Homilía para niños, de M. Zúndel, predicada en Suiza el 7 de octubre de 1955, fiesta de N. Sra. Del Rosario. Tomada de Ta parole comme une source, p.374 (*)

¿Ustedes recuerdan cuando siendo pequeños dijeron por primera vez ¡Mamá!? ¿Se acuerdan? ¿Quién se acuerda? ¿Nadie?... ¿Y creen que su mamá se acuerda?... ¡Seguro que sí! ¡Una mamá recuerda siempre la primera vez que su bebé le dice ¡Mamá! ¿Por qué?... es la música más bella para una mamá, escuchar esas palabras de los labios de su niño.

Una niñita se llamaba Chantal. Y le preguntaron: “¿Cómo te llamas?” y respondió: “Me llamo Chantal” – “¿Chantal cómo?” – “¡Pues Chantal mamá!” ¿Qué significa eso? ¿Por qué se llamaba Chantal Mamá? ¿Por qué? ¿Por qué surgió de su corazón ese nombre, “Me llamo Chantal Mamá”? Porque para ella, Mamá significaba toda la alegría, todo el amor, toda la presencia, toda la ternura.

Yo tenía un amigo que era académico. Era muy viejo, tenía más de 80 años. Y estaba muy enfermo e iba a morir. Con él estaba su esposa, a la que amaba mucho. Pero no llamaba a su mujer, sino ¡Mamá! A más de 80 años. ¿Por qué ?... Porque en el fondo de su corazón, en el fondo de su mente, esa palabra era toda la esperanza, toda la confianza, todas las presencias y todas las ternuras.

Yo conocí a una mujer y un día llevaron a su hijo a la cárcel entre dos gendarmes. Y ella me dijo: “Si su mamá ya no lo amara, si su mamá ya no lo amara, ¿quién lo amaría?” Quería decir: es imposible que una mamá ya no ame a su hijo. Si no lo amara más, nadie en el mundo podría amarlo y estaría perdido.

Entonces, una mamá es la imagen de todo lo mejor que hay en el mundo. Y sin embargo, ¿qué es una mamá? ¿Es el buen Dios?... ¡No! No es el buen Dios, pero es la más bella imagen del buen Dios.

En un jardín de Beauvais en Francia, había un niño que se preparaba para la primera comunión. Era muy inteligente, como ustedes, y estaba jugando solo en el jardín, tratando de nombrar los colores. Y era como si hiciera su retiro de primera comunión solito, escuchando el canto de las flores y el silencio de Dios y de repente, corrió hacia su mamás que estaba escribiendo (ella era escritora), y se puso delante de su mamá y le dijo: “Mamá, ¡tú eres demasiado, pero no bastante!” Y se marchó. Su mamá nunca supo lo que quería decir con ¡Tú eres demasiado, pero no bastante!

A mí, eso me parece admirable. Quería decir: Mamá, mamá, tú eres como el sol de la casa, eres la sonrisa de la bondad: eres como Dios… pero no eres Dios. Eres demasiado, pero no bastante.

¿Dios es mamá?...? …? ¿No? ¿Cómo? Y entonces, ¿quién creó el corazón de las mamás?...? Entonces, ¿de dónde sacó toda la ternura que puso en el corazón de las mamás?... ¡De su corazón! Entonces, ¡es que él es mucho más mamá que todas las mamás! ¿No es verdad?...?

Entonces ¿por qué le podemos decir mamá al buen Dios?... ¿Podemos llamarlo “Mamá”?...?... ¡Claro que sí! Es tan cierto que nos dio una manera de llamarlo Mamá, a través de…? …? ¿a través de quién? Hoy es la fiesta de…? de la Santísima Virgen, Nuestra Señora de las Rosas, nuestra Señora del Rosario. Y a través de la Santísima Virgen, cuando decimos Mamá, ¿hacia quién sube nuestro grito? ¿No es hacia el buen Dios?

¡Sí! ¡La Santísima Virgen es la madre de Jesús, la madre más perfecta, es la mamá de todos nosotros! ¿Hay alguien que sea infinitamente más madre que ella? ¿Quién? ¡Dios mismo! Y fue justamente para enseñarnos a decirle Mamá que el buen Dios nos dio la Santísima Virgen, para que, siendo mamá, aprendiéramos mediante el corazón de la Santísima Virgen, a decirle Mamá al buen Dios.

¿A quién de ustedes se le olvidó la oración de la mañana o de la noche?… ¡Tengan el valor de levantar la mano! ¿A quién se le olvidó?...? ¿A nadie?

¡Son perfectos! ¡Bueno, vamos! Oigan: hay un modo maravilloso para no olvidar nunca decir la oración, y es decirle al buen Dios al levantarse y al acostarse, ¡Mamá! Eso basta. Decirle Mamá al buen Dios, de todo corazón, es la más hermosa oración de la mañana y la más bella oración de la noche, y la más bella a toda hora. ¿Comprenden?... ¿Es difícil?... ¡No! ¿Les parece a veces aburridor decir la oración y repetir las mismas palabras? Si esa palabrita, Mamá, viene del corazón, va directamente al corazón de Dios. ¡Es maravilloso!

¡No lo olviden nunca! Yo nunca la olvido. Muy a menudo le digo Mamá al buen Dios. ¡Me parece tan natural!... por medio del corazón de la Santísima Virgen, desde luego, no hay nada más natural. Entonces, escuchen: no se cansen con palabras… sino sencillamente digan Mamá, y cuando estemos tentados, hay que decir Mamá para arrojarnos en el corazón del buen Dios. ¿Me entienden?

¿Qué es el Bien? ¿Qué es el mal? ¿Qué es el mal y qué es el mal?

¿Qué es el mal?...?... ¿Cómo?... ¿Desobedecer?... El mal es algo mucho más grave que eso. ¿Qué es el mal?...?... Es herir… a alguien, ¡es herir a alguien!... ¿Es matar?... Sí, ¿a quién? Es matar… es herir a Dios en nuestro corazón y matarlo!... En verdad, ¡eso es! Como dice la Biblia, la sagrada Escritura, es impedir la música, la música maravillosa que está en el fondo de nuestro corazón y que es el Buen Dios mismo. Entonces, pecar es herir el corazón del buen Dios, pecar es matar la vida de Dios en nosotros. ¿Comprenden?

¿Y qué es el bien? El bien, el bien es la vida, la vida de Dios en nosotros. Eso es el bien. El bien es Alguien, es una Presencia, una Persona, una luz viva, ¡es Dios en nosotros!

Se acuerdan del monje, que fue asesinado a golpe de cuchillo por un bandido y, al morir, le dijo al bandido: “¡Tú también llevas a Dios en tu corazón!” No le dijo: “Eres un bandido, un salteador, porque me mataste.” Le dijo: Atención, ¡tú también llevas a Dios en el corazón! Quería pues devolverle la luz que llevaba dentro y hacerle entender que si hacía el mal mataba a Dios, y si hacía el bien hacía vivir a Dios dentro y se convertía en la cuna del buen Dios.

Esa palabrita Mamá quiere pues decir muchas cosas. Quiere decir todo, toda la alegría, toda la ternura, todo el amor, toda la luz del mundo. ¡Y es la más bella oración!

Y ahora viene la pregunta: ¿podemos ser, también nosotros, la mamá del buen Dios?...?… ¿No?... ¿Sí?... ¡Sí, hay que decir Sí!

Ustedes se acuerdan de la niñita que estaba tan feliz que no sabía ya cómo hacer para expresar su felicidad y saltando al cuello de su mamá, le dijo: “¡Mamá, tú naciste de mi corazón!” ¡Mamá, tú naciste de mi corazón! ¡Es maravilloso! Eso quería decir: “Mamá, ¡es como si fueras mi hijita!

¿Es que Dios puede nacer de nuestro corazón? ¿Podemos decir al buen Dios: “¿Tú naciste de mi corazón?...?

Un día, nuestro Señor dijo estas palabras que no debemos olvidar jamás: “El que hace la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt. 12:50). Fue nuestro Señor el que lo dijo: El que hace la voluntad de mi Padre, es mi madre. Es decir, se convierte en la cuna de la luz, de la gracia, de la bondad, es decir de Dios mismo. ¿De acuerdo?... El que hace la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre. Recuerden estas palabras… ¿de acuerdo?... “es mi madre…” Entonces, la palabra mamá quiere decir algo maravilloso: nosotros también podemos ser la cuna de Dios.

Como la santísima Virgen, todos estamos llamados a ser la cuna del Buen Dios, a hacer vivir en nosotros esa maravillosa luz, esa luz y esa hermosura.

Se podría hacer un catecismo, y sería el más hermoso catecismo, simplemente con esa palabrita: ¡mamá! Y recordaríamos que llevamos dentro la luz, y la música, y la alegría, y el amor que es Dios y que estamos llamados a ser la mamá del buen Dios… ¿de acuerdo?

¡Ese es todo el misterio de la fe, toda la religión y todo el Evangelio!

Y ahora, ¿qué vamos a hacer? Pues simplemente, vamos a volvernos hacia Dios de todo corazón, por medio de Nuestra Señora de las Rosas, por medio del corazón de la Santísima Virgen que es la madre de todos nosotros, y le vamos a decir al oído:

“¡MAMÁ!”

(*) TRCUSLibro « Ta parole comme une source, Tu Palabra como fuente, 85 sermones inéditos.

Editorial Anne Sigier, Sillery, agosto 2001, 442 págs

ISBN : 2-89129-082-8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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