Notas de Mauricio Zúndel, redactadas rápidamente en estilo telegráfico, difíciles de descifrar. Parecen datar de principios de los años treinta. Los títulos fueron añadidos.

Resumen: Juan era un asceta profesional; Jesús representaba una concepción totalmente nueva de la religión y de la santidad. Una relación con Dios que invita todo el ser a hacerse éxtasis de amor. La verdadera vida es éxtasis, y el ser, contemplación.

Juan el Bautista y Jesús

Los evangelios, especialmente el de Marcos, presentan con extraordinario relieve el retrato de Juan Bautista, cuyo género de vida es tan diferente del de Jesús que el contraste impresionó a todos los contemporáneos.

Juan es un asceta profesional, y un profeta que seduce o irrita por su violencia y su austeridad. Jesús, al contrario, es un hombre común. Nada lo distingue, ni en el vestido ni en la manera de vivir, parece tan informal. Ni sacerdote, ni doctor, ni especialista, tanto que la gente de Nazaret no podía admitir que tuviera autoridad alguna para interpretar las escrituras y realizar los prodigios: usurpaba poderes reservados a clanes privilegiados.

Jesús sentía esa oposición y la expresaba claramente. Juan estaba más o menos entre los dos extremos. Se trataba en efecto de una concepción totalmente nueva de la religión y de la santidad. Y no es sorprendente que las invectivas de Jesús se levanten precisamente contra los que reducen la religión a un sistema de mandamientos.

Para él, la religión es la vida, abierta a a la vida divina y llena de ella. “Porque el Espíritu del Señor llena el universo, y por contenerlo todo, sabe todo lo que se dice” (Libro de la Sabiduría 1,7). Toda verdad, toda santidad consiste únicamente en consentir con esa Presencia, vivirla, difundirla y hacerla crecer.

Devenir éxtasis de amor

Se trata siempre de devenir interior a Dios…, de participar en ese altruismo que es el ritmo esencial de su vida y de integrarlo en nosotros, de respetarlo en todo, de comunicarlo a toda criatura.

Se trata siempre de devenir interior a Dios, a su pensamiento en el nuestro, a su Amor en el nuestro, a su acción en la nuestra, de participar en el altruismo que es el ritmo esencial de su vida, y de integrarlo en nosotros, de respetarlo en todo, de comunicarlo a toda criatura.

Dañar una obra maestra es un crimen contra el Espíritu. Una obra maestra es Alguien, como el sacramento de una Presencia. El conocimiento artístico no es ni curiosidad, ni diversión; tampoco es evasión de la vida, sino encuentro con Dios.

Se trata de descubrir y respetar esta relación con el Espíritu, esta relación con Dios que invita todo ser a devenir éxtasis de amor. La Persona es creación perpetua.

Ningún amor es anónimo, cada ser es único, llevarlo con su misterio en el corazón, amarlo como lo ama Dios, infinitamente, lo cual implica un don infinito de sí mismo.

Ningún amor es anónimo, cada ser es único, llevarlo con su misterio en el corazón, amarlo como lo ama Dios, infinitamente, lo cual implica un don infinito de sí mismo. De ahí un desapego respecto de las criaturas para mejor amarlas… “¿Se puede pretender amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al prójimo?” (I Juan 4:20). Amor y conocimiento.

Una contemplación encarnada

El artista debe volver al texto primitivo de Dios, la naturaleza, hasta impregnase de ella. ¡Qué inagotable es lo real en sus menores detalles! “All realities will sing, and nothing else...” (Coventry Patmore).

El cristianismo es el más apto para hacernos entrar en la contemplación encarnada cuya más alta expresión es la Liturgia. Cf. el soneto "Correspondencias" de Baudelaire :

En vasta y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se corresponden…

En los sacramentos, todos los gestos de la vida son elevados a una potencia infinita, para jalonar la rutaé de nuestro retorno a Dios, para suscitar en nosotros el deseo de asunción universal que consume el universo en un éxtasis, confiriéndole el sello del Espíritu y comunicándole el ritmo personal de la vida divina. Ya no hay cosa ni realidad exterior que sea opaca. Ya no hay sino una Presencia que es todo en todo.

“Porque el Espíritu del Señor llena el universo, y por contenerlo todo, sabe todo lo que se dice.”

“El vino de Dios que ha conservado todo el sabor del racimo, toda la luz del sol, no lo pueden beber sin comulgar con la virtud de la tierra, sin entrar en la alabanza de las criaturas. Toda virtud está ahí en esa presencia de adoración, el Mal no es otra cosa que su ausencia.”

“Un solo ser nos falta y todo parece vacío.” (Meditaciones poéticas de Lamartine, poema "el aislamiento")

La Moral, realización de una metafísica de la Persona

La verdadera vida es éxtasis, y el ser, contemplación. Nos hemos hecho demasiado extranjeros a la atención a la vida que es toda la piedad y la oración, como para entender tal realismo, y hemos caído bajo el yugo de la Ley.

La Moral se ha hecho barrera… y naturalmente tenemos la tentación de destruirla. Miramos del exterior las cosas del interior y de abajo las cosas de arriba, y damos con la cabeza contra un conjunto de absurdos.

Y hemos comenzado a preguntarnos qué estaba prohibido y qué permitido. La Moral se ha hecho barrera puesta arbitrariamente en nuestro camino y naturalmente tenemos la tentación de destruirla. Miramos del exterior las cosas del interior y de abajo las cosas de arriba, y damos con la cabeza contra un conjunto de absurdos.

“¿Qué está permitido en el matrimonio?” me preguntaban dos esposos inquietos. ¿Qué responder? Aquí, como en todo, se trata de ser lo que somos, y de serlo al máximo. Aquí, como en todo, la Moral solo puede ser la realización de una metafísica de la Persona. (1)

Rilke plantea admirablemente el problema en sus "Cartas a un joven poeta". Va en seguida al Espíritu. ¿Es el Hombre el dios de la mujer, es decir su principio, el eje de su personalidad? Ella es de él como la Eva de la biblia, de él espera toda su vida, toda la vida que es ella, toda la vida que ella da, espera que surge de la vida misma de la mujer. Relación metafísica que sitúa en el espíritu el origen de los sexos y su eterno misterio. Todo el ser es sexuado por esa onda de fondo que relaciona todo el ser del uno a todo el ser del otro. En relación con el hombre, la mujer es lo que es el Hijo en relación con el Padre, en una igualdad perfecta: la llama de su pensamiento y el silencio que recoge su ternura, como el Hijo es el lazo vivo de su amor, como el Espíritu es el éxtasis vivo en que subsiste el alma del Padre y del Hijo.

El problema de los sexos es un problema trinitario.


(1) La formulación de una noción precisa de la naturaleza humana es decisiva para abordar la persona humana que busca a fundar ontológicamente la dignidad y el respeto debidos al ser humano. Cf. Boecio; Tomás de Aquino, lector de Boecio, cuestiones sobre la Trinidad, etc.

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