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Homilía de Mauricio Zúndel. Sin fecha ni lugar.

Un ideal sobrehumano

“Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.” (Mt. 5:48)

Como ustedes lo saben, estas palabras se hallan al final del capítulo 5 de san Mateo.

Deben parecer insoportables a quien las tome en serio y las escuche como si le estuvieran dirigidas.

¿No es un ideal sobrehumano?

Sí, sobrehumano sin duda, sobrenatural y propiamente divino, como debe ser nuestra vida. Pero ¿es cierto que nuestra vida es divina? ¡Que cada uno responda!

¿Es verdad que al vernos todos piensan: ¡Dios existe! O dicen más bien los hermanos: es como los demás, tan egoísta, tan limitado, tan malo?

Es probablemente nuestra propia conclusión cuando nos miramos a la luz de este mandamiento formidable.

“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.”

Solo disponemos de hoy

¿Quién nos salvará entonces del asco y el desánimo? Las palabras de Jesús que siguen, al final del capítulo seis: “No os preocupéis por el día de mañana; el mañana traerá su inquietud. A cada día le bastan sus problemas.” (Mt. 6:34)

Solo disponemos del día de hoy. Entonces, ¿por qué cargar el día de hoy con los tormentos de ayer o los combates de mañana?”

Ayer ya no está en nuestras manos. Mañana todavía no es. Solo disponemos del día de hoy. Entonces, ¿por qué cargar el día de hoy con los tormentos de ayer o los combates de mañana?

¿No es suficiente ir de la mañana hasta la noche y dormirse bajo sus alas para comenzar con ánimo el día que nos dará el Señor, como una flor llena del rocío celestial con el cual nuestra acción hará crecer el fruto de su Amor?

Es sin duda necesario prever el mañana, y la acción de hoy no debe ponerlo en peligro sino prepararlo en todo sentido en que se despliega nuestra actividad para que mañana sea mejor que hoy.

No agotar el mañana por adelantado

Pero no hay que vivir mañana por adelantado, así como el niño no debe hacer como el hombre. Su perfección está en vivir bien su vida de niño, hacer bien los palotes de su cuaderno de escritura, jugar bien con sus pequeños camaradas, reír bien, orar bien, amar a su mamá como Jesús amaba la suya. Así se hará hombre.

Eso vale también para nosotros. Ya no estamos probablemente haciendo palotes en nuestro cuaderno en la vida espiritual ni en muestra vida temporal. Lo que cuenta es hacerlos correctamente, poniendo en ello toda nuestra fe y Amor.

Y mañana los haremos mejor

Una de las tentaciones más grandes y más peligrosas del hombre, y de las menos sospechosas, es justamente la fiebre de vivir y como de agotar por adelantado el día de mañana, y la especie de desprecio del día de hoy, como si Dios nos lo diera sin motivo y sin haberlo colmado de sus dones.

Y somos como los niños músicos que quieren tocar piezas de Chopin o de Mendelssohn, sin haberse entrenado.

Concentrar los esfuerzos sobre el día de hoy

Si morimos esta noche, de qué servirá la angustia por el día de mañana? Pero si humildemente hemos cumplido la jornada, entonces nuestro espíritu de obediencia y Amor habrá quizás sido probado lo suficiente y se nos contará como el sacrificio de Abraham que fue consumado en Espíritu.

No es esa la actitud que nos pide la perfecta oración:

“Danos hoy nuestro pan de cada día.” (Mt. 6:11)

¿No es la gran novedad del evangelio poner la grandeza en la vida misma y no en las obras del hombre?

¿No es la gran novedad del evangelio poner la grandeza en la vida misma y no en las obras del hombre? Y no sabemos todos que la sonrisa de un alma puede dar más gozo que las más hermosas creaciones de la pintura o la música – por ser de otro orden?

Limitando y concentrando todos nuestros esfuerzos sobre el día de hoy sabremos liberar la grandeza que le es propia y la perfección que contiene. Y tendremos el corazón entero y renovado para acoger el mañana.

Y conoceremos la grandeza oculta de las cosas pequeñas y sabremos que de los niños pequeños es el Reino de Dios.

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