Homilía de Mauricio Zúndel en el Cairo, en 1945. (Inédita)

Es necesario distinguir la línea vertical y la horizontal. La dificultad para concebir a Dios viene de que hemos puesto a Dios en la serie horizontal de las causas físicas; en este sentido, ya no es sino uno de los engranajes de la serie humana; y a medida que los hombres se hacen capaces de crear los mismos mecanismos, el campo de Dios se reduce.

Así, antes de descubrir el pararrayos, los hombres imploraban la ayuda de Dios cuando caían los rayos; pero cuando pudieron protegerse por sus propios medios, pensaron que podían prescindir de Dios. Igualmente, cuando solo tenían embarcaciones frágiles, pensaban que solo Dios podía protegerlos de las tormentas, pero al disponer de motores más potentes, también pudieron dejar a Dios a un lado.

Concebido bajo esta forma, Dios se convierte en límite tremendo:

- para el poder del hombre, en el terreno físico,

- para los derechos del hombre en el terreno social y político.

Los progresos de la ciencia se vuelven cada vez más numerosos en nuestra época. Tendemos cada vez más a liberarnos de la idea de un señor: primero nos liberamos del rey que se confundía con Dios en la antigüedad, las constituciones fueron cada vez más liberales, y por fin, del patrón como en el comunismo.

Mientras se considere a Dios en este plano, se lo coloca en un terreno frágil, que el hombre logra conquistar cada día más. De todo lo que acabamos de decir, deducimos que Dios es considerado aquí como “tapa-huecos” del que podemos prescindir cuando se resuelven los problemas físicos.

La ciencia cocina es simplemente la ciencia concebida según el plano horizontal, mientras que la ciencia contemplativa es la ciencia concebida según el plano vertical. Así, por ejemplo, los químicos modernos que disponen de equipos último modelo, emplean su inteligencia como uno entre otros muchos instrumentos utilizados, es solo un medio y no un fin: se trata de realizar y no de comprender.

La prueba de Dios debe situarse en el terreno de la relación, gracias a la cual el mundo físico se hace inteligible y que es la fuente de pensamiento, de luz y alegría desinteresadas, y no ya de utilidad, que no se puede verificar físicamente y que es la fuente de pensamiento independiente de todos los progresos técnicos. Como son técnicamente independientes la belleza y el arte.

Ejemplo: un pintor puede hacer un logo de una revista o un afiche de teatro, es decir una obra que sirva para algo, para atraer clientes. Pero puede hacer una obra que no sirve para nada pero que se puede contemplar. Igualmente, el sabio puede descubrir una relación matemática que se puede utilizar en medicina o una relación matemática que es simplemente gozo de la mente. La ciencia cocina sirve para algo mientras que la ciencia contemplativa no sirve para nada. Como un hombre que amaría a una mujer por el placer que le da y otro que la amaría solo porque encuentra en ella la belleza que soñaba.

La relación metafísica solo puede ser captada por una experiencia espiritual en que Dios aparece como interior a la vida de la mente, interior al conocimiento, interior a la creación artística, interior al amor, interior al universo en la medida en que el universo es objeto de contemplación y no de utilidad. Todas las actividades contemplativas gratuitas, desinteresadas, son también las únicas en que tomamos conciencia de nuestra libertad, en nuestra dignidad y en nuestra vocación creadora. Dios ya no puede ser enemigo de la libertad sino al contrario, su condición, su fundamento y su fuente.

“No hay que gritar: la poesía no debe ser la espuma del corazón.” (Flaubert)

“El misterio es como la atmósfera que rodea las bellas obras de arte.” (Rodin)

“Entrar concretamente en contacto con la presencia de lo invisible.” (Albert Béguin)

“¿Se da uno cuenta un día de que ha entendido por qué medio se reconoce el valor de las síntesis repentinas? ... por una claridad indecible que pone en la razón seguridad y felicidad, la felicidad intelectual del progreso.” (Bachelard)

“Al escucharlo, siempre me siento sola con Usted y quizás con aun mejor que Usted.” (Custine, a propósito de Chopin)

“Se trata de encontrar y transcribir el minuto supremo en que las dos faces de la realidad se superponen y fusionan perfectamente.” (Leite)

“El mundo físico es puramente simbólico del mundo espiritual.” (Swedenborg)

Nuestra experiencia de la belleza, del conocimiento y del amor nos muestra que todo contacto con la realidad artística, científica o humana nos libera de nosotros, nos hace perder de vista sumergiéndonos en un espacio ilimitado y descubriendo en nuestra más profunda intimidad, a la luz de la alegría que nos colma, la misma Presencia siempre desconocida fuera de la cual permanecemos solos sin comunicación con nosotros mismos ni con lo exterior a nosotros, en una noche fría y en un universo absurdo. Esa Presencia siempre desconocida y siempre reconocida, que es la fuente de todas las alegrías y de toda ternura, es el polo de nuestra libertad, y el valor sin el cual nada es valor, y es justamente el valor interior de todo, trascendente a todo, y que es la vida de nuestra vida, que llamamos Dios. Pero naturalmente, esa evidencia está ligada a la transparencia de nuestra mirada y se debilita en la medida en que recaemos en nosotros.

“La obra de arte misma se envilece cuando el autor, hecho espectador, se hace juez de su obra para admirarse a sí mismo.” (Secretain)

Es decir que el sentido de la Presencia divina se debilita a medida que nos hacemos más indignos de asimilarla. Esa visión metafísica es independiente del estadio más o menos avanzado de los progresos técnicos y de las teorías científicas, que son todas efímeras aunque estén ligadas por un progreso continuo en que nada se pierde; se sitúa en la línea vertical que une la mente al término vivo del impulso por el cual conquista su libertad.

La ciencia técnica podrá descubrir cada vez más perfectamente la organización material del universo, como el ingeniero puede darse cuenta mucho mejor que nosotros de la ciencia de las construcciones de la catedral de Chartres y su habilidad para establecer el peso de las masas, pero no es más capaz que cualquier otro sensible a la belleza, de percibir el arte del arquitecto. Así mismo el sabio, más allá del técnico que descubre la estructura material del universo, percibe la presencia y la circulación de un pensamiento cuyo discípulo es el nuestro.

El progreso de la ciencia horizontal se hace sobre la organización material del universo, el progreso del conocimiento que ilumina la mente en la alegría de conocer depende de un contacto cada vez más desinteresado y más amante con la verdad que es la luz de nuestra mente. Sabemos cuándo vemos. ¿Qué vemos? No podemos decirlo. Cuando nos encontramos de repente con alguien a quien amamos somos incapaces de decir lo que vemos, es un deslumbramiento que no podemos nombrar.

Las pruebas de santo Tomás se resumen, las dos primeras en esta frase: “Todo devenir es un empréstito”, empréstito de lo que es, de lo que no deviene, y las tres últimas, en esto: “Toda composición es un empréstito”, empréstito de lo que tiene unidad.

Para explicar la primera frase, tomaremos el acto de voluntad. Si la voluntad no encuentra su objeto en ella misma, tiene que buscarlo afuera, más allá de ella misma. Pero solo podrá terminar la deliberación si no acepta la fuerza de una necesidad material, si la belleza tiene un bien que la colme, que no deje nada que desear y que realice su libertad. Sin ese objeto, el acto voluntario no puede desarrollarse o se reduce a un dinamismo esclavo de nuestras necesidades materiales. Ejemplo: la persona que cuido, puedo cuidarla por razones humanitarias, de caridad, por amor de Jesucristo, pero también por obligación o necesidad. Hay que distinguir la voluntad doméstica, instrumento de nuestras necesidades materiales u orgánicas y la voluntad libre que se entrega al objeto que la colma. Flaubert espera durante días una frase que no llega y que es incapaz de escribir él mismo. Sabe que no es dueño de la belleza.

Para explicar la segunda vía de santo Tomás, tomaremos el ejemplo de la unión del alma y el cuerpo; sabremos que la unidad no es evidente y que solo se realiza maravillosamente por la comunicación que hace el espíritu al cuerpo de una libertad que él mismo saca del valor al que se consagra.

Hemos concebido a Dios como fabricador del mundo. Es una de las causas físicas y a medida en que los progresos de la ciencia se lo permitan, el obrero podrá remplazarlo en el laboratorio.

La creación es una relación y no una fabricación, relación metafísica que suspende todo el ser al primer Amor. No podemos prescindir de Dios ya que conocido bajo este punto, no es sino libertad y es toda la experiencia humana y no animal.

 

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