidable… El cristiano debe vivir en estado de heroísmo permanente.

Subió al cielo… descendió a los infiernos… palabras contenidas en el credo… ¿Qué pensar de eso? Ningún astrónomo puede aceptarlo, arriba y abajo no existen si la tierra es redonda y el cielo atmosférico no tiene nada que ver con el cielo de las bienaventuranzas…

Qué deducir de eso sino que cada época se planteó sus problemas y debió resolverlos con los elementos de que disponía… Todos los siglos, todo el pensamiento humano está en la Iglesia.

No quejarse de lo que todavía no ha subido al corazón. Pensamos que la vida eterna es algo del mundo: tener cuidado de no empequeñecer la noción de Dios.

Las palabras serán siempre insuficientes, harán lo que podrán, pero el lenguaje de la Iglesia tiene solo el fin de superarse; la enseñanza de la Iglesia no es una doctrina o un sistema, sino un sacramento que contiene toda luz de Cristo y nos la comunica en la medida de nuestra apertura.

Los Apóstoles estaban hechos en molde judío, conocían las tradiciones, las escrituras, observaban los ritos judíos, para ellos nada había cambiado y san Pedro quedará sin aliento al ver que el Espíritu Santo les dio el don de lenguas.

Ellos predicaban a Jesús, propagaban su amistado con él, no como doctrina sino como la amistad divina. Sintieron que Jesús tenía lo que busca el hombre.

La Iglesia no busca nada más que encontrar a Cristo; en la Virgen busca una revelación de Cristo, pues nadie fue tan transparente a la luz como ella. Los santos son espejos de Cristo. La palabra es luz. Los santos son espejos de Cristo. La palabra de la Iglesia no es humana, es la palabra siempre viva de Jesús.

Católico significa universal. El único católico es Cristo porque es el único universal, la santidad consumada, totalmente abierta hacia Dios y por consiguiente también hacia los hombres. En toda verdad su yo es Dios: totalmente dado a Dios y no menos totalmente dado a los seres. No podemos reivindicar el título de católicos sino en la medida exacta de la presencia de Cristo en nosotros.

El hitlerismo sacó a los alemanes del fango del egoísmo hacia el colectivismo… No es aún la comunión de los santos. Por desgracia, este impulso recayó en sí mismo en la exaltación del jefe.

El comunismo es un esfuerzo por sacar la humanidad de la esclavitud del dinero, por dar al trabajador cierta libertad, no es suficiente pero ya es algo. Es una rebeldía contra la esclavitud, hay algo infinitamente mejor, es el Evangelio, pero si lo hubiéramos reconocido no habría existido el comunismo.

Hagamos una inmensa acogida a todo lo que está en marcha, en camino hacia Dios.

La reforma solo fue posible porque el rostro de Cristo ya no transparentaba lo suficiente en sus miembros.

La Iglesia es un misterio de fe, hay que ir más allá de las apariencias, mirar más al fondo, a través de sus indignidades, no cesa de resurgir y de actuar. La sacramentalidad es la armonía divina entre el Creador y su criatura.

¿Hay que sacrificar el cuerpo por el espíritu o el espíritu por el cuerpo?

¿Hay que sacrificar el cuerpo por el espíritu o el espíritu por el cuerpo?

Suprimir los signos fue un error que partía de una corriente espiritual, pero iba a hacer inhumana la religión. El conflicto entre la carne y el espíritu. Establecía para siempre una rivalidad entre Dios y la criatura, la solución cristiana es tanto más admirable. La Iglesia tomó todos los elementos de la tierra, los hizo diáfanos, Jesucristo los asumió, pero los signos deben permanecer transparentes y el corazón abierto, si no, el corazón se endurece.

Debemos apegarnos a la presencia de Cristo en el alma de los hombres hasta habitar en los demás tan realmente como Cristo habita en ellos (Oración sacerdotal).

La Iglesia reúne las almas, el comunismo hace la unión por el exterior.

¿Centrar la mirada en el prójimo? En ese ser cuyas resonancias humanas recibo, veo a Dios.

Hay que tener caridad consigo mismo. Es decir que en nosotros hay otro que vale infinitamente más que nosotros. Cristo pronunció sobre nosotros palabras sacramentales: Esto es mi cuerpo, esto es mi sangre.

Toda su vida no es de ustedes sino de él. No se trata de realizarse sino de realizar a Dios. Dejar a Dios brillar en nuestra vida, todo lo demás se dará por añadidura.

...Estoy encargado de Cristo.

Han de realizar la acción espiritual del sacerdote. La medida de su vida será la de un verdadero sacerdote, es decir el que abre su corazón a la inmensidad del don, el que da la alegría. Sean misioneras de Su alegría, relicarios de su Presencia.

Más allá de sus penas, entren en esa alegría, ahí todo es hermoso, todo es nuevo…

Ajouter un Commentaire

Les commentaires sont modérés avant publication. Les contributions doivent porter sur le sujet traité, respecter les lois et règlements en vigueurs, et permettre un échange constructif et courtois. A cause des robots qui inondent de commentaires publicitaires, nous devons imposer la saisie d'un code de sécurité.

Code de sécurité
Rafraîchir