Notas de una conferencia de M. Zúndel en el Cairo, en 1942. Inéditas.

El error atestigua por la verdad. El mal es un reflejo del bien. Hay que poner en valor el alma de verdad y saber descubrir las verdades dentro de los errores. Hay que tratar de entenderlo todo para comprenderlo y amarlo, tener un amor inmenso que comprenda todos los sistemas. Hay algo de cristiano, de divino en toda religión. Católico significa universal.

Bergson es un testigo del Espíritu, también Nietzsche, cuando va hasta el final de lo que él creía ser su ateísmo, rehusando esperar nada. Soledad de Zaratustra. Creía no tener fe. No reconocía al verdadero Dios, Jesús.

El Dios que rechaza Nietzsche es el gran maquinista.

Los actores no seríamos más que marionetas con una vida sin sentido. “¿Qué habría que hacer si hubiera dioses?”, decía. Y deseaba que el hombre fuera el verdadero creador: el superhombre.

La tradición cristiana es muy distinta. Dios es Espíritu, Dios es interior, Dios es Amor. El universo es espiritual en su fuente, y debemos recibirlo como don del Espíritu.

Todo está por hacer, porque existe Dios, un Dios que es Amor. La ley del amor está en el don recíproco. Dios dice , siempre Sí. ¿Y si nosotros decimos No?

El Rey que desea casarse con una pastora es todo , pero la pastora puede decir no. El amor no puede forzar. Donde hay amor hay perfecta igualdad.

Tenemos que hacer todo, pues aunque el mundo está creado por parte de Dios, no lo está por la nuestra. El proyecto de Dios depende de nuestra decisión. La pieza teatral no está jugada de antemano. No somos marionetas. Debemos crear con Dios un universo espiiritual, que sea libertad, conciencia y amor. Nuestro sí debe responder al suyo. Debemos transformarnos espiritualmente.

¿Porqué no sería Dios yo?, decía Nietzsche, ¿porqué es Dios, Dios, y no nosotros? Y se rebelaba pensando en la idea de un Dios que nos habría creado para imponerse a nosotros.

Nietzsche es alguien que quiere hacerse Dios contra un Dios tirano. El concepto cristiano de Dios es muy diferente. El verdadero Dios es víctima de la libertad creada y agoniza en todos los males más que el hombre mismo. Ante el verdadero rostro de Dios, los obstáculos de Nietzsche se derrumban. El Dios cristiano es el Dios santo, en quien la humanidad puede tener confianza absoluta ya que él comparte su sufrimiento en vez de ser su cómplice. Es la santidad suprema.

La santidad consiste en ser trasparente a Dios. Es un movimiento hacia el Otro.

El santo tiene su yo en Dios. Se pierde a sí mismo de vista. San Francisco ya no se veía a sí mismo. Es eclipsarse ante la Presencia real, poner el valor el tesoro oculto que es la vida de la vida. Es un impulso, una salida de sí mismo cada vez más perfecta. Es buscar a Dios, la Presencia de Dios. Todos los santos viven en la luz de Dios que los libera y los desapropia. Son impulsos vivos hacia él. Son transparentes a su Presencia. Es el éxtasis de los santos que los hace salir de sí mismos.

En Dios, algo corresponde al estado de desposesión, de pobreza, que nos purifica de nosotros mismos. La Santísima Trinidad no es una mónada solitaria sino un eterno éxtasis. El misterio de la Trinidad es un océano de luz, de alegría, de juventud que comprenderemos más, eternamente, porque es un misterio de claridad.

La fe consiste en recibir la luz divina en la inteligencia, en sumergirse en la intimidad de Dios. La fe va más allá de la inteligencia y la arroja al abismo de luz. Está en la cumbre de su esfuerzo.

En realidad, solo se ve a Dios con el espíritu. Está en el fondo de la ciencia, de la hermosura y del amor. Es la única luz, pero a menudo no lo conocemos.

La Trinidad es la fuente de toda claridad. La fe es la exigencia suprema de la inteligencia.

La Trinidad es la expresión suprema del conocimiento y del amor. Para Aristóteles, Dios es el pensamiento del Pensamiento. El Dios del Evangelio es el Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Padre, conocer es engendrar eternamente al Hijo, y en el Hijo, expresar eternamente al Padre, su imagen, el candor de su luz. Y amar, en el Padre y el Hijo, es la respiración inefable del Espíritu.

La Trinidad es la afirmación del Amor. La distinción de las Personas hace posible darse a Otro, el altruismo en el sentido de la perfecta unidad.

El Dios santo es el Dios del Amor, del altruismo eterno. La Trinidad es el Amor perfecto: distinción relativa e identidad absoluta.

La Trinidad es una pobreza eterna. En Dios, la luz del conocimiento no vuelve sobre sí mismo. Está suspendida entre dos impulsos, Padre e Hijo. Cada Persona, en su totalidad, es solo relación viva y apertura infinita de un éxtasis eterno, “como un pájaro que sería solo vuelo.

La Trinidad es Dios total impulso, éxtasis y fecundidad siempre actuales. El Hijo es el eterno Neonato y el Espíritu Santo es siempre el beso matinal. La vida de Dios es el eterno surgimiento del eterno Amor, y la luz inefable son la personalidad y el altruismo eternos. En Dios, la Persona es el impulso infinito del infinito hacia el infinito. Es simplicidad inefable, como el candor de la luz eterna y la trasparencia del Amor.

En nosootros hay luz y sombra, don y retención, altruismo y egoísmo. Nunca salimos totalmente de nosotros. Para amar a los demás, hay que salir de sí mismo.

Dios todo es Amor, desinterés absoluto, humildad infinita. Viene a nosotros no como dominador, sino con su Pobreza.

La grandeza de la existencia está en el don. Dios es Amor, Dios es don, y nos comunica el privilegio de su ser.

El ser está en el don.

El ser infinito está en el don infinito.

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