Homilía de Mauricio Zúndel en el Cairo en 1948. Inédita.

¿Cuáles son las pruebas de la vida de Jesús? Los católicos fundan la autoridad de Jesús sobre los milagros. Los no católicos tratan de salir de ahí explicando los milagros por medios naturales. Los dos están equivocados. El lado católico, amenaza para los no católicos: si Jesús es Dios, hay que someterse a la Iglesia. Entonces los no católicos se han acomodado como han podido con los textos evangélicos. Lo que han rechazado, en el fondo, es la caricatura del verdadero cristianismo. La Historia solo puede hacer contemporáneo un acontecimiento. Los mismos problemas se nos plantean en la medida en que la Historia nos hace presente la historia de Jesucristo.

Pero lo que ella puede darnos en todo caso es la justificación del absurdo: ver la cosmología de los Antiguos: superposición de las esferas. Para nosotros, el Cielo es Dios mismo. Cuando decimos: bajó del Cielo (Juan 3:13; 6:38; 6:51; Credo de Nicea) comprendemos que su Amor se nos hizo sensible en la humanidad de Cristo. Es necesario purificar la atmósfera y volver a un dato puramente espiritual viendo en Jesús al revelador de la libertad.

La fe no es una certeza dada una vez por todas sino una vida. Permanece abierta a nuevos crecimientos. Es necesario ser muy prudentes y buscar el punto de inserción de la vida de Cristo en la nuestra, abordar el misterio de Jesús por la humanidad de Cristo.

El catolicismo es a menudo monofisita. La humanidad de Jesús no es claramente adoptada. Pensar, por ejemplo en la respuesta frecuente: Jesús sufrió pero era Dios. Ahora bien, hay que admitir la realidad de la vida de Cristo, partir de lo más humano que hay en su vida.

¿Bajo qué aspecto considerar el drama de la libertad? Bajo el de una moral opuesta a la moral de los fariseos: “¿Qué es lo hace impuro al hombre…? ” (Mateo 15:10-20) Estas palabras simbolizan admirablemente la actitud de Jesús ante los judíos.

Judaíza pero ante los comentadores oficiales declara que el bien cuyo monopolio aseguran es el mal. El Carpintero de Nazaret es un laico. Los desconcierta. Aparece como enemigo de ellos. Basta una sola palabra: el bien no es algo qué hacer, es Alguien qué amar. Se trata de ser el Bien. Ver la República de Platón: la idea del bien debe inspirar todo el gobierno de la república. Pero Platón que no es discípulo del Evangelio, no vio que traicionaba el bien dejándolo imponer: “Los guerreros harán el bien porque los filósofos los inducirán a ello” (resumen de un discurso). En ese ideal de comunismo absoluto, admite que se pueden mover los hombres desde el exterior. Eso es imposible en el pensamiento cristiano porque el bien es una persona, Alguien en quien debemos transformarnos.

Distinción necesaria entre función y misión: Ver a Truman que sucede inmediatamente a Roosevelt. El hombre no puede suscitar la vida si no está vivo, ni el amor, sino amando. El verdadero bien es la luz de las más altas conciencias. Lo bello es interior, realizado en secreto en lo más íntimo del alma. La única revolución que cuenta en la Historia es la que pone al hombre en posesión de su autonomía. Se trata de darse a Alguien que permanece dentro. Cristo fue el gran rechazo del bien por procuración.

El Evangelio es la Buena Nueva de la libertad. Los fariseos, impotentes y doctrinarios, comprendieron la imposibilidad de luchar con este concepto sin cambiar de vida. Si uno no se da no hace nada, no es nada. Los fariseos estaban resueltos a todo pero no a darse, a entrar en la pobreza del don a Dios. Era necesario que Cristo muriera. Bajo este aspecto, el cristianismo es infinitamente actual.

El aspecto moral tiene como doble un aspecto dogmático. Hay incompatibilidad entre la concepción cristiana de Dios y la judía. La moral de Jesús es solo la irradiación social del secreto personal en que su vida está comprometida. La moral de Jesús es moral de libertad.

Jesús es la religión hecha hombre, la religión del Amor y de la libertad. Los milagros son los gestos de la libertad que penetran el universo. En el Evangelio, los milagros escasean cuando no hay punto de apoyo en el Amor. Ese es el carácter más humano de la humanidad de Jesús.

Pero hay continuamente una sofisticación del Evangelio: Jesús parece como un Dios ambulante que no entra realmente en la realidad de la Historia. La humanidad de Cristo es creada en estado de libertad. La Virgen es la Inmaculada Concepción.

Pero todo don de Dios, por ser universal, constituye un llamado al don. Por haber recibido el don de la Encarnación, él es el respondiente, el responsable de la humanidad. Toda gracia debe ser retribuida: la luz no permanece en nosotros si no nos damos. Hay que mantenerse al nivel de sí mismo, o mejor del don recibido. El don recibido implica el don a realizar hasta que todo esté consumado.

Un aspecto del don es la ignorancia de Jesús en el orden temporal. En él existe el orden eterno – en que los acontecimientos están en la mente – y el oren temporal en que los acontecimientos están en la Historia. El acontecimiento temporal se inscribirá en la ignorancia de Jesús, aunque en el plano intemporal todos los acontecimientos sean conocidos. Deberán ser experimentados en el orden temporal. Somos capaces de distinguir los dos planos: certeza de la muerte y a la vez incertidumbre.

Prácticamente eso no significa nada pero en Cristo esa especie de desdoblamiento es el gran secreto de sus sufrimientos. Leer los viajes de Jesús en el Evangelio: se desplaza porque no está en seguridad, después de la muerte de Juan el Bautista especialmente.

En el plano temporal, la misión de Jesús se desarrolla como la de un ser que pertenece a Israel: Cristo conocía el fracaso de su misión en Israel y sin embargo su misión se realiza solo entre los judíos. Parece que Cristo debió realizar todos los días el fracaso de su misión.

Considerar en el mismo plano el milagro de Caná: la respuesta de Cristo es la misma que la que le dio a la Virgen a los 12 años: no puede anticipar la hora de Dios: es el abandono de la humanidad en Dios.

El secreto de la Pasión es que entró en la noche de la incertidumbre. ¿No es el pecador que lo acusan de ser? ¿No es eso lo que constituyó el horror de Cristo? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Ps. 22; Mt. 27:46). Lo que nos hace sentirlo es la invitación a los discípulos en la noche de la agonía.

Eso pone equilibrio entre la divinidad de Jesús y su humanidad y permite sentirse de acuerdo con él. Tomar en la misma línea las palabras de santa Teresa del Niño Jesús: “Si esa es la agonía, ¿qué será la muerte?” (Novissima Verba, últimas conversaciones, 1926, 191-192). Ese es el acento de la santidad. Cristo en el huerto, es tan nosotros que para él la muerte se impregnaba en el rechazo, era todo vida y para él, la muerte es atroz.

Con él estamos en sinceridad absoluta, sin ningún truco. Lado humano infinitamente más patético en él que en todo hombre. El despojamiento de Jesús es el desarrollo del pensamiento cristiano. El cristianismo no es un sistema sino una Presencia: tiene como objeto identificarse con una Persona. La ortodoxia cristiana no es un credo sino Alguien.

Si solo se tratara de fórmulas no entenderíamos todas las discusiones. Lo que deseaban acreditar los apóstoles era Alguien. No se puede ser católico recitando palabras. Se’ trata de devenir Cristo. Él es el hombre universalmente católico, más íntimo a cada uno que él mismo. Eso se debe ser para ser católico.

Ser católico no es en absoluto oponerse a lo que no lo es. Es cristiano todo el que no rehúsa abrirse. ¡El que se abre es católico! Puede ser que quienes están fuera están dentro y quienes están dentro están afuera.

El farisaísmo católico es horroroso pues se autoriza en nombre de Cristo. Un solo medio de ser católico es ser universal. Todo lo que podemos aportar es ser alma sin fronteras. No es una fórmula sino una Persona lo que se debe aportar. El católico que no es espacio de amor para los demás traiciona a Cristo.

Si nuestro amor no es más grande, y nuestra humildad más luminosa no hacemos nada. Solo somos cristianos si podemos decir: “Nuestra diferencia es no tener ninguna.” (Cf. Fenelón: De la existencia de Dios, segunda parte, cap. V, p. 149)

La humanidad de Jesús es patética: solo la comprenderemos viviéndola. No buscar apoyo en la teología sino vivir el misterio de Jesús. La historia de Cristo solo es interesante si fecunda nuestra vida. Es un misterio de hoy. La fe es entonces adhesión a la Persona de Cristo. Ser manifiestamente acogedor y apacible hacia el no católico, acoger lo que trae en su ser de luz.

No crucificar de nuevo a Cristo en nombre de Cristo. “Si escucháis mi Palabra (Ezequiel 33:31; Juan 8:31).

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