Homilía de Mauricio Zúndel en el Cairo, en 1940. No publicada.

La búsqueda del equilibrio

Lo que la inteligencia conoce la voluntad lo aprueba o lo desaprueba: no hay neutralidad en el terreno del espíritu.

Pero existe una dificultad, la de mantener el equilibrio entre la luz y el impulso, entre el conocimiento y el amor.

En la demencia no hay ningún impulso. Una joven que había tenido accesos de demencia contaba que durante su enfermedad tenía perfectamente conciencia de todo lo que sucedía, pero eso la dejaba indiferente, la crueldad o la bondad la dejaban impasible, no tenía ningún impulso.

En la demencia hay pues desequilibrio entre conocimiento e impulso. En la pasión también porque hay demasiado impulso sin valor y el alma profunda del panteísmo está en ser un gran impulso sin luz.

El equilibrio está en Dios

No podemos adquirir la verdad sino en la medida en que nos vaciamos de nosotros.

El equilibrio está en Dios en la persona del Espíritu Santo. En Dios, la vida del espíritu es un impulso infinito de una luz infinita.

El Padre se conoce en el Hijo el cual se conoce en el Padre y este doble éxtasis desborda en un infinito impulso vivo que es el Espíritu Santo el cual se conoce y se ve como vínculo sustancial que une para siempre al Padre y al Hijo. Este impulso es amor diáfano, transparente, lúcido, santo, y por eso lo llamamos el Espíritu Santo.

Nada es más hermoso que este equilibrio. La verdad en Dios es la transparencia del amor: es diáfano en Dios en quien todo es don, éxtasis, caridad. Lo que impide el equilibrio entre conocimiento y amor es el repliegue sobre sí, el cual se excluye en Dios.

No podemos adquirir la verdad sino en la medida en que nos vaciamos de nosotros.

Dejar vivir en nosotros el Espíritu Santo es unirnos al Verbo. El Verbo solo se expresa uniéndose al Padre, este al Hijo como el Espíritu Santo solo se quiere estando unido al Padre y al Hijo.

El que ama sin luz solo podrá entregarse a sus instintos.

En la escuela del Espíritu Santo, guardando el equilibrio

Mirando el universo con luz y amor conservamos el equilibrio entre el conocimiento y el amor, la luz y el fervor, en la corrupción del mundo en que vivimos.

¿Cómo permanecer en la escuela del Espíritu Santo, discípulo de transparencia guardando el equilibrio entre el conocimiento y el amor, la luz y el fervor, en la corrupción del mundo en que vivimos? Mirando el universo con luz y amor conservamos ese equilibrio. El universo nos da imágenes y representaciones en relación con la vida divina. Hay que descubrir el mundo de luz que continuamente crea Dios.

El mundo condenado por Jesucristo es la masa de instintos perversos, el reino del mal en cuanto opuesto a Dios. El signo de este mundo es el yo en estado de rechazo. Hay pues que pasar de este mundo de rechazo al mundo de luz que es amor apertura.

San Francisco de Asís percibe el universo en la luz del primer día. A nosotros nos toca crear ese mundo divino. Nosotros conocemos la experiencia del arte humano. El escultor tiene ante sí la materia que le resiste al comienzo, luego, vencida por el yugo del espíritu, ella recibe su huella y se somete a la inspiración del artista.

Cada vez que queremos voltear el obstáculo que es fuente de desesperanza, el obstáculo se transforma bajo el impulso del espíritu dando testimonio al Espíritu.

Los elementos del mundo se han hecho sacramentos del Espíritu: pan, vino y aceite con los cuales se ha compuesto un poema.

La contemplación del universo

Si rehusamos la contemplación del universo como Dios lo creó, si no re-creamos el universo con Dios, nuestra contemplación arriesga caer en el vacío.

El universo es un obstáculo para Dios cuando se cierra a Dios por nuestro rechazo, pero puede ser principio de elevación si se une con Dios por nuestro amor. San Pablo dice: “Las perfecciones invisibles de Dios se han hecho visibles por la creación del universo”. El más pequeño átomo de materia puede ser fermento de contemplación divina.

Si rehusamos la contemplación del universo como Dios lo creó, si no lo re-creamos con Dios, nuestra contemplación arriesga caer en el vacío.

Se ha hecho una observación justa: una contemplación no es necesaria, no debe hacerse en primer lugar en la vida espiritual.

La sabiduría divina no nos dispensa de la luz del espíritu. Cuando el pensamiento ha hecho su esfuerzo de investigación, cuando se ha llevado el razonamiento hasta el final del esfuerzo, entonces ya no hay imágenes, las palabras que traducen lo que es Dios, no es que el alma alcance el vacío absoluto sino una plenitud tal que las palabras no pueden traducirla, entonces es la contemplación.

Pero la pretendida contemplación solo conduce a la explosión de los instintos, a un desorden, pues hay un error fundamental.

La nada de los místicos es una plenitud infinita.

La nada de los místicos es una plenitud infinita

¿Cómo puede el universo ayudarnos en esta búsqueda? Estas palabras de una niña a su mamá nos van a ayudar a entender: “Mamá, tú eres demasiado y no bastante.

El universo y el prójimo son demasiado y no lo suficiente.

Aspecto del universo que no es bastante

- El hombre es criminal

El brahmán que dice al que lo asesina: “Tú eres Brahma, tú eres hijo de Dios y yo te perdono”. Es el gesto de Cristo ante Judas. El hombre no es bastante ya que es criminal. La mirada de Jesucristo lleno de amor infinito hizo brillar la mirada del Padre que puede hacer digno de amor un criminal.

En el verdugo mismo, Cristo nos espera a todos: San Pablo que nació del bautismo de sangre de san Esteban puede decir a Pablo [Saulo?] en su dulzura: “Tú res hijo de Dios.

Es necesario guardar el equilibrio como el escritor austriaco que cuenta sus sufrimientos en un campo de concentración nazi. En vez de mirar su caso, mira el de los demás y la costumbre de observar la vida y de grabarla objetivamente, la lucidez de su mirada, lo hará escapar a la locura. Y después de salir de prisión, puso por escrito ese periodo de su vida porque conservó el equilibrio de que hablamos.

- Salgamos de nuestro egocentrismo

No podemos permanecer neutros ante las crueldades que suceden durante la guerra, pero es necesario pensar que en todo sufrimiento humano, y en el nuestro primero, Dios es el primero en sufrir.

No podemos dejar de sentir los defectos de unos ni los límites de otros, no podemos permanecer neutros ante las crueldades que suceden durante la guerra, pero es necesario pensar que en todo sufrimiento humano, y primero en el nuestro, Dios es el primero en sufrir.

Si estamos profundamente convencidos de que Dios agoniza en todas las agonías, entonces en vez de llenarnos con los insultos que nos dirigen pensaremos en la herida hecha primero a Dios y saldremos de nuestro egocentrismo.

- Las heridas son hechas a Dios

No hay sufrimiento que no esté impregnado de pecado y por ende que no le duela a Dios y el alma que siente eso no puede centrarse en su caso. Entonces surge una luz inmensa que agota la fuente del mal. Por un gesto brusco, un procedimiento indelicado, si comenzamos a ocuparnos de este teocentrismo, sentiremos la injuria hecha a Dios y veremos el mal que nos hiere bajo otro aspecto, dedicándonos a sanar la herida que nos hará aceptar la lanza del verdugo.

¡Muy práctico eso! Somos muy sensibles a las faltas de delicadeza. Si eso nos hace opacos centrándonos en nosotros mismos, solo hay un remedio: salir de nosotros pensando que las heridas son hechas a Dios. Por el lado del rechazo de amor, el universo no es bastante. Pero tenemos la materia que resiste, podemos crear una obra maestra espiritual.

Aspecto en que el universo es demasiado

Hay a menudo idolatría en los amores humanos cuando queremos darles todo. Solo a Dios se le da todo. Es necesario tener la voluntad de dar a Dios a todos los que amamos.

- Amar mejor el cuerpo

Cuando nos apegamos a los demás de manera desordenada. A la mujer coqueta hay que darle la idea de la grandeza de nuestro cuerpo. Cristo nos da un cuerpo que debe ser re-creado.

Él nos pide, por ejemplo, que tomemos el alimento de manera espiritual, lo cual tiene como fin hacer subir la materia de los alimentos, asociándolos en nuestro cuerpo a la vida del alma.

Es necesario que la mujer cuide su belleza y su elegancia si quiere transformarse en transparencia de Dios. Dios le pide ser bella humanamente, es decir espiritualmente porque somos hombres en la medida en que nuestro espíritu es amor. Entonces, amando mejor el cuerpo es como la pasión desordenada llega a ser pasión ordenada. La mujer mal cuidada acaba por tratarse a sí misma como un trapo. Pero la elegancia y la limpieza la conducirán a las virtudes de templanza y de caridad.

- La idolatría en los amores humanos

Hay a menudo idolatría en los amores humanos cuando se quiere dar todo. Solo a Dios se da todo. Es necesario dar a Dios a todos los que amamos. El deseo del amor no es aprisionar los seres que amamos sino que debe ser también intercambio de soledades que produce un gran espacio de luz donde Dios se sienta cómodo.

Actuar de otro modo es llegar a la falsificación del amor la cual es otro amor de sí.

Esta demasía es en realidad no bastante: pecamos por exceso porque hay lo no suficiente, es decir, porque no amamos gratuitamente, por ellos, a los que amamos.

- La vida humana transformada por Dios

El universo debe ser el punto de partida de nuestro razonamiento. Yendo hasta el final de nuestro razonamiento, de nuestro impulso, llegamos a la contemplación que es la restitución de la creación de Dios.

“La religión es venerable porque ha conocido bien al hombre”, dijo Pascal. No dice: “porque ha conocido a Dios.” Y Cristo dice: “Amaos los unos a los otros.” Si la vida humana no es transformada por Dios, entonces la religión no significa nada.

La vida se revela, se transforma, donde hay liturgia, sacramento de este acuerdo de equilibrio.

Allí donde todos los días los demás te rehúsan la cuna de su ternura, olvida tu sufrimiento para pensar en el que ha recibido Dios y callarás tu sufrimiento. Transforma tu sufrimiento ya que no puedes eliminarlo. Ama pues los colores, las flores, los perfumes, tu cuerpo, ámalo todo, a condición de amarlo todo infinitamente dando todo a Dios.

“¡El Espíritu del Señor llena la tierra! ¡Aleluya!”“

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