Homilía de Mauricio Zúndel en Nuestra Señora del Valentín, Lausana, el 17 de diciembre de 1961, 3r domingo de adviento. Destinada a los niños. Inédita.

Queridos niños,

A un loro le habían enseñado la frase: Eso me parece muy chistoso. Y el loro repetía a lo largo del día: Eso me parece muy chistoso. En la familia con que vivía el loro, todos lo celebraban y gozaban escuchándolo repetir la frase, pero un día tuvieron un luto inmenso. Murió la mamá, y en medio del entierro, cuando todos estaban de mucho luto, el loro repetía la frase: Eso me parece muy chistoso. Naturalmente eso les pesaba mucho a los dolientes, pero no podían enojarse con el loro ya que éste no entendía lo que decía. Es toda la diferencia entre ustedes y el loro, el loro no comprende las palabras que repite y ustedes al hablar comprenden el sentido de las palabras y saben lo que ponen debajo de ellas.

Y ahí vemos una vez más que en ustedes hay un interior misterioso, un interior que es un gran secreto, el mayor y más hermoso secreto del mundo. Ustedes se acuerdan de la niñita de seis meses llamada Francisca Era hija de un magnífico escritor y de pronto, después de una vacuna, ella perdió la razón.

¿Qué significa perder la razón a los seis meses? Quiere decir que sus ojos se apagaron, quiere decir que quedó totalmente incapaz de sonreír y sus papás comprendieron que la hijita quedaría idiota por toda la vida. Fue un dolor inmenso para Emanuel Mounier que era el papá, hombre genial, pensar que su primogénita la pequeña Francisca, que había ya colmado de felicidad a sus papás con sus sonrisas, entró de repente en la noche de donde nunca saldría, pues murió a los 16 años sin dar nunca el menor signo de inteligencia. Pues bien, el dolor de Emanuel Mounier y de su esposa ante la muerte de ese sol en el corazón de su hijita nos hace sentir todo lo que hay en el alma de un ser humano. En un ser humano hay la posibilidad de expresar al mundo una nueva luz, de llevar al mundo una fuente de alegría inagotable. Si no, Emanuel Mounier no habría sufrido tanto al ver desaparecer la razón en la mente de su hijita.

Dostoievski cuenta que un niñito que había tirado piedras jugando y herido un perro de un señor ruso, éste, furioso, hizo desnudar el niño y echó sus perros contra él y los perros devoraron al pequeñito ante los ojos de su madre. Dostoievski cita el caso como particularmente horrible, y que nos hace sentir lo horrible del sufrimiento de los inocentes, de los niños, incapaces de defenderse.

¿Y qué es lo que nos enfurece en ese rasgo bárbaro? ¿Qué es lo que nos da rebeldía en esa espantosa crueldad? Es que en el niño había todas las posibilidades de expresarse y amar, de llevar al mundo nueva luz, de ser en el mundo fuente inagotable de alegría. Desde luego, ¡todos los niños no se hacen fuente de alegría!

Un novelista judío cuenta esta espantosa historia de niños cristianos alemanes que casi matan a un pequeño judío porque se negó a jugar el papel de Judas. Los niños se conducían como demonios mientras el pequeño judío fue el más cristiano del grupo.

Se plantea entonces la pregunta, y también a ustedes y a todos nosotros, pero más especialmente a ustedes que están reunidos esta mañana en esta iglesia. ¿Descubrieron ya, descubrieron ya la fuente que está dentro de ustedes? ¿Comprenden, ustedes que están reunidos aquí que Jesús vino justamente para hacerles descubrir ese tesoro oculto dentro de ustedes? Estamos en tiempo de adviento.

Ustedes acaban de leer los hermosos textos del misal. Cantaron y van a cantar todavía esta espera del mundo.

Esperamos a Jesús, ¿pero qué es lo que viene a hacer? ¿Qué nos va a traer? ¿Qué les va a dar, a ustedes en particular? Los va a conducir justamente, si lo quieren y aceptan, a la fuente de alegría que está en ustedes. A eso viene, a enseñarle al hombre quién es él, a decirnos nuestro propio nombre.

Ustedes recuerdan el hermoso texto del Apocalipsis: “Al que cree, al que es fiel, se le dará una piedra blanca y en ella escrito un nombre que nadie conoce, excepto el que recibe la piedra blanca” (Ap. 2:17). Jesús viene pues a enseñarnos nuestro (Ap. 2:17). Viene a llevarnos a la fuente que se oculta en nosotros. Viene a enseñarnos a descubrir el sol interior, el sol interior que es el Dios vivo, y está siempre dentro de nosotros, listo para dar su luz al mundo entero si nosotros nos hacemos trasparentes a ella.

Y naturalmente, de nada serviría que tengamos ´la razón, que nuestra mente no haya sufrido como la pequeña Francisca Mounier, si solo hacemos de nuestra mente un instrumento de maldad.

En ciertos hospitales hay enfermeras y a una enfermera normalmente le piden que sepa bien su oficio, poner una inyección, que sea exacta al aplicar las prescripciones del médico, arreglar la cama del enfermo, responder a todas sus necesidades. Y todo eso está muy bien. Pero después de todo, un cerebro mecánico como los que hoy se fabrican, podría hacer todo eso. Lo que solo una enfermera puede hacer es llevar al enfermo su bondad y su sonrisa. Y hay enfermeras que lo hacen admirablemente; y en ciertas clínicas todo un piso se ha transformado porque hay una enfermera que lleva de cuarto en cuarto o de lecho en lecho, su buen humor, su entrega, la luz de su sonrisa y los enfermos se sienten mejor cuando ella entra en el cuarto pues justamente la luz de su presencia misma es más activa que todos los remedios que pueda darles.

Pues bien, esa es la imagen de lo que pueden hacer ustedes. Ustedes no tienen oficio y no ganan su vida pero pueden dar vida porque son capaces de sonreír y de amar. Y pueden cambiar toda la casa, pueden cambiar toda la escuela, todo el ambiente del patio de recreo, ustedes pueden ser para sus camaradas un Evangelio vivo.

¡Escuchen! Hoy es un domingo rosado y nos recuerda el texto admirable que nos dice que la Santísima Virgen es como una rosa que florece al bordo del agua (1).

Ése es el maravilloso programa de nuestra vida. Para eso estamos aquí todos esta mañana, para aprender a florecer como rosas plantadas al bordo del agua.

Entonces se acordarán del loro, se acordarán de la pequeña Francisca Mounier, del niño devorado por los perros, se acordarán de los niños cristianos malos que querían matar o casi al niño judío, se acordarán de la enfermera que sonríe y transforma todo su piso, y se acordarán de este domingo rosado. Y juntos vamos a pedirle a Jesús que nos haga florecer como rosas plantadas al bordo del agua.

(1) Nota. El rosado indica el tercer domingo de adviento. Ese color deriva su significado del rojo, símbolo del amor divino y del blanco, símbolo de la sabiduría divina. Se emparenta con la flor la rosa, sobre la cual anota el Ordo romano que “su color es agradable, su olor reconfortante y su aspecto alegra”.

Al domingo de “Gaudete” de adviento corresponde el domingo rosado de “Laetare” de cuaresma. (Ver la homilía de M. Zúndel para el domingo de “Laetare”,  La alegría cristiana en los artículos anteriores, en fecha del 04/03/2013).

Ajouter un Commentaire

Les commentaires sont modérés avant publication. Les contributions doivent porter sur le sujet traité, respecter les lois et règlements en vigueurs, et permettre un échange constructif et courtois. A cause des robots qui inondent de commentaires publicitaires, nous devons imposer la saisie d'un code de sécurité.

Code de sécurité
Rafraîchir