Un Dios arrodillado (*)

Es un ejemplo que les di para que ustedes hagan lo mismo. (Jn 13:15)

El lavatorio de los pies se sitúa en los últimos días de Jesús y es como la revelación apresurada de todo el secreto de Jesús. Significa por una parte que el Reino de Dios está dentro de nosotros, que, como Jesús lo había presentado a la samaritana, Dios es una fuente que brota en nosotros en Vida Eterna, que el Templo ya no es un santuario prodigioso y magnífico que provoca la admiración de los judíos y del mundo entero cuando vienen en peregrinación: el verdadero santuario es el hombre, ¡el hombre!

El más allá está dentro, no después, ni detrás de las nubes o más allá de las estrellas, sino aquí y ahora, en un presente que dura, y puede durar, y que está llamado a durar para siempre.

El reino de Dios es aquí y ahora, dentro de nosotros. El más allá y después son ahora, pero adentro. Y Dios está de rodillas. ¡Dios está de rodillas! (…)

Ahí está con todo su amor, ahí está en la grandeza única, la única grandeza verdadera, una grandeza de generosidad. Todas las jerarquías quedan al revés… Una grandeza verdadera no puede ser exhibicionista, como lo es toda grandeza humana…

El Dios que se revela en Jesucristo es un Dios arrodillado que es solo su amor, un Dios que está comprometido en una reciprocidad en que no está dicho que él tendrá la última palabra porque la fuerza del Amor es el Don de Sí mismo, y este poder de don excluye absolutamente toda especie de obligación.

 

Contemplar a Jesús arrodillado a los pies de los suyos... (Evangelio de Juan, capítulo 13)

Extracto de la meditación sobre Juan 13, por Lyliana Caillaux en el Grupo Zúndel en ND de Venière (**)

Llegada la hora

En el relato del lavatorio de los pies, Jesús mismo abre el comienzo de su Pasión.

Este capítulo se presenta como un segundo “prólogo” de Juan. Dos frases muy sencillas introducen el pasaje. Otra hace la unidad del conjunto: sabiendo que había llegado la hora... sabiendo que su Padre ha puesto todo en sus manos (v. 1-3).

Jesús entra en Su Pasión con plena consciencia y lucidez... En Caná, - la hora – no ha llegado (Jn 2:4). Con la samaritana – la hora – “llega” (Jn 4:23). Ahora Jesús “sabe” que ha llegado la hora (v. 1).

Los amó

Al comienzo de este segundo prólogo, la clave de interpretación es “los amó” ¡desde la primera hasta la última hora!

Comprendemos mejor el "contrapunto" (v. 2) con el paréntesis sobre Judas: ¡Ya el diablo había puesto en el corazón de Judas la intención de entregarlo! En el primer prólogo, la LUZ se oponía a las TINIEBLAS, aquí, el AMOR se opone a la TRAICIÓN. La palabra misma “entregado” será la última expresión el DON DE DIOS hecho a los hombres – “inclinando la cabeza – entregó – el Espíritu.” (Jn 19:30)

Desarrollo de la cena

Volvamos a leer lentamente el pasaje: Jesús se levanta, se despoja de su vestido, toma un lienzo, se lo ciñe a la cintura, echa agua en una aljofaina, lava los pies y los seca con el lienzo puesto a su cintura (Jn 13:4-5). Juan insiste lentamente como con una cámara sobre todos los detalles...

Jesús se levanta de la mesa, se quita su vestido (Jn 13:4). La palabra se quita es muy importante y solo se encuentra en san Juan. Es la misma palabra que dice del buen Pastor que da su vida por sus ovejas (Jn 10:11). Jesús adopta el vestido del esclavo: un lienzo a la cintura y se arrodilla, gesto humilde que no se podía imponer a un servidor judío ni siquiera para lavarle los pies a su amo. Aquél de quien acaba de decir que el Padre puso todo en sus manos, tiene en realidad en las manos la aljofaina y el lienzo para lavarles los pies a sus discípulos.

Además, la escena no se realiza antes de la comida sino “durante la comida”. Tiene pues un significado especial. Para Jesús esta comida es “su comida”, la última con los suyos. “El gesto” de Jesús no es un simple gesto de hospitalidad, sino que debe entenderse como “gesto profético” – simbólico con dos significados. Primero como prefiguración de la Pasión y también como rito iniciático para los discípulos. Una “prueba” a superar.

“Después de lavarles los pies se puso el vestido y se sentó de nuevo a la mesa.” (Jn 13:12). Se “puso” el vestido – ya había afirmado Jesús: “El Padre me ama porque doy mi vida para retomarla de nuevo. Nadie me la quita sino que yo mismo la doy. Puedo darla y retomarla: ese es el mandato recibido de mi Padre.” (Jn 10:17-18 )

Un ejemplo dado

En fin, Jesús concluye: “Es un ejemplo que les he dado para que hagan ustedes lo mismo que yo” (Jn 13:15). La palabra utilizada, “ejemplo” es más que modelo y significa “hacer ver, mostrar” que tiene valor teológico en Juan. “Como el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace” (Jn 5:20). Así el Hijo muestra a los discípulos lo que hace.

“Ver” en Juan ¡sorprenderse por una Presencia! Es contemplar la profundidad... Este ejemplo no es simplemente modelo a imitar sino DON que genera el comportamiento de los discípulos en el futuro. Se podría decir: obrando así, les doy el obrar de la misma manera. Así, la exhortación toma la forma de una bienaventuranza: “¡Felices serán si lo hacen!”

Jesús y María de Betania, el mismo gesto

Para terminar les comparto un paralelo. Vimos en el gesto de Jesús (ch. 13), un gesto de servicio y humildad, pero hemos subrayado menos el gesto del amante. Pero el evangelio de Juan mismo hace el paralelo: en el capítulo precedente, justo antes de la entrada a Jerusalén, María de Betania también se arrodilló. Lavó los pies del Maestro y los perfumó y los secó con sus cabellos. Gesto de la esposa, de la amante… El mismo verbo griego es utilizado en los dos casos para lavar, y así la última entrada a Jerusalén está entre dos relatos de lavatorio de los pies. Sorprendente, ¿no? Y entonces el Maestro mismo lo proclama: “Hagan ustedes lo mismo”.


(*) Libro de Zúndel - Extracto de "Pour toi, qui suis-je ?" – Sarment. p.275ss)

(**) Lyliane Caillaux, viuda consagrada, biblista, educadora especializada en ciencias de la familia. Cette adresse e-mail est protégée contre les robots spammeurs. Vous devez activer le JavaScript pour la visualiser.

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