En Niza, en agosto de 1972, Mauricio Zúndel conversa con el P. Barbe, sobre el problema del mal.

La humildad de Dios

El texto que me parece más extraordinario y que creo es único o al menos único hasta donde yo sepa, es un texto que cita Maritain en Arte y Escolástica, sacado de un opúsculo que es de la Edad Media, sobre la felicidad, De Beatitudine, y que quizás es de Santo Tomás de Aquino, y que dice más o menos lo siguiente: "Hay algo más, algo más que motiva el alma al amor de Dios y es la humildad de Dios. Porque Dios se sometió a los ángeles y a los hombres como un esclavo vendido en el mercado, se sometió tanto que hizo de sus criaturas su dios, de cada una de sus criaturas".

Esa es la novedad cristiana: en el fondo, al revelarnos la Trinidad, Cristo nos liberó de Dios.

Ésa, exactamente, me parece ser la novedad cristiana: en el fondo, al revelarnos la Trinidad, Cristo nos liberó de Dios, del Dios que nos domina, del Dios que es el dueño, el gran patrón, el gran capitalista, del Dios que es Dios así no más, por derecho de nacimiento si se quiere, sin haber hecho nada para serlo y que arroja en el universo criaturas condenadas a un destino tan trágico como el nuestro, sin comprometerse en lo más mínimo.

Pero justamente, la Trinidad reforma completamente la noción de creación ya que, si Dios es Trinidad, si está totalmente despojado, si es Dios porque no posee nada, porque está vaciado totalmente de sí mismo, eso es justamente lo que hace que sea Dios, si se puede decir, pues tiene de que realizar una vida de absoluta santidad en su propia vida de desapropiación infinita, ya que su yo es solo relación, pura relación con el otro.

Dios libre de sí mismo, revela nuestra libertad

Entonces, ese Dios que es libre de sí mismo – y ésa es la suprema libertad precisamente – ese Dios libre de sí mismo no está apegado a su ser, no sufre su ser sino que lo da. Entonces se hace a la vez revelador de nuestra libertad. No sabemos qué hacer de la libertad, no sabemos dónde situarla, la reivindicamos por instinto, pero no sabemos en qué consiste: ¿es simplemente escoger entre chicle y chocolate? ¿O es una capacidad de crearnos a nosotros mismos, de no sufrir el ser sino transformarlo justamente fuente y origen, haciendo de nuestra vida un don? Pero esto no podíamos saberlo sino encontrando al Dios que es totalmente despojado de sí mismo.

Entonces el sentido de la creación ya no lo vemos a través de una omnipotencia que saca de la nada el ser, sino como la comunicación de la intimidad divina. Lo que Dios quiere es hacer dioses. Quiere comunicar lo más personal y esencial que hay en él, lo que lo hace Dios, es decir, la santidad absoluta en una eterna comunión de amor.

Entonces, el sentido de la creación es lo que dice ese texto admirable (1):

Dios puso en nuestras manos

Dios hizo de cada criatura su dios, se entregó a la creación, se puso en sus manos, puede fracasar, fracasó en efecto, y su fracaso se mide por la cruz de Jesucristo.

Dios solo puede crear comprometiéndose hasta su propia muerte. Si no, impondría el ser sin dar posibilidad de escapar, impondría un orden desde afuera, mientras que el único orden posible es el orden del amor, un orden que brota de adentro.

Es cierto que nos hemos equivocado a propósito de Dios y que ahora es necesario cambiar de Dios. Es el cambio que debe hacer la Iglesia.

Pero es cierto que, desde el comienzo, nos hemos equivocado a propósito de Dios y que ahora es necesario cambiar de Dios. Ahí es donde debe cambiar la Iglesia. La Iglesia vacila y está en la ambigüedad, ambigüedad de la que no podemos culparla además porque es tan antigua como el mundo, a saber que Dios es ese personaje echado colocado afuera, del que dependemos y al que recurrimos al comprobar nuestra impotencia.

Dios servía para escapar a los peligros y remediar a la impotencia

Es evidente que así es como ha reconocido a Dios la humanidad, desde el comienzo de su existencia, como una manera de escapar a los peligros de la vida y muy especialmente al peligro que representa el hombre para sí mismo, visto que la libertad mal definida, puede transformarse a cada instante en fermento de anarquía.

Y cuando la humanidad percibió esa posibilidad de anarquía puso inmediatamente una protección, estableció una moral indispensable a su sobrevivencia y buscó apoyo para esa moral en una potencia capaz de controlar a cada uno, aun cuando esté solo. Tenemos ahí una proyección inevitable que era pedagógicamente necesaria y benéfica, pero que hoy, cuando se desintegran todas las estructuras, se convierte en un escándalo.

La Iglesia está en falso

La Iglesia está en falso porque tiene a la vez la idea del primer motor que es trascendente al mundo… Y luego, el aspecto totalmente imprevisible que surge de la revelación de la Trinidad, en que Dios aparece al contrario como despojamiento infinito y libertad absoluta.

Y es evidente que la Iglesia está actualmente en falso al mantener la idea del primer motor trascendente al mundo, para el cual el mundo no es nada, que no necesita nada ni puede recibir nada de nadie, y entonces domina el universo, y lo limita, y lo amenaza, y lo juzga. Y ése, si quiere, es un aspecto vétero-testamentario de Dios.

Y ahora tenemos ese aspecto totalmente imprevisible, que brota de la revelación de la Trinidad, en que al contrario, Dios aparece como despojamiento infinito, libertad absoluta, y que solo puede establecer una creación sobre el fundamento de la libertad.

Entonces no pudimos escoger: la libertad se afirmó a través de los mandamientos, a través de la moral tradicional, a través del Decálogo, a través de la Biblia que es palabra de Dios, y todo eso era presentado en masa, sin distinguir los períodos, las etapas, sin separar lo que resulta de la imperfección del hombre y lo que depende de la perfección de Dios. Es evidente que Dios balbuceaba con el hombre cuando éste no podía comprender otro lenguaje, que Dios aceptó ser desfigurado para ser adivinado un poco, hasta que brillara la revelación de Cristo, en que Dios aparece justamente en nuestra historia, como comprometido hasta la muerte.

Una vida centrada en la liberación, en la creación de sí mismo

Entonces ya no es amenaza ni juicio. Ya no es orden y soberanía. Ya no es mandamiento sino llamado a la libertad y entonces toda la vida está centrada en la liberación, en la creación de sí mismo que puede hacer del hombre un dios, es decir, que debe hacerlo semejante a su Padre celestial, el cual es totalmente vacío de sí mismo.

Actualmente es, pues, necesario cambiar, deshacerse a fondo de ese dios exterior que es totalmente inaceptable actualmente, que todo el mundo rechaza además, pero sin encontrar Otro.

El drama de la crisis de la Iglesia es que existe una rebelión que proviene de un sentido positivo de la libertad y la inviolabilidad del hombre, y al mismo tiempo, no hemos descubierto el Dios interior que representa una exigencia más grande que todos los mandamientos en el corazón del hombre.

Justamente, lo que constituye todo el drama y la crisis de la Iglesia es que existe una rebelión que proviene de un sentido positivo de la libertad y de la inviolabilidad del hombre, y al mismo tiempo, no hemos descubierto el Dios interior que representa una exigencia infinitamente más grande que todos los mandamientos en el corazón del hombre.

Un matrimonio de amor entre Dios y nosotros

Nada es más exigente que un matrimonio de amor y si se trata de matrimonio de amor entre Dios y nosotros, es evidente que ese matrimonio pide todo, todo, todo, siempre y en todas partes. Nada exige una santidad más eminente y más radical que el encuentro con un Dios totalmente despojado, pero es una santidad que es liberadora, una santidad en que el hombre se hace origen y fuente de sí mismo, una santidad en que el hombre arrastra todo el universo a la órbita de la libertad, en que todo el universo se ilumina, en que todas las energías de la materia aparecen como susceptibles de abrirse a una asunción espiritual que es el sentido mismo del universo.

Ese es el cambio que debemos realizar, si se puede proclamar el Evangelio de la libertad dando todo su valor al texto que es quizá de Santo Tomás, mostrando que nos hemos equivocado radicalmente sobre el sentido de la creación al ver en ella una sumisión a Dios: “¡Somos criaturas dependientes, somos criaturas y por eso pasibles de juicio, somos criaturas, estamos sometidos a decretos eternos que nos predestinan a esto o a aquello!”La verdad es lo contrario: si Dios es Trinidad, si Dios es despojamiento, si Dios es una eterna comunión de amor, si Dios es total transparencia a sí mismo, solo puede llamar a una libertad idéntica y solo habrá reposo para Dios cuando todas las criaturas hayan por fin aceptado entrar en ese matrimonio de amor. Dios estará eternamente crucificado mientras haya un solo ángel o un hombre que permanezca fuera de la ofrenda.

¿Esperanza de una resorción total?

P. Barbe - ¿Piensa entonces usted que al final va a ganar la resorción total…?

MZ - ¡Claro!

P. Barbe - ¿Y cómo puede conciliar eso con la doctrina del infierno?

MZ – Pues, el infierno es una visión pedagógica, de la que hay que conservar toda la verdad, pero el dogma, todos los dogmas, son confidencias interpersonales que revelan a Dios, como una confidencia hecha a alguien, en la medida en que el hombre puede comprenderla.

Entonces, el infierno, tal como lo vemos, la parábola de Mateo 25 por ejemplo: "¡Id al fuego eterno!", esa visión es una visión exterior, es el primer paso, es la primera toma de conciencia de una responsabilidad infinita. Pero ese no es el final.

El final será ver que el mal no es la trasgresión de un mandamiento que pide sanción sino la muerte de Dios. La crucifixión del amor es el mal supremo, la crucifixión del amor no tiene remisión. Es decir que seremos eternamente los crucifi… los verdugos de Dios mientras no lo hayamos invitado a resucitar dentro de nosotros mismos. Entonces, la eternidad del infierno es la eternidad de la crucifixión de Dios.

P. Barbe - ¿No existe un término, a partir del cual, justamente, se acabe esa eterna crucifixión de Dios, cuando todo haya sido resorbido en Dios?

MZ – Se acabe por fin… creo que sí, pero no es contradictorio, porque si la eternidad significa que en cierto momento se acaban nuestras posibilidades, ya no tenemos nada qué hacer. No sabemos en absoluto qué tiene Dios en reserva y lo que nos ha sido revelado es nuestras responsabilidades, pero no los recursos de la muerte de Dios.

P. Barbe - ¿Y nosotros cubrimos el espacio de la vida terrestre?

MZ - Sí.

P. Barbe – No sabemos lo que llamamos el purgatorio, por ejemplo: Es un misterio inmenso.

MZ – Un misterio de esperanza, infinito…

Entonces, tengo… Se lo cuento porque es… eso responde inmediatamente a lo que Ud. desea. Un maleante que vivía a 4000 metros, un cazador furtivo con su fusil, que no vacilaba para matar a los que se oponían a su actividad, encontró a los 4000 metros en la nieve un pedazo de papel. Cosa rara, en esas alturas. Lo recoge y lee: “Perpetuo Socorro”. Piensa: “¿Qué carajos quiere decir eso? ¿Existe un Perpetuo Socorro para alguien como yo, un hombre de bolso y cuerda, un bandido, un maleante, alguien que tiene sangre en las manos?” Y al seguir leyendo, ve: “Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.”

Entonces comienza esa novena. Después de la primera semana o de la primera novena, queda aterrado por la visión de sus pecados: “Estoy perdido, condenado, no podré escapar.” Toma pues conciencia de sus crímenes y siente que hay una infinita responsabilidad a la que no puede escapar.

Vuelve a comenzar la novena y piensa: quizá con miles de años de purgatorio podré salirme. Vuelve a comenzar una vez más y siente que se está acercando a la misericordia. Se aferra… Hizo la novena siete veces seguidas. Al final está terminada la crisis del egoísmo: había descubierto el amor. Fue a confesarse. Estaba tan ardiente de amor que ya no era sino mirada hacia Dios y el confesor, deslumbrado, fue el que me contó su historia.

P. Barbe - ¡Maravilloso! ¿Pero es un cuento inventado?

MZ – No, es verdad... es verdad...

P. Barbe – ¿De qué época se trata?

MZ – De ahora. Eso me lo contó Dom Bonaventura Saudar, que era su confesor. Entonces, eso es el infierno. Primera etapa: soy culpable y estoy sin salida. Última etapa: herí el amor y lo crucifiqué.

P. Barbe – Así, ¿se podría admitir que Satanás pueda convertirse?

MZ - ¡Por supuesto!

P. Barbe – Es una esperanza inmensa. La cuestión ha sido planteada. No recuerdo si la planteé yo u otro, pero lo mismo da. ¿Se puede orar por eso?

MZ - ¡Yo creo que sí!

P. Barbe – Yo también… [inaudible]... es un nacimiento...

MZ – Siempre es porque hemos puesto a Dios arriba, como soberano de los soberanos, que tiene como adversario ese… ángel caído. Si miran a Dios por dentro y en la Trinidad... pero el problema del mal es más trágico para ese ángel que para nosotros. ¿Cómo es posible que esa criatura escapara al amor de Dios?

P. Barbe – Es que parece haber escapado desde el origen. Recuerdo la tesis de los tres instantes angélicos. Claro está que no sé de dónde sale. Debí encontrar eso durante el año que pasé en San Maximino con los Padres Jesuitas. Y el primer instante angélico es la intuición de Dios, tal como la puede tener, y claro, es el deslumbramiento, el acto de amor y de Eros que solicita toda hermosura. La segunda mirada va hacia sí mismo: uno se ve, y se ve hermoso. Y el tercer momento es: ¿por qué no yo? Es escoger entre ser para Dios o ser para sí mismo.

MZ – Y es la desgracia...

P. Barbe – Entonces es la caída.

MZ– Es la misma caída que la del hombre.

P. Barbe – Así es desgraciadamente.

MZ – Es lo mismo.

P. Barbe – Sólo que es más tardía, en fin, es más…

MZ – No, yo hablo de la primera caída, eso es exactamente la caída. Primero… Todo está ahí desde el primer instante, porque un pensamiento, un verdadero pensamiento es algo que uno hace de por sí mismo. Un verdadero pensamiento es pesar todo. Un verdadero pensamiento, es decir una decisión absolutamente lúcida compromete todo el ser: todo mi ser, todo el universo queda comprometido. El primer pensamiento fue uno de esos pensamientos englobantes, que abarca todo, de un solo golpe, con una sola luz, la responsabilidad y la exigencia de decidirse. ¡Todo eso, en un segundo! Entonces no hay diferencias esenciales enormes.

P. Barbe - … excepto que nosotros podemos cambiar en el tiempo…

MZ – Sí, así es.

P. Barbe - ... y que entonces fue realmente un instante, un instante y no más.

MZ - Sí.

P. Barbe – y que parece, de golpe, definitivo. Parece que la caída no es...

MZ - ¡Pero no se trata del mismo tiempo! Primero, no es la misma duración. Es muy difícil para nosotros hablar de eso, en todo caso, lo que...

P. Barbe – La irreversibilidad es lo que constituye el centro del problema...

MZ - Una vez más, creo que la reversibilidad existe por parte de la criatura. Hay un momento en que ha agotado todas sus posibilidades de decisión. A partir de ahí ella fija su destino, y eso no quiere decir que Dios no tiene posibilidad de corregir…

P. Barbe - … de volver a intervenir…

MZ – Sí. Tenemos la caída original. Y la Redención. Tenemos el bautismo, la penitencia. Tenemos la muerte y el purgatorio. Siempre interviene otro plano, un plano de esperanza. ¿Entonces cómo poner límites?

P. Barbe - ¿Cómo resorber entonces la mención del infierno en la del purgatorio?

MZ – Sí, en fin, creo que es mejor mostrar,… pues el dogma es susceptible de crecimiento infinito ya que el dogma es una confidencia interpersonal adaptada a la persona que la recibe. Entonces, si quiere despegar, si quiere ir más allá, todas las nociones cambian, se transforman, se transforman, se vuelven cada vez más interiores. De por sí, el dogma exige una interiorización.

P. Barbe – ¿La suerte de lo que podemos llamar el condenado, de modo general es pues que alguien, ahí donde esté, intervenga desde afuera?

MZ - ¡... intervenga desde dentro!

P. Barbe – Quero decir que no es de afuera de él mismo. En efecto, Ud. tiene razón de decir que ello debe brotar de dentro. Para poder amar a alguien, hay que meterse dentro. ¿Es eso lo que Ud. quiere decir?

MZ – ¡Claro está!

P. Barbe – Hay que entrar en su misterio. Entonces, el que ha entrado por ejemplo en el misterio de Judas que preocupa a muchos contemporáneos… [inaudible]…

Pienso siempre en la Sma. Virgen. Es una manera de meditar el rosario, recorriendo en una semana todo el misterio, desde la creación hasta la parusía. Entonces, el sábado es el día del… es también el día de María, ella es la única creyente en el mundo, y venimos a su encuentro. Simón Pedro y los demás vienen a su encuentro. Ella les da la fe y la esperanza que puede, y yo pienso que si Judas hubiera venido se habría salvado.

MZ – Quizá fue inmediatamente. Probablemente fue inmediatamente.

P. Barbe – ¿Usted cree que fue a verla?

MZ – No, yo creo que se salvó en el momento mismo en que…

P. Barbe - ¿en que se perdió?

MZ – Sí.

P. Barbe - ¿Se arrepintió de verdad? ¿o fue una negación de sí mismo por odio?

MZ - Yo pienso que en el último momento, ¿porqué no lo habría iluminado el Señor?

P. Barbe – Es muy posible. Es lo que decía el santo cura de Ars: entre la rama y la punta de la cuerda, hubo…

MZ - ¡Seguro!

P. Barbe - ¡el tiempo es largo! ¡Podemos esperarlo!

MZ – En fin, lo que me parece más importante, lo más importante es que hay que invertir completamente la perspectiva. No se trata de salvarnos sino de salvar a Dios.

P. Barbe - ¡Ah, sí! Repita eso, justamente. Es un punto muy importante y que me queda oscuro. ¿En qué tiene Dios necesidad de ser salvado?

MZ – Sí, justamente, Dios es un acontecimiento humano, ya que, en fin, si Dios no es acontecimiento humano, ¿cómo unirse a él? Dios es un acontecimiento humano. Es decir que Ud. no conoce a Dios si no se transforma. En la medida en que Ud. se transforma Ud. sabe que Dios interviene. Si en Ud. no hay liberación… cuando Dios es un concepto no tiene bases... Ud. solo puede conocer a Dios finalmente de manera interpersonal, es decir en un diálogo que es tanto más profundo cuanto más se transforma el ser humano.

La Revelación es un diálogo en que el ser humano que recibe se transforma, se libera y entra así…

P. Barbe - …de conocimiento y amor, como dos esposos que creían conocerse y se conocen al cabo de diez años.

MZ – Es pues un matrimonio. El signo de que hay matrimonio es que haya transformación del uno en el otro. Entonces, en esta perspectiva, Dios solo es conocido eficazmente como acontecimiento humano, es decir, como transformación de Ud. mismo. “Tú estabas dentro…” decía san Agustín a Dios, “yo estaba afuera.” Ahora estoy dentro contigo, soy yo mismo contigo. “Tú eres más íntimo a mí mismo que lo más íntimo mío y en adelante, viva estará mi vida toda llena de ti…”

Esta transformación es pues la que hace de Dios una realidad, una realidad esencial de la experiencia humana. Entonces, si no respondo a esa ofrenda, “Dios está siempre conmigo, siempre dentro de mí”. Si no respondo a la ofrenda, Dios se eclipsa, se borra, deja de ser realidad. Se vuelve más y más simple concepto sin consecuencias. Entonces muere, muere, muere… deja de ser acontecimiento de la humanidad. Y su reino…

P. Barbe – Así muere también el amor en los hombres.

MZ – Sí. El reino de Dios se vuelve quimera, es una palabra sin sentido. Esa es entonces la agonía de Nuestro Señor. En todo caso, el mal es la muerte de Dios. El mal es la herida infligida al amor que es una espera infinita en el interior de Ud. si no la acoge, muere y muere todos los días, muere todo el día, cada vez que nos cerramos, cada vez que rehusamos nuestra oscuridad sobre los demás, cada vez que los herimos apagamos a Dios. Como dice san Pablo, “No apaguen el Espíritu” (1 Tes. 5,19) apagamos a Dios.

Ese es pues el mayor peligro. Y la gran aventura es asumir a Dios que se puso en nuestras manos y ponerlo en valor, es decir vivirlo tan intensamente que se comunique su presencia. Y entonces, la mayor catástrofe es que Dios no sea reconocido, que esté apagado y esté crucificado, lo cual lo expresó Pascal de manera inmortal: “Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo. No debemos dormir durante ese tiempo.”

Eso es lo que necesitamos... Salvarnos, en verdad, no tiene interés: eso rebaja al mismo tiempo a Dios y al hombre. Hay que salvar a Dios… Quiero decir que Dios…

P. Barbe – Hay que impedir, por decirlo así, el fracaso de Dios.

MZ – ¡Sí, eso es! Dios es lo más frágil que existe, y también lo más precioso. Es pues necesario estar vigilantes. San Juan de la Cruz lo llama “una música silenciosa”. Si no hacemos silencio, esa música es inoperante.

P. Barbe – Esa es la impresión que nos dan los niños, los niños que tienen una vida espiritual y que vemos desmoronarse. Es algo terrible ver que los elementos más brutales del mundo, más… se hacen dominantes y poco a poco la imagen pura que reflejaban se, se, se diluye. Es algo terrible, peo me parece que eso vale también para los adultos.

MZ – Es siempre lo mismo. Me parece que en esa dirección es que la vida…

P. Barbe – También está la muerte del hombre… (Fin del casete)


(1) Este es el texto exacto que el P. Zúndel cita de memoria al comienzo de la entrevista. Se encuentra en la nota 38, p.245 de "Art et Scholastique" de Maritain, edición de 1927:

“Ahí hay otra cosa que inflama el alma para amar a Dios: es la humildad divina. En efecto, Dios todopoderoso se somete (como) si fuera para cada uno un esclavo que se compra y que cada uno fuera su Dios. Para sugerirlo pasará sirviéndoles, como dice en el salmo 81: “Dije: dioses sois”. Esa humildad de Dios resulta de la abundancia de la bondad y de la nobleza divina como un árbol que se inclina bajo la abundancia de sus frutos.”

 

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