Homilía de Mauricio Zúndel, quizás en Lausana, en 1947.

Alguien lleno de sí mismo nos da siempre una impresión de vacío, tanto más cuantos más dones tenga. Sus dones permanecen exteriores al egoísmo animal con que él se ama, y sentimos que los traiciona rindiéndose homenaje a sí mismo y presentándonos una fachada detrás de la cual no hay una persona o nadie (1). Porque la persona es el ser fuente que restituye los dones recibidos en un brote de amor en que podemos sentir el Amor hacia el cual tiende su rostro.

Lo que nos fascina en los santos es la Presencia divina en que se eclipsan.

Eso es justamente lo propio del genio, ponernos en contacto con algo más que él mismo. Y, más aún, ése es el privilegio de la santidad: el genio del genio, en que todo el ser ya no es sino transparencia a Dios. La admiración y el amor que ella nos inspira no tienen otro objeto: lo que nos fascina en los santos es la Presencia divina en que se eclipsan, y si los seguimos, es para ser introducidos, mediante su amistad, en el diálogo de Amor en que la criatura se pierde en Dios.

La fiesta de Todos los Santos nos asocia

La fiesta de Todos los Santos que nos asocia en la ofrenda que hacen de sí mismas todas las almas consumidas en el Amor, (que la historia haga o no memoria de su paso por la tierra), es pues por excelencia una fiesta de Dios en que cantamos la Trinidad divina en el coro de los Santos.

¿cómo alcanzamos la intimidad de aquellos que amamos sino por el intercambio de Dios, único que nos hace realmente interiores a ellos y a nosotros mismos?

Haciéndonos entrar en esa inmensa procesión de luz y de amor, la Iglesia nos pone en el centro de todas nuestras ternuras. Pues, finalmente, ¿cómo alcanzamos la intimidad de aquellos que amamos sino por el intercambio de Dios, único que nos hace realmente interiores a ellos y a nosotros mismos?

Ya ahora, a través del Cielo nos acercamos los unos a los otros. Interiormente, a través del más allá, se tejen los lazos de las más caras amistades.

A través del más allá, se tejen los lazos

Ya ahora, a través del Cielo nos acercamos los unos a los otros. Interiormente, a través del más allá, se tejen los lazos de las más caras amistades.

La muerte no cambia nada en las relaciones que tienen a Dios como secreto, y los seres queridos a quienes ya no vemos no dejan de estar vivos en lo más íntimo de nosotros, en Dios que es la vida de nuestra vida.

La muerte no cambia nada en las relaciones que tienen a Dios como secreto, y los seres queridos a quienes ya no vemos no dejan de estar vivos en lo más íntimo de nosotros, en Dios que es la vida de nuestra vida. Para encontrarnos con ellos, basta recogernos en el silencio interior, adherir a la Presencia que contiene nuestra presencia. Entonces prosigue la conversación inefable cuya única Palabra es el texto y entramos con ellos, desde hoy, en la fiesta triunfal de Todos los Santos en que el amor de Dios y el amor del hombre son un mismo y solo amor.

(1) Nota del traductor: personne, en francés significa al mismo tiempo "persona" y nadie. La frase significa al mismo tiempo: "detrás de la cual no hay nadie", o "detrás de la cual no hay (una) persona".

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