Esquema sobre la Resurrección. Ignoramos su fecha y lugar. Inédito.

Noche del Viernes Santo:

El Viernes Santo marca la derrota de los valores, consuma el mayor fracaso de la Historia.

En el escándalo de la Cruz, “escándalo para los Judíos y locura para los gentiles (1 Cor. 1:23) que implica en apariencia:

a) el fracaso de Jesús (iluminado o impostor)

b) el triunfo definitivo de la injusticia y del odio, de la tribu y de su ídolo

c) la ausencia de Dios (“Eli, Eli, lamma sabactani Mt. 27:46; Mc 15:34). “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Nosotros esperábamos que él sería el liberador de Israel, pero a todo esto ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas. Por cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han dejado asombrados: fueron muy temprano al sepulcro, no encontraron su cuerpo y volvieron hablando de una aparición de ángeles que dicen que vive. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres han dicho, pero a él no lo vieron.” (En el camino de Emaús, Lc 24:21-24) (Biblia Ediciones Paulinas)

Alba de Pascua:

a) Presencia de Dios: como todo milagro, la Resurrección es Alguien (y no algo). Un encuentro espiritual a vivir, y no un hecho a mirar.

b) Refutación del “lamma sabactani”. Jesús certificado como el inocente y el verdadero.

c) Revelación de la inocencia y de la impotencia (física) de Dios que no es el operador que pone los dedos en los mecanismos del mundo o que detiene las decisiones de la libertad humana, sino que es víctima del mal y que por eso murió.

d) Puesta en relieve del carácter espiritual de la muerte de Jesús (que murió ab intus quia peccatum factum est, vulnere mentis, non corporis). (Trad.: Del interior, porque fue hecho pecado, por las heridas del espíritu y no del cuerpo.)

La muerte de Jesús fue un suplicio de mano no humana y solo tocó el cuerpo después de crucificar el alma.

Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen; yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; no me las arrebatará nadie de mis manos.(Jn. 10:27-28)

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Pero el asalariado que no es el pastor ni el propietario de las ovejas, viendo venir el lobo deja las ovejas y huye y el lobo ataca y las dispersa, porque es un asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí igual que mi Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por mis ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil. También a ellas tengo que apacentarlas. Ellas escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita sino que la doy yo por mí mismo. Tengo el poder de darla y el poder de recobrarla. Tal es mi mandato que he recibido de mi Padre.(Jn. 10:11-18).

Todo comentario sería tan inútil como sacrílego. San Pablo dijo lo único que podía aclarar estos abismos:

Al que no conoció pecado, Dios le hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en él justicia de Dios” (2. Cor. 5:21).

Es el centro inefable del Misterio. Jesús se sintió identificado con el mal – cuyo horror conocía en la visión misma de Dios – respondiendo por todos los reniegos como responsable, y tan inundado por su espantosa realidad que sus verdugos le parecían quizá menos culpables que como él se sentía, en el anatema infinito que pesaba sobre él.

En Cristo no había ausencia para con Dios, y por tanto él no debía morir. Él murió sobrenaturalmente, por amor y de amor.

e) Afirmación del Dios vivo (cui omnia vivunt) que no quiere la muerte, que no la inventó, que no es responsable de ella, que la padece por la ausencia del hombre a su Presencia de amor, desde el rechazo del primer pensamiento en que comienzan la Pasión y la Agonía de Dios.

f) La Creación es un riesgo infinito para Dios. La Pasión es ab initio (trad.: desde el origen). La muerte de Jesús fue la intercepción redentora (por nuestra ausencia) de la corriente de vida eterna que circula libremente de la divinidad a la humanidad de nuestro Señor. La Resurrección es la supresión de la pantalla y la retoma normal de la corriente de vida. (No olvidar que en Jesús la PERSONA precede a la naturaleza humana, la impregna totalmente y le comunica una subsistencia eterna).

Modalidades características de la Resurrección de Jesús

a) Es un signum fidei (Trad.: signo de la fe por el Espíritu Santo) hecho a la vez de testigos preordinados.

Pero Dios lo resucitó al tercer día y permitió que se mostrara, no a todo el pueblo sino a los testigos escogidos de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después de su Resurrección de entre los muertos.”

No es un evento publicitario y fotográfico, un puñetazo a las autoridades constituidas. Por eso es desconcertante, imprevisible e intermitente y deja a los discípulos estupefactos. Por eso es un hecho inerte e ineficaz en sí mismo. Los discípulos no saben qué hacer de ello (Jn. 21).

La Resurrección solo será vida espiritual para los discípulos en Pentecostés, en el fuego del Espíritu, (completar en este sentido 1 Cor. 15) pues en Pentecostés es cuando cesa de aparecer como hecho, verificado comiendo y bebiendo, y se manifiesta como la Presencia de Amor de la cual habría podido hacer dudar el fracaso de Cristo.

En este sentido, sin la Resurrección seríamos los más miserables de los hombres, pues todo se limitaría entonces al simple hecho de un iluminado o de un impostor suprimido.

b) La Resurrección de Jesús no es un fin sino un comienzo.

Cristo resucitó de entre los muertos, primicias de los que mueren (I Co. 15:20). Es la restitución en el Jefe, “in capite nostro (trad.: la Cabeza), del “Ordo amoris, del orden eterno del Amor. Dios no quiere la muerte. El mundo de dolor y muerte no es creación suya. El verdadero mundo está en espera.

Jesús resucitado nos trae sus primicias pero no la plenitud. Por eso la Resurrección se realiza “dum medium silentium tenerent omnia”, mientras un silencio profundo cubría todas las cosas. Nadie ha podido coger a Dios las manos en la masa, nunca. Nadie asistió al milagro de la Resurrección. Testigos vieron a Jesús muerto y lo vieron resucitado. El milagro se realizó discreta y silenciosamente.

El universo entero debe aún resucitar y recibir su plenitud, su realización, su pleroma, para utilizar un término caro a san Pablo, en nuestra resurrección y la de toda la creación. (“Resurrexit in eo coelum, Resurrexit in eo terra”) (trad.: en él resucitó el cielo, en él resucitó la tierra) – San Ambrosio (de Fide Res.).

c) Respecto a la Resurrección de Cristo, nosotros debemos continuar nuestra propia resurrección. La suya no tiene significado sin la nuestra.

Propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis Et incarnatus est, et homo factus est. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato, passus et sepultus est. Et resurrexit tertia die... Et ascendit in coelum... (Trad.: Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo. Se encarnó y se hizo hombre. Crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día… y subió al cielo….)

Propter nostram salutem(Trad.: por nuestra salvación) para que nosotros seamos liberados de nosotros mismos, de nuestros determinismos y de todas las fatalidades biológicas debidas a nuestra ausencia; para que ya no estemos sometidos a los elementos del mundo (Gal. 4:3).

Terminaremos su Resurrección haciéndonos continua presencia de amor, en que triunfaremos con él y en él de nuestra propia muerte corporal, haciendo de ella una ofrenda de amor y nuestro acto supremo de abandono a todo lo desconocido maravilloso de Dios: “In manus tuas Domine, commendo spiritum meum.” (Trad.: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu Lc 23:46). Como lo hizo san Francisco de Asís: “Bendito seas, Mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal.

d) Lección actual – desear la paz, desenraizar la guerra. Para que la muerte pueda integrarse al Orden del Amor, que pueda ser acto humano y humanizante, que sea presencia, rostro y fecundidad universal: “Pretiosa in conspectu Domini mors sanctorum ejus (trad.: Preciosa es a lo ojos del Señor la muerte de sus Santos) – y no un acontecimiento salvaje al que sucumbimos como cosas, aplastados por una explosión material.

Conclusión

La Resurrección de Cristo no debe ser demostrada como hecho histórico. Debe ser experimentada como acontecimiento espiritual que pone el sello del eterno amor sobre los valores que requieren el don de nosotros mismos ‑ en la transparencia del testimonio apostólico actualizado en la transparencia de nuestra fe, de nuestra presencia y de nuestro amor.

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