Homilía de Maurice Zúndel en El Cairo, en 1940. Inédita. Que yo sepa, Zúndel no habló mucho sobre el purgatorio. Esta homilía antigua (data de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial) nos presenta unas reflexiones al mismo tiempo avanzadas y fieles a la tradición preconciliar...

Alegría, tormento y amor; certeza y noche

Cuando pensamos en todos los hombres que mueren cada día en esta guerra nos preguntamos lo que les sucede a todos esos seres destruidos por una granada, por obuses. Muchos de ellos pensaron quizá en el momento de morir en lo que hay después de la muerte, en el encuentro con Dios.

Sobre este tema, la fe nos enseña que en el Purgatorio tenemos la certeza de la visión divina después de la acción purificadora. La fe concluye pues que el Purgatorio es un estado de sufrimiento, de esperanza y de amor.

Es difícil hacerse una idea de los sufrimientos del Purgatorio. La Iglesia no dice nada preciso y las visiones no son todas concordantes; entonces solo quedan conjeturas. Las almas del Purgatorio saben que están retenidas y todo instante es pesado para ellas. Tienen un ardiente deseo de ver a Dios y están en la imposibilidad de encontrarse con él, y esto les da un dolor terrible.

También se puede considerar otro aspecto que es el de la esperanza cierta de ver a Dios, con la perfecta aceptación de ese estado, aunque sea duro: están contentos con sus sufrimientos porque cumplen con la voluntad divina.

El Purgatorio es un estado de sufrimiento y alegría, de tormento y amor, de certeza y noche.

El Purgatorio es pues un estado de sufrimiento y alegría, de tormento y amor, de certeza y noche.

Imposible pensar en la duración

Jamás comparar el infierno – eterna ausencia de Dios, rechazo obstinado, implacable y eterno – con el Purgatorio que es una aceptación fundamental, una apertura, una certeza de la visión de Dios.

También es imposible resolver la cuestión de la duración, imposible llevar la noción del tiempo más allá de la muerte. Pero siempre podemos referirnos a la diferencia de la duración del reloj y la duración interior – la de nuestras impresiones. Podemos calcular el tiempo de un concierto, pero es imposible calcular la duración de la alegría provocada por la música. Ya por la vida espiritual y la vida mística la duración está fuera y por encima del tiempo, como también por encima de la muerte.

Si la diferencia entre las dos duraciones nos prohíbe pensar en la duración del purgatorio, con mayor razón estamos sin indicaciones sobre la duración de las indulgencias. No sabemos a qué corresponden.

Esperanza infinita

Podemos tener infinita esperanza por quienes tuvieron caridad para con los demás o un pequeño movimiento hacia Dios.

Podemos concebir el Purgatorio como un fuego intenso, y que la purificación se realiza en un instante o sobre una duración larga. Pero no tratemos de representarnos las cosas del más allá según las experiencias de aquí abajo.

Lo que es mucho más importante y patético es que el Purgatorio representa una posibilidad infinita de desarrollo para quienes no llegaron a la edad adulta ni alcanzaron jamás la plenitud de su pensamiento y de su voluntad. Somos materiales y llevamos el peso de la carne. ¿Cómo podrían algunos ser tenidos como responsables de su desarrollo tardío? En el Purgatorio abren su corazón a la luz eterna y un germen de amor surge en ellos.

Podemos tener una esperanza infinita por quienes tuvieron caridad para con los demás o un pequeño movimiento hacia Dios.

Lo que se cuenta del santo Cura de Ars y el hombre incrédulo con el ramo de violetas que puso en el altar de la Virgen. Acto de caridad perfecta del aviador en peligro que da gracias a Dios cuando sale del peligro.

Para formar un triángulo basta formar un ángulo: es indiferente prolongar las líneas ya que la forma del triángulo es dada por la apertura del ángulo. Lo mismo para las almas: las decisiones determinan la apertura del ángulo. Cuando alguien vive mal, si el ángulo se abre, puede salvarse.

Si el grano de trigo no muere no puede dar fruto.” El Purgatorio es ese estado y después el alma romperá los obstáculos y verá a Dios.

Los pequeños detalles de las relaciones con el prójimo decidirán

Cuando somos testigos de la vida nos damos cuenta de la poca libertad de que dispone el hombre. Sufre la influencia de la herencia, de la educación, de las pasiones. Los actos plenamente libres son demasiado raros. De tal suerte que los actos que brotan de las pasiones más terribles comprometen menos nuestra responsabilidad. Son los actos más insignificantes, como los de compasión, los que demuestran el amor hacia el prójimo, todos los pequeños detalles de nuestras relaciones con el prójimo los que decidirán de nuestro destino. Una sonrisa será el germen de esa vida, cara a cara con Dios.

La inmensa mayoría de la gente no es mala: los buenos sentimientos son numerosos pero se necesita una luz espiritual.

Solo en el santo hay amor creador, el amor transparente a la persona y a la presencia del Verbo.

Podemos ayudarles

En el Purgatorio el alma no tiene iniciativa. Nosotros podemos ayudarles porque tenemos iniciativa, podemos engendrarlos en Dios.

El Purgatorio amplía infinitamente nuestros horizontes, abre grandes puertas de esperanza, constituye una posibilidad infinita para los fracasados de esta vida.

El Purgatorio nos invita a colaborar. El amor es más fuerte que la muerte, todo no se acaba con la muerte. Si el amor tiene sentido, es en la maternidad divina que da a Dios a los que amamos. La muerte no puede cortar la corriente pues existe una duración intemporal, las almas se separan de nosotros solo en apariencia.

En el Purgatorio el alma no tiene iniciativa. Nosotros podemos ayudarles porque tenemos iniciativa, podemos engendrarlos en Dios.

Hacer que Dios nazca en los seres queridos y en las almas del Purgatorio

Tenemos pues la certeza de que nuestros seres queridos no se han ido, que podemos encontrarlos a cada instante en el Verbo porque es infinito. Fuera de esta doctrina, todo es noche.

Puesto que las almas están abiertas a Dios y llenas de su Presencia, hay que situar el Purgatorio cerca de Dios. Debemos situarlo en Dios y como Dios está en nosotros, debemos unirnos con ellas en nosotros y nuestra conversación con ellas es más viva en la medida en que crecemos en Dios y en la medida en que Él deviene centro de nuestras ternuras somos capaces de acelerar la liberación de esas almas.

El que hace la voluntad de Dios es mi padre, mi madre y mi hermano.” Y si debemos hacer que Dios nazca en nosotros, también debemos hacerlo nacer en nuestros seres queridos y en las almas del Purgatorio.

Tenemos pues la certeza de que nuestros seres queridos no se han ido, que podemos encontrarlos a cada instante en el Verbo porque es infinito. Fuera de esta doctrina, todo es noche.

La fe aumenta la intimidad

La fe: el porvenir es hermoso, hay una intimidad más grande entre los muertos pues el lazo con ellos es Dios, Dios en ellos, Dios en nosotros. El amor comienza, crece, se hace íntimo e infinito cada día más y el alma amada permanece en nuestra alma como la lamparita del santuario donde brilla la Presencia de Dios.

Las almas nos son aún más íntimas en el Memento de los difuntos en la misa. Si la misa es la suma del universo, si ofrece el universo para hacer de él una morada de su presencia y de su bondad, también las almas tienen ahí una misa, no en memoria de los hombres sino en memoria de Dios.

Ante Dios, cada ser es único

En la historia humana hay una terrible injusticia. Hay una infinidad de seres humanos ignorados por la historia que a menudo solo retiene los nombres de quienes ponen la tierra a sangre y fuego, los conquistadores, pero ante Dios cada ser es único, cada uno es irremplazable. Dios no ha olvidado sus nombres inscritos para siempre en su corazón como el nombre de un hijo jamás puede ser borrado en el corazón de su madre.

La Iglesia siente el carácter único de cada alma y, en el Memento de los difuntos, reúne todos esos seres y los llama por su nombre.

La Iglesia siente el carácter único de cada alma y, en el Memento de los difuntos, reúne todos esos seres y los llama por su nombre. No están muertos en la duración eterna. Podemos hacer de nuevo toda la historia del mundo en el Memento de los difuntos: todos los nombres de historia que nos son caros, que tratamos como amigos, podemos esperarlos en el Memento y, por la misa, acelerar el fin de sus sufrimientos. ¡Qué magnífica es la historia cuando tenemos la certeza de que toda alma está viva todavía y espera nuestro auxilio! Ante Dios no hay anonimato, cada uno tiene su nombre.

El Momento de los difuntos debe ser para nosotros un momento candente para que todas las almas más desconocidas vean la luz de Su rostro.

Del lado de Dios solo hay amor

El espectáculo de la naturaleza nos ofrece visiones infinitas. Las piedras, los colores, la visión del firmamento, las plantas no cesan de hacer crecer nuestra admiración, como también el mundo animal. Admiramos los grados de complejidad, la armonía, la riqueza, el poder de inducción del mundo visible. El pensamiento humano, aunque invisible, no podría estar en restos.

Queremos confiar a todos los que mueren hoy en esta guerra atroz, todas las almas a su ángel custodio y que en el rostro de los Ángeles vean el de Dios que es más madre que todas las madres.

¡Que nuestro corazón quede en la esperanza, en la doctrina del Purgatorio y de los Santos Ángeles, del lado de Dios no hay sino amor!

Jesús dijo a Ángela de Foligno: “¿Percibes en mí otra cosa que el amor?” – “¡No, Señor! Yo miro y miro en Vos y solo veo el amor..

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