Homilía de Mauricio Zúndel para niños, en Lausana, en 1955. Inédita. Miércoles de Ceniza, 10 de febrero.

Resumen:

El pensamiento se ve con los ojos del alma, del espíritu y del corazón. A Dios lo vemos del mismo modo. Hay que abrir los ojos del corazón, pensando en los demás, buscando matar su aburrimiento y darles alegría. Abrir los ojos del corazón inaugura el encuentro con Dios.

Ver el pensamiento con los ojos del alma, de la mente, del corazón

Un niño egipcio de 3 años y medio llamado Magdi, dijo un día a su mamá: “Mamá están hablando dentro de mí, ¡están hablando!” ¿Qué estaba descubriendo? ¿Qué había descubierto?... ¿Cómo? ¿La radio?... ¡No!...  ¿Había descubierto? … “La conciencia¡Muy bien! O si prefieren, el pensamiento. Hablaban dentro de él, era el descubrimiento del pensamiento.

¿Ustedes piensan? …Ah ¿Cómo saben que piensan?… ¡Ah!… ¿Es que pueden ver su pensamiento con los ojos?... ¿Entonces? ¿Cómo ven ustedes el pensamiento?… ¿Con qué ojos ven su pensamiento? “¡Los ojos del alma!” Muy bien. Con los ojos del alma, con los ojos de la mente, ¡con los ojos del corazón! ¿De acuerdo?

Ver a Dios con los ojos del alma, de la mente, del corazón

¿Y a Dios entonces? ¿Es que podemos ver también a Dios? … ¿Qué dicen?… ¿Es que vemos a Dios? … ¡Sí, claro! Lo vemos con los mismos ojos con que vemos… ¡el pensamiento! ¡A Dios lo vemos con los ojos del alma, con los ojos de la mente, con los ojos del corazón! ¿De acuerdo? ¡A Dios lo vemos con los ojos del corazón… del corazón!

¿Entendieron, muchachos? A Dios lo vemos con los ojos del corazón. Pero para verlo con los ojos del corazón hay que tener corazón. ¿De acuerdo? ¿Ustedes tienen corazón?... ¿Por qué están tan lejos los muchachos? ¿Tienen corazón los muchachos? … ¿Tienen corazón las niñas?... ¿Cuándo es que tienen corazón? … ¿Cuándo?... ¿Cómo?... “Cuando practicamos la caridad.” ¡Sí!

Un pastor encuentra a Dios con los ojos de su corazón

Había un pastor que tenía una hijita y la amaba con todo su corazón. Su esposa había muerto y él quería muchísimo a su hijita. Ella era toda su alegría, era la sonrisa de su vida. Y un día cuando el pastor estaba predicando en la inauguración de su templo, era el más bello sermón de su vida, y la niña que había ido a hacer una vuelta, la había invitado un actor a subirse a un columpio. Ella subió tanto en el columpio que se cayó y se mató, y cuando el pastor salió de la iglesia, después de hablar de la bondad de Dios, supo la muerte de su hijita. Entonces estaba tan triste, era tanta la oscuridad de su espíritu que él dejó de creer en Dios. Como si el buen Dios hubiera querido hacerle mal llevándose a su hijita.

Estaba tan solo y tan triste que había decidido matarse. Y había subido a la torre del campanario para tirarse abajo. Y cuando llegó a la plataforma del campanario encontró al actor que había invitado a la niña a subir al columpio y que había subido también a la torre de la iglesia para echarse abajo y matarse.

Entonces los dos hombres se encontraron, se miraron, y el pastor dijo al actor: “Yo no puedo nada por usted… ¡Yo no puedo ayudarle!” El actor entonces corrió para arrojarse y entonces el pastor lo agarró y lo salvó. Y cuando lo salvó impidiéndole suicidarse encontró de repente la Presencia de Dios.

¿Comprenden?… ¿Por qué volvió a encontrar la Presencia de Dios?... ¿Por qué? … Porque… ¿qué?... Eso es, porque tuvo caridad, porque fue bueno: ¡volvió a ver a Dios con los ojos del corazón!

En un amor, en una bondad, un encuentro con Dios

Yo conocí a una mujer que tenía 65 años en ese momento y estaba paralizada, paralizada de los pies a la cabeza. Ni siquiera podía voltearse en la cama de lo paralizada que estaba. La tenían que alimentar con cuchara, y era ciega. ¿Qué le quedaba? Solo el pensamiento. Ya solo veía con los ojos del pensamiento y del corazón. Pero esa mujer nunca se quejaba. Estaba paralizada desde hacía 39 años y hacía 30 que estaba ciega. Y nunca se quejaba. ¿Por qué?

Pues bien, les voy a decir por qué. Ella me lo contó: había quedado paralizada en el momento en que iba a comprometerse. Era muy joven y hermosa, y de repente, ¡paralizada! Entonces, el joven que la amaba no la abandonó. Compró un coche para llevarla al campo a pasear. Le prestó toda la ayuda que pudo y cuando ella se encegueció, ¡se casó con ella!

¡Ese era un gran amor! Es maravilloso, ¿verdad? ¡El más grande amor del mundo! Y un día el marido que la amaba tanto, que era tan bueno, que había comprendido todas las riquezas del corazón de esa mujer, ese marido, murió de repente. Pero no importa. Ella había tenido la inmensa felicidad de haber sido amada, y amada por ella misma. Y a los 65 años, después de 39 años de paralizada y 30 de ciega, ella conservaba toda la luz de ese amor porque en ese amor, en esa bondad, había encontrado a Dios… ¿de acuerdo?

Permitido matar un aburrimiento

¿Es permitido matar?… Hay alguien a quien se puede matar, ¿saben quién es? ¿qué se puede matar sin pecar?… “El demonio…” ¡No!... ¡el aburrimiento! ¿Saben qué es un aburrimiento? … estar aburrido… ¿no les sucede nunca, estar aburridos?… ¿Se puede matar el aburrimiento sin pecar?… “¡Sí!” Es inclusive una gran ocupación de cuaresma: matar el aburrimiento de los demás.

Cuando sus papás están aburridos, lo que les sucede a veces, la frente se arruga. Están preocupados, sufren para hacer durar la plata al fin del mes… O están cansados, o ustedes los han agotado… están aburridos y ¿qué pueden hacer ustedes para matar el aburrimiento?...

Un olvidarse a sí mismo que permite encontrar a Dios

Había un abogado, un abogado muy rico. ¿Saben qué es un abogado? ¿Qué es? Pues un abogado muy rico, que había ganado mucho dinero… y era terriblemente egoísta. Solo pensaba en hacerles la guerra a su mujer y a sus hijos. Estaba todo el tiempo en guerra con su mujer y sus hijos. Y entonces, un día, después de 40 años de guerra, su mujer murió. Entonces pensó: “Yo también puedo morir y es tonto lo que he hecho hasta ahora”.

Entonces repartió su dinero a sus hijos y se fue a vivir al campo y comenzó a pensar. Y un día, una de sus nietas que estaba muy triste vino a vivir con él. Y por primera vez miró a otro que a él mismo y quiso consolar la tristeza de su nieta. Se olvidó a sí mismo tanto que un día por fin encontró en su corazón la Presencia de Dios. Y escribió una frase en su diario, la última frase que escribió en ese diario: “Por fin encontré hoy ese amor adorable que es… Dios”… ¿Ustedes comprenden? Escribiendo esa frase, murió. Eso bastaba: ¡había hecho el gran descubrimiento! Y ¿cómo descubrió a Dios? Justamente porque se había olvidado a sí mismo y había querido consolar la tristeza de otra persona.

Los miembros de Jesucristo son todos los hombres, comenzando por los pobres

Hay un gran hombre del que ustedes han quizás oído hablar porque este año se ha celebrado uno de sus centenarios, Pascal. Pascal era un gran sabio que amaba mucho, mucho a Jesús, y como se sentía muy enfermo quería comulgar. Pero los médicos no querían que comulgara, diciendo que no era el momento, que no estaba demasiado enfermo como para prepararse para la muerte. Pero Pascal sentía que iba a morir. ¿Qué hizo entonces? Pidió, escuchen bien, puesto que no podía recibir la Eucaristía, la comunión, pidió que trajeran a su casa a un pobre, enfermo como él, y que contrataran una enfermera para él para poder comulgar a la Presencia de Jesús a través de ese pobre y dijo unas palabras que yo no sé si ustedes van a entender, estas palabras magníficas: “Puesto que no puedo comulgar con el Jefe que es Jesús, quisiera comulgar en uno de sus miembros, porque los miembros de Jesucristo son… todos los hombres y en especial… en especial, los pobres.”… ¿De acuerdo?

Abramos los ojos del corazón: Dios es cuando tú eres bueno

Entonces, ¿qué vamos a hacer nosotros? …¿qué vamos a hacer? ¿Qué habrá que hacer para que ustedes niños y jóvenes, y ustedes niñas y señoritas encuentren a Dios? ¿Qué habrá que hacer para que vean a Dios? … “Ser buena” ¡Eso es, formidable! ¡Ser buena! ¡Eso es! Entonces, ¿Dios es? ¿Qué es Dios? Dios es la bondad misma, y más todavía. Dios es cuando tú eres buena ¿verdad? Dios es cuando eres bueno, cuando eres buena. Es un mal español decirlo así, pero es una gran verdad: es cuando tú eres bueno. Porque para estar seguros de ver a Dios hay que abrir los ojos… del corazón y abrimos los ojos del corazón si pensamos… en los demás, si tratamos de matar su aburrimiento y de darles alegría. ¿De acuerdo?

¿Eso lo van a recordar? Vemos a Dios con los ojos del corazón; vemos a Dios cuando nos olvidamos a nosotros; vemos a Dios cuando matamos el aburrimiento de los demás; vemos a Dios cuando damos alegría. Y finalmente, para ustedes y para mí, encontraremos de verdad a Dios hoy si abrimos los ojos del corazón, porque ¡Dios es… cuando… tú… eres… bueno!

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