Hoy es el 10º aniversario de este sitio de Internet. Fue creado por el P. Paul Debains que dedicó numerosos años a estudiar la obra de Mauricio Zúndel y publicó varias antologías: Otra mirada sobre el Hombre, El problema que somos, Otra mirada sobre la Eucaristía, ¿Quién soy yo, para ti?

Luego, las dificultades que tuvo para publicar lo motivaron a utilizar este nuevo medio de Internet, con el propósito de anunciar “el sentido más auténtico de lo divino, el verdadero sentido de la divinidad de Jesucristo al mismo tiempo que el verdadero sentido de la vida de todo ser humano. El Padre Debains falleció en enero de 2011, pero a pesar de su desaparición el sitio continúa y sigue desarrollándose.

Yo he estado traduciendo al español los artículos publicados, y todos están en mis archivos.

Retomamos el primer artículo publicado, el 23/02/2005. El Padre Debains tenía mucho interés por la ciencia y ese año se festejaba a Alberto Einstein en el cetésimo aniversario de sus publicaciones sobre la relatividad limitada. Para recordar: en junio de 1905 Poincaré y en septiembre Einstein revolucionaron la física, en un contexto de rivalidades nacionales.

Reproducimos el primer artículo publicado en este sitio, que entonces se llamaba www.elan-en-trinite.net.

23/02/2005 - La inadecuación

La inadecuación de la más grande inteligencia. Einstein nos dice en qué consiste su religión. Saber que lo impenetrable existe realmente...

Einstein, dijo una vez: "Dos cosas son infinitas, el Universo y la tontería humana, pero no estoy seguro de lo que afirmo respecto del Universo."

Einstein, supremamente inteligente, no se hacía ninguna ilusión sobre la parte de verdad científica, extremadamente ínfima, que había podido descubrir:

"Tengo la impresión de no haber sido más que un niño que juega en la playa y que se divierte al encontrar de vez en cuando una piedra especialmente lisa o una concha más hermosa que las demás, mientras se extendía delante de mí, desconocido, el inmenso océano de la verdad…"

Y: "Si he aprendido algo en el curso de mi larga vida, es que toda nuestra ciencia, confrontada con la realidad, parece primitiva, infantil; pero es lo más precioso que tenemos."

Einstein creía en Dios. Tenía una idea de Dios, tenía una "idea" admirable de Dios, hasta ver en la emoción mística la semilla de toda verdadera ciencia. Y añadía: "El que encuentra extraña esta emoción, el que ya no tiene la posibilidad de asombrarse y enmudecer de respeto, es como si estuviera muerto."

Reproduzco toda la página. Pocas cosas tan capitales, tan pertinentes han sido dichas jamás:

"La emoción más hermosa y profunda que podamos experimentar es la emoción mística, es la semilla de toda ciencia verdadera. El que encuentra extraña esta emoción, el que ya no tiene la posibilidad de asombrarse y enmudecer de respeto, ¡es como si estuviera muerto!

Saber que lo impenetrable existe realmente y se manifiesta a través de la más alta sabiduría, la más luminosa belleza, sabiduría y belleza que nuestras débiles facultades pueden solamente comprender en su forma más primitiva, este conocimiento, este sentimiento, está en el centro de la verdadera religión.

La experiencia religiosa cósmica es la razón de las más fuertes y nobles investigaciones científicas. Mi religión consiste en una humilde admiración hacia el Espíritu superior y sin límites que se revela en los más pequeños detalles que podamos percibir con nuestras mentes débiles y frágiles. La profunda convicción de la presencia de una razón poderosa y superior que se revela en el Universo incomprensible, esa es mi idea de Dios."

Vuelvan a leer esta página: ¡es maravillosa! No es imposible, aun más es altamente probable que, respecto de la religión, respecto del cristianismo, de la mística auténticamente cristiana, la mayoría de nuestros contemporáneos no posean más que un ínfimo conocimiento. Los más grandes místicos cristianos tuvieron, al tratar de penetrar en los misterios de Jesucristo, el mismo sentimiento que Einstein en su inteligencia, prodigiosa, de la ciencia.

En este nuevo sitio (1 inaugurado el 23 de febrero de 2005) quisiéramos presentar, cada día, una serie nunca terminada de palabras de místicos cristianos. Especialmente las de Mauricio Zundel, de quien el Papa Pablo VI decía que era un genio espiritual particularmente apto en la actualidad a despertar en muchos el sentido más auténtico de lo divino… el verdadero sentido de la Divinidad de Jesucristo al mismo tiempo que el verdadero sentido de la verdadera humanidad de cada hombre.

Lean aquí su comentario a las palabras de Einstein citadas más arriba:

"En la religión cósmica de los grandes sabios, como Einstein, existe el sentimiento profundo de una solidaridad y un intercambio (con Dios) de Persona a persona: es entonces lo más alto de la mente lo que se compromete en el conocimiento, y es lo más alto del mundo lo que se toca, su sentido último."

"Suceden afortunadamente momentos esenciales en que, sin negar la ciencia que debe quedar en su plano objetivo, un gran sabio se vuelve un gran contemplativo y reconoce la verdad como Alguien. Y lo que es verdad para el sabio lo es también para el artista que debe expresar una presencia para hacerla sensible bajo la apariencia de los símbolos."

No veo mejor manera de abrir este nuevo sitio. Aunque pueda parece pretencioso, deseamos ofrecer a todos casi cada día una posibilidad, nueva quizás para muchos, de hacer una experiencia mística, una experiencia de Dios.

No se tratará de presentar una documentación sobre la cuestión o el problema de la religión y de la existencia de Dios. No se tratará de buscar a convencer a nadie de su existencia, sino simplemente, de presentar día tras día toda clase de páginas susceptibles de permitir una experiencia nueva, más aún, un descubrimiento, del Dios de Jesucristo cuyo "recuerdo", y claro está, más que un recuerdo, ha forjado toda la historia de Europa. El ha sido, y sigue siendo, su fermento.

El cristianismo, el verdadero, no se impone jamás a nadie. Se propone, y siempre de manera nueva. Este sitio quisiera proponerlo de una manera nueva, sin sobreestimar en lo más mínimo todas las demás proposiciones que puedan hacerse de él en la actualidad.

La colección de estas páginas, si posible una nueva cada día, no constituirá un tratado de historia o de apologética. Se definiría quizás mejor como una sucesión de saltos, sin nexo necesario entre la siguiente y la precedente. Cuando preguntaban a Marta Robin, la gran mística del siglo veinte lo que iba a hacer en el paraíso, respondía: un eterno salto de gozo. Un salto de gozo. En un salto de gozo uno no sabe en qué dirección salta, es el impulso de gozo y su repetición lo que cuenta. Esto no quiere decir que no haya dirección, sino que lo que debe parecer más importante al internauta será la repetición, la relectura, frecuente si lo desea, si el Espíritu lo impulsa a ello, no necesariamente de cada página, sino más bien de las que lo hayan tocado, quizás hasta lo más profundo del ser, que no es simplemente la mente o la inteligencia.

 

(continuará)

 

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