Artículo de L'ECHO, Hebdomadario católico, Lausana, sábado 6 de abril de 1974. (Inédito.)

Si hubiera dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser dios?” Esta frase de Nietzsche implica rivalidad entre el hombre y Dios.

El hombre rehúsa una sumisión que hiere su autonomía al limitar su libertad. Tiene conciencia vaga pero fuerte de ser espíritu y siente como violación toda intervención que no respete su interioridad, toda autoridad que se imponga desde afuera. Así opone a Dios el mayor don que ha recibido de Dios.

Se habría podido evitar este trágico error reconociendo que, en la medida en que somos espíritu, nuestras relaciones con Dios sólo pueden ser relaciones de espíritu a espíritu.

Es lo que da a entender Jesús en su diálogo con la samaritana: Dios es Espíritu y busca adoradores en espíritu, unidos a él por interioridad recíproca. Aquí todo sucede de interior a interior, mediante un lazo nupcial que ilumina y confirma nuestra autonomía.

En efecto, ésta no significa sino el poder de darnos a una Presencia más íntima a nosotros que lo más íntimo nuestro, que suscita el don en que debemos convertirnos por el don infinito que es ella.

Así somos llevados a la eterna comunión de amor que le da a Dios la imagen de Dios en las relaciones trinitarias mediante las cuales no cesa de comunicarse.

En esa Caridad que es Dios mismo, debemos descubrir el principio de nuestra creación. Lo mismo que Dios no tiene otro lazo con su ser que el de comunicarlo, quiso también que no tengamos relación con nuestro ser sino comunicándolo. Era la única manera de hacernos libre con una libertad semejante a la suya, por la liberación de nosotros mismos.

Así ponía nuestra vida, la del universo y la suya propia en nuestras manos.

El Cordero de Dios que se inmoló por los pecados del mundo, atestigua la verdad absoluta de esa intención. En vez de forzarnos, Dios muere en el Verbo encarnado para suscitar en nosotros una adhesión totalmente libre a su amor. Así se revela al máximo como el Espíritu infinito que busca adoradores en espíritu.

Nada puede conmovernos más que la muerte de Dios, ofrecida como rescate por nuestra liberación. ¿Cómo mejor convencernos si no mirando la Cruz, de que Dios no quiso un mundo de esclavos y robots, sino de seres libres y creadores?

El Cordero pascual resucitó, pero resucitar significa levantarse de la muerte. Ésta sigue impresa en las llagas que Tomás fue invitado a tocar.

A través de todo el misterio redentor, el sol de Pascua es la invitación a la verdadera vida revelada en Jesús y difundida en nuestros corazones como fruto de su inmolación.

El himno de Laudes del lunes decía de él maravillosamente:

Esplendor de la gloria del Padre
que difundes la luz de la Luz,
Luz de luz y fuente de luz,
oh día que iluminas el día,
Tú, verdadero sol, penetra en nosotros,
Tú que brillas con una luz eterna,
e infundes en todos nuestros sentidos
la claridad matinal del Espíritu Santo

El verdadero sol es el que brilla dentro de nosotros, haciendo de cada uno luz del mundo, en la medida en que consentimos con ser portadores de Dios.

Nuestra vocación humana está en el nivel del infinito. Descubrirlo y expresarlo en nosotros: ahí está todo.

No hay rivalidad posible entre nosotros y un Dios que da a nuestra vida el precio de la suya y que quiere comunicarse a través de nosotros.

Es él quien nos revela a nosotros mismos, enseñándonos con su ejemplo que ser espíritu no es una posesión celosa de sí mismo sino poder de no soportar pasivamente el ser, haciendo de él una fuente pura de amor.

Ése es el sol de Pascua que Gilbert Héritier hace brillar en el ambón de la iglesia de Rolle, como fruto de la inmolación del Cordero Pascual fijado al altar, en la concepción del mismo artista expresada en la Cruz que le atraviesa el cuerpo.

 

Ajouter un Commentaire

Les commentaires sont modérés avant publication. Les contributions doivent porter sur le sujet traité, respecter les lois et règlements en vigueurs, et permettre un échange constructif et courtois. A cause des robots qui inondent de commentaires publicitaires, nous devons imposer la saisie d'un code de sécurité.

Code de sécurité
Rafraîchir