Homilía de Mauricio Zúndel en Ginebra, en 1956. Inédita. Títulos añadidos.

Cristo es llamado hijo del hombre. Es un hombre. Éste llegó a ser su título. Es importante. Introduce una dimensión humana. Le da al hombre su más alta dimensión.

Cristo es hombre porque lo es total y universalmente.

He aquí “el hombre” el hombre en cada uno, sin límite, el de la intimidad. Él es el hombre en el sentido absoluto. Él tiene la dimensión humana.

Nosotros conocemos a Cristo por la comunidad salida de él. Lo que brilla entonces es lo universal, la catolicidad. Solo es Cristo en la medida en que asume toda la historia, en que es sin medida.

La eucaristía

Por eso en el cristianismo está inscrito el espíritu comunitario por excelencia. Cf. el banquete eucarístico.

No podemos ir solos a Cristo, vamos con y para los demás. No se trata de afirmar que no se puede ser hombre sin ello. Somos responsables de toda la humanidad.

Cristo ha perpetuado su presencia en una comunidad y la vive en una comida, estamos “juntos”. La comunión es un acto público y universal, más para los demás que para nosotros mismos. La misa nos hace presente Cristo, pero se trata de hacernos presentes a Cristo, juntos y para los demás. Vamos a Dios para el universo y la humanidad; por eso se define un día para estar juntos.

La Presencia de Cristo es accesible por y para la comunidad. La asamblea eucarística es comunión con toda la humanidad y todo el universo. Cristo desapareció en el plano de la historia, pero no de la humanidad. El cristianismo es la persona de Cristo.

La Eucaristía no es un ceremonial sino la exigencia de una presencia total y universal. Hay que pasar por la comunidad. Hay que hacerse “el hombre” y no “un hombre”. Para la Eucaristía, se necesita es nuestra presencia, y también la comida. “Su” presencia siempre está. Sin la nuestra no hay nada. Debe haber matrimonio de amor.

Todos los demás sacramentos son solo canales por donde se difunde la Eucaristía.

El bautismo

El bautismo: el niño es introducido en la comunidad, es humanizado, es fermento de humanidad, fuente que brota en cada uno.

El hombre se hace fuente cuando se hace universal. San Francisco no muere. Vive eternamente en cada uno. Por el bautismo, el niño es sumergido en la comunidad, en lo universal. Hay que manifestar esa cadena de amor. Entra en la comunidad más para él que para los demás. Hay que ser liberado de sí mismo, uno no puede serlo sino sumergiéndose en lo universal.

Es bautizado para los demás, para ser solo una persona en Jesús.

Al niño hay que bautizarlo en el Amor universal. Sumergirlo en Cristo, en la comunidad.

La confirmación

La confirmación confirma el Bautismo, es la Pentecostés del cristiano, se la recibe para la humanidad. Un don que no se comunica es estéril. Los dos aspectos de la iniciación cristiana son el Bautismo y la confirmación. Mismos datos en la Extremaunción y en la Penitencia.

La penitencia y la Extremaunción

La Penitencia confiesa esta verdad: Toda alma que se eleva, eleva el mundo. Toda alma que se abaja, abaja el hombre. Hay que confesarse con la humanidad. Vamos a reparar el daño hecho a la humanidad diciendo que somos culpables; por eso la necesidad de partir de nuevo y de no contentarse con una confesión pública.

El principio es esencialmente verdadero y universal. Toda caída arrastra la humanidad. La Presencia de Dios es velada en la misma medida, y el Reino de Dios se retarda. Nos confesamos ante la comunidad, recibimos la absolución de la comunidad. Esto vale para la extremaunción. Se trata siempre de los demás – ofrenda a la comunidad. Morimos “para” los demás. La muerte es el último nacimiento. La muerte ofrecida, consentida, es redentora de amor. Es la última apertura del alma a lo universal. Lo que hace de la muerte un acto libre es que se la acepte por la comunidad, que sea un acto de vida y no de muerte. Es el preludio de un acto de vida, de una resurrección.

Se ha desvalorizado los sacramentos presentándolos como medio de salvación para sí mismo. Son un acto de generosidad para la comunidad. La Presencia divina no falta jamás, solo falta la nuestra.

El matrimonio

El matrimonio va en la misma dirección. El matrimonio de Cristo con la humanidad: lo eleva una pasión universal. Toma a cargo todas las almas. Cada alma se hace un centro único e indispensable cuya eternidad se debe asegurar. No habrá más pasión carnal si el hombre y la mujer alcanzan esta dimensión. ¿Cómo escaparía el hombre al vértigo de la especie sin concebir su aspecto universal? El hombre puede hacer el todo de la especie. El hombre se hace el centro de la historia, el centro de todas las generaciones.

San Francisco porta todas las generaciones. Cada matrimonio tiene esta ordenación universal, es necesario reunir todos los seres que tienen un destino. El matrimonio está ordenado a lo universal. Si el matrimonio fuera verdadero, cada hogar sería una iglesia.

La ordenación y todos los sacramentos

La ordenación es un sacramento de unidad, lazo entre todas las generaciones que están presentes en la iglesia de hoy y de mañana.

Todos los sacramentos están cargados de humanidad. Están sumergidos en la humanidad. Cada uno deviene toda la Iglesia.

Cada uno tiene vocación de devenir todos, de devenir Cristo. Es la misión universal. En lo universal devenimos “para y “por cada uno espacio de libertad.

Queda pues en el horizonte universal el secreto de cada uno. No estamos siempre juntos sino en la medida en que estamos juntos.

No estamos juntos sino en la medida en que estamos solos. Debemos vencer los límites del signo para llegar a lo universal.

Hay siempre un velo, un velo de desconocido. Porque hay un velo, cada uno tiene posibilidad de amar. Cada uno es único, cada uno es secreto. La comunidad no destruye la individualidad, es una necesidad.

Bajo el velo de los signos de un conocimiento nupcial, a cada uno le queda la posibilidad de un descubrimiento único. Esta comunión no es confusión. Hay que ser distinto para darse, y complementario para realizarse. Es una pedagogía admirable. Así llegamos al respeto de la vida. Hay cierta música que supone cierto silencio.

Los gestos comunitarios son sencillos: beber, comer, unirse, cantar… Todos estos gestos nos llevan al horizonte del hombre en el horizonte cristiano. Ser universal es un modo de existir. Es superarse desde la mañana hasta la noche.

Oración sobre la vida

La Oración del hombre es oración sobre la vida. La vida se hace oración en la medida en que percibimos las dimensiones. La vida es el pan a consagrar. Nuestra vida debe ser testimonio de Cristo. Cada uno debe hacer de su vida una oración. Por todos los oficios se llega al hombre que somos. Debemos tratarnos con respeto.

Llegamos a nosotros por un camino tan largo como el que nos lleva a Dios… y a los demás. Hay que encontrar a Dios en los demás haciéndolo nacer en ellos. La mayor parte de los hombres, comenzando por nosotros, no hemos nacido.

El primer contacto con los demás es a menudo decepcionante porque los demás están vacíos. Hay que llegar a su originalidad. Quitar su máscara. Se necesita paciencia y amor. Esperar en el silencio de sí mismo, en el respeto, hasta que el ser nazca a él mismo. La oración sobre la vida es engendrar a Cristo en el mundo.

Desde la mañana hasta la noche, podemos hacer oración sobre todos los que nos rodean. Nadie escapa a este contacto para nacer a Jesús. Debemos hacerlo nacer en los demás.

Se trata de ser el Bien. Sentir la profundidad de la vida. En cada uno está el Todo. La última palabra de Jesús es amar al hombre. Cada uno de nosotros no solo es criatura sino creador.

No podemos pensar en Dios sino descubrirlo. Cada uno es invitación al Dios conocido y siempre desconocido. Siempre hay un grito de Dios hacia nosotros. Hay que escuchar su llamado y colmarlo. Hay que volver a la fuente por el silencio total y así “contribuir” sin decirlo ni saberlo.

Dios es tan real y tan frágil que solo es posible darlo bajo el velo, en los gestos más sencillos, en actos que no se pueden decir sino realizar en el recogimiento de la soledad. No se puede decir en qué consiste la vida, pero la reconocemos cuando aparece.

Dios es cuando la vida es bella. Y para que sea bella, hay que hacerla bella. Eso es orar sobre la vida. Cada día debe crear un nuevo camino para ese rostro cada día único. Ese es el horizonte del matrimonio de amor, del conocimiento nupcial. Dios es nuestro hijo.

Cada hombre que vive auténticamente es la madre de Dios.

Ajouter un Commentaire

Les commentaires sont modérés avant publication. Les contributions doivent porter sur le sujet traité, respecter les lois et règlements en vigueurs, et permettre un échange constructif et courtois. A cause des robots qui inondent de commentaires publicitaires, nous devons imposer la saisie d'un code de sécurité.

Code de sécurité
Rafraîchir