Por André GIRARD – 2ª parte.

Intercambios después de la conferencia de André Girard presentada la semana pasada. El terreno de las ciencias es complejo, pero esta discusión sobre la mirada de la ciencia (y de la filosofía y el derecho) sobre el mundo es muy rica.

El cientismo que quiere estudiar el mundo, ¿es alejamiento de la realidad, evacuación del misterio y negación de la admiración? En ciencias, en filosofía y derecho, el monismo es dominante…

Este texto es extracto del n°4 de Cahiers du nouveau regard del 1er trimestre de 2004. (Revista de la Asociación San Pablo y San Bertín, Abadía de Saint-Paul 62219 Wisques). Reproducido con su amable autorización.

 

INTERCAMBIOS

 

R.P. de BOISSIERE:

Usted dudó para aceptar pronunciar esta conferencia y yo lo animé encarecidamente. Le tenía confianza y mi confianza superó toda esperanza… Es la primera vez que escucho hablar de Zúndel de manera tan actual, habida cuenta de toda la cultura científica y moderna que usted tiene. Completa un libro muy hermoso de René Habachi "Panorama del pensamiento de Mauricio Zúndel", que acaba de publicarse, que es bastante intelectual pero muy “nutritivo” y que supone una buena formación en teología y filosofía. Usted aborda aquí en parte todos los aspectos de Mauricio Zúndel en una síntesis que, le confieso, quisiera publicar. Eso puede ayudar a muchísimas personas, especialmente a las que todavía están bajo cierta "seducción" de los progresos científicos, y que permanecen prisioneras de cierto cientismo evolucionado, más inteligente pero que sigue siendo muy materialista. Por eso le doy infinitas gracias.

 

Padre Abad:

Yo no tengo la autoridad del P. de Boissière, pero estoy muy feliz de lo que he escuchado. En efecto, me parece que todos los aspectos del pensamiento de Zúndel estuvieron bien enfocados, con el rigor científico que conviene a la búsqueda de Dios, la contemplación. Su conclusión: “ser discípulo de Zúndel es ser discípulo del Evangelio” está perfectamente en nuestra línea. Si eso fuera publicado en otro lugar, me gustaría que precisen que es una conferencia dada por primera vez en el contexto del Proyecto Nueva Mirada. En todo caso, esta conferencia será publicada en cuanto posible en nuestra revista.

 

Pierre PERRIER:

Personalmente, como científico, yo soy, desde luego, particularmente sensible a la 3ª parte. Algo me preocupa mucho: tengo contactos con un amigo que es miembro de la Academia de Ciencias de la URSS, y que me decía: “En la URSS no teníamos derecho de estudiar la teoría cuántica si no estábamos en la Enseñanza Superior y si no éramos Miembros del Partido”. Eso me molestó siempre y me parecía extraño. Había hecho entonces un paralelo diciendo: “En Francia tenemos el derecho de estudiar la teoría cuántica cuando hemos hecho estudios superiores y tenemos una formación matemática que permita olvidar que es necesario razonar sobre la realidad que eso manifiesta”. Y esto lo he comprobado varias veces, especialmente entre los jóvenes salidos del Politécnico, e inclusive entre la gente de Orsay. Eran tan fuertes para manipular las matemáticas que habían llegado a eliminar toda reflexión sobre lo que provocaba la admiración de Heisenberg (*). De hecho, ignoraban completamen­te los problemas que se planteaba Heisenberg. Me parece que eso se debe a la manera como el sistema educativo francés llegó a escamotear los problemas de la realidad.

 

Estoy muy feliz de lo que hemos escuchado, porque yo no conocía lo suficiente a Mauricio Zúndel para saber que él había percibido correctamente lo esencial de esa relación real. En ciencias, se vuelve siempre el mismo cuento: “En cierto modo, tengo la clave de todo” y cuando Descartes tiene la clave de todo, está correspondiendo con Leibniz, y está de acuerdo con él para pensar que lo infinitamente pequeño se estudia con las matemáticas de lo infinitamente grande, y lo infinitamente pequeño tiene aumentaciones finitas que tienden hacia los diferenciales. Bueno, ese es un lenguaje de matemático, pero digamos que las matemáticas desarrolladas por Leibniz eran convincentes para Leibniz y para Descartes, respecto de que estudiaban el mundo. Y creo que es el mismo tipo de razonamiento utilizado por cierto número de físicos de la teoría cuántica que entienden el mundo por medio de las matemáticas sin volverse a plantear el problema del acontecimiento singular. Cada vez que uno logra desembarazarse del acontecimiento singular que es la realidad como tal, que es un acontecimien­to insoslayable y totalmente singular, para remplazarlo por un molde que pretende incluir y cubrir toda la realidad, todos los posibles de la realidad, y no la realidad como tal: cada vez que obramos así evacuamos el misterio.

 

Soy pues muy sensible al hecho de que Zúndel lo haya percibido tan fuertemente, porque es un verdadero problema. Cada vez que he planteado esta cuestión (en particular en una reunión reciente de la Educación Nacional en la cual se elaboraba el programa de ciencias), me asombró que nadie, estrictamente nadie, quisiera volver a introducir los problemas de Heisenberg (*) en las clases terminales: ni en filosofía, ni en matemáticas, ni en física; y sigo sin entender… Creo que hay una voluntad de alejar la realidad, y esa es una de las bases del cientismo actual.

 

Padre Abad:

En efecto, ya he escuchado reflexiones de este género, de profesores de universidad o de liceo, que dicen: “sabemos muy bien utilizar la mecánica cuántica y funciona muy bien, pero sobre todo no hay que tratar de entenderla…”; ¡sobre todo, no hay que tratar de entenderla! Entonces, la utilizan como un instrumento que funciona, eso es todo, y “evacúan” lo esencial…

 

Jeanne CARBONNIER:

Creo que no es necesario que intervenga el Ministerio. Yo enseñaba matemáticas en terminal e iba a los cursos de la profesora de filosofía cuando trataba de matemáticas. No se si eso interesaba a muchos alumnos. Yo hablaba y eso les pasaba a los alumnos por encima de la cabeza. Pero en fin, eso marcaba. Hace ya de eso cierto tiempo, no se abordaban los mismos temas que se pueden abordar ahora pero me parece que tenemos la libertad de hacerlo; hay que persuadir a la gente; no es necesario oficializar las cosas para que pasen a la enseñanza pública, no está prohibido pero hay que persuadir a la gente y es necesario que eso tenga algún resultado. ¿No les parece?

 

Pierre PERRIER:

Se dio muerte al mundo de la reflexión en muchos elementos de física al obligar a la gente a tener un pensamiento cientista sobre el mundo. Por eso tenemos en Francia una escuela de física que no es muy buena y nuestro número de Premios Nóbel es muy mediocre, y yo estoy entre los que piensan que nuestra falta de apertura es lo que provoca esta situación, y no soy el único que lo piensa. La mente cerrada de la enseñanza, desde la secundaria, hace que se pongan las bases para que los razonamientos no puedan liberarse. Y mientras no lleguemos a obligar a que el razonamiento justo sea producto de la enseñanza oficial, en vez de un razonamiento falso como resultado normal de la enseñanza, no veo cómo hacer. Como ustedes saben, cuando han hecho en clase una observación general, hay un alumno que comprende y “aprovecha”, pero todos los demás van a seguir obstinados votando 30 contra uno en favor de la idea del cientismo. De eso somos víctimas en Francia.

 

Jeanne CARBONNIER:

Creo que la influencia personal del profesor es más grande de lo que pensamos.

 

R.P. de BOISSIERE:

En un número reciente de la revista "Sciences et Avenir", que es una revista seria, podemos leer en primera página: “¿Estaría la fe en Dios localizada en una región del hemisferio derecho del cerebro?” Evidentemente, Sciences et Avenir no toma posición, pero el mero hecho de poner esta pregunta en primera página, es impresionante. Volviendo al principio de indeterminación de Heisenberg (*), lo que perjudicó más la modestia, y por ende, cierta crítica del cientismo absoluto de la época, fue que algunos quisieron hacer intervenir la libertad demasiado rápido. Hubo entonces una reacción muy violenta de cierto determinismo opuesto; pero la libertad es otra cosa que la física.

 

Dominique FRIEDERICH:

En efecto, ahí se abordan las cuestiones bajo un aspecto diferente de las matemáticas, y las matemáticas solo son citadas en último término, cuando no es posible evitarlo. Muchos, sobre todo en el mundo de la filosofía, no tienen formación científica y organizan seminarios (entre los que yo conozco hay además un alumno de Espagnat) donde se abordan efectivamente todos los problemas filosóficos que no abordan generalmente los teóricos ni los formalistas. Por otra parte, yo mismo era producto de la enseñanza en el momento en que figuraban todavía en los programas de Terminal la introducción a la mecánica cuántica y entonces me beneficié y quizás eso me dio deseos de leer los numerosos libros de vulgarización con textos de Heisenberg (*) y otros, que están todavía disponibles actualmente y que el joven de Terminal que esté interesado puede consultar.

 

Por otra parte, a propósito de Mauricio Zúndel mismo, del que todo lo que dijeron me pareció muy interesante pues yo lo conocía solo de nombre, yo quería decir que aparentemente (y puede que yo esté equivocado) su interés por la ciencia se debería al hecho de que comprendió, quizá mejor que los científicos, que la ciencia se ocupa de un misterio, como la realidad divina: algo de lo que se puede hablar, que puede progresar, como en la mente de Thomas COONE, con relaciones científicas de vez en cuando, pero en que la verdad no es jamás definitiva, y a su manera cada generación pone su grano de arena; de ahí quizás la relación entre ciencia y mística. Además, Zúndel habla de “mística del conocimiento científico” y Einstein, que en cierto modo también era místico, decía “el hombre que ha perdido la capacidad de admiración es como si estuviera muerto”. Einstein tenía el sentido del misterio, a su manera pero realmente.

 

André GIRARD:

Creo que Zúndel comprendió bien que habíamos pasado de una concepción del progreso de los conocimientos científicos con un horizonte limitado en que se creía que pronto podría saberse todo, a una visión totalmente diferente, es decir con horizonte ilimitado, y escribió: “Ahora sabemos que jamás sabremos”.

Esa es precisamente la característica del misterio, que consiste en no haber terminado jamás de profundizarlo, y es verdad que en la mística cristiana no hay matemáticas, ¡y esa es una diferencia notable! Pero hay un tronco común que me parece muy sólido. Y quisiera citar un caso preciso: tengo un nieto en “especial matemáticas”, y consulté atentamente su libro, y puedo decir que es un libraco, con un aparato matemático pesado, no se trata de comprender con las manos, sino que hace entrar en seguida en las matemáticas más severas posible, pero no hay nada que vaya más allá de lo que se conocía en 1910, o 1920, ¡es increíble!

 

En este plano hay algo interesante, un estudio realizado recientemente por un filósofo de las ciencias que asegura la fe del grupo Solvay (**) del cual existe una foto celebre de todo el grupo, y creo que entre todo los miembros del grupo sólo uno había hecho profesión de ateísmo; la totalidad de los que estaban ahí tenían una idea muy profunda de la religión, aunque eso no quiere decir que eran practicantes de una religión particular, no eran teólogos, pero todos tenían una fe profunda, que se traducía en admiración ante lo que habían descubierto: compartían un acontecimiento en el sentido de lo que dijo Zúndel sobre lo compartido después de una fuga de Bach, un compartir de admiración por la naturaleza. Todos eran creyentes a excepción de uno, según parece, sobre el que hay dudas, y que era profundamente ateo. Se ve pues un cambio total entre eso y la presentación cientista de la teoría cuántica, que efectivamente no progresa y que fue hecha por gente que le impuso un esquema cientista y ateo. Todos eran conscientes de la ruptura y de la admiración de la ruptura.

 

Jean-Michel OLIVEREAU:

Me gustó lo que se dijo sobre el misterio; una de las definiciones del misterio que me gusta es la de Gabriel Marcel que distingue la problemática que está integralmente ante nosotros y el misterio que nos incluye; pero eso es totalmente compatible con la noción de un misterio – no represa – sino dinamismo, que nos lleva y nos acompaña, es que en la medida en que el hombre toma parte en el misterio, la vida del hombre lo lleva a caminar efectivamente en el misterio, el cual es, en efecto, un camino y no un obstáculo. Eso me interesó mucho y yo pienso que marchar en el misterio solo es posible en cuanto el hombre acepte liberarse de ciertas eficacias, de ciertos instrumentos: como los físicos que citaba Pierre Perrier, que tienen un dominio total del instrumento matemático que les permite describir la mecánica cuántica en que la parte de misterio está completamente excluida; eso explica la dicotomía sorprendente de las ciencias actuales entre físicos que reconocen que el mundo comienza a parecerse a un gran pensamiento mucho más que a una gran máquina, y por otra parte unos biólogos, psicólogos, sociólogos, para quienes todo se reduce al discurso materialista de la ciencia actual.

 

Creo, en efecto, que en el caso de las ciencias físicas, los investigadores se ven pronto confrontados a un número limitado de conceptos y el misterio puede presentarse todavía, mientras que justamente en el marco de las ciencias como el psicoanálisis, la psicología, la biología, y pienso en la posición cristiana sobre el darwinismo, hay realmente genes por desmontar, pequeños mecanismos bioquímicos y moleculares por describir, tenemos en manos un instrumento tal que estamos fascinados por la manipulación del instrumento, estamos en el puro instrumentalismo y todo lo que es sentido del misterio, todo lo que no va con las teorías reduccionistas actuales, sea la teoría de la evolución o la del psicoanáli­sis, todo eso uno se lo oculta porque está ocupado en administrar sistemas, y administrando sistemas se olvida simplemente el sentido esencial del misterio. Seamos conscientes de que hay en Francia, en todos los medios oficiales y en cierto número de revistas “serias” un verdadero matraqueo que hace que traten de persuadirnos de que somos meramente una máquina que surgió por azar en un universo que no es sino máquina: es necesario salir de ese encierro.

Le agradezco a André Girard por su texto, a la vez muy bello y muy emocionante.

 

Jean-François LAMBERT:

Solo un comentario sobre la semántica: no hace falta un complicado analizador de textos para darse cuenta del número de veces que aparece la locución no más que… en las obras de vulgarización de neuro-ciencias, o de biología en general; es la negación de la admiración que Ud. describió maravillosamente. Inclusive en d’Espagnat, aun en el último libro tan célebre actualmente de Damasio, Espinoza tenía razón, el uso del no más que… es impresionante; vemos continuamente que el “amor filial no es más que…”, “la fidelidad en la pareja no es más que…”, y se explica la fidelidad en la pareja humana estudiando los ratones del campo, o la influencia de las citosinas o de la vasopresina… Cada vez encontramos “no es sino… no es más que…” Me parece que inclusive en la formación de los jóvenes, en la manera de redactar una composición de ciencias naturales, etc., no es inocente en absoluto: perdonen que me muestre pesimista, pero, realmente, lo mismo que estoy convencido de que todo lo que Ud. dijo sobre los físicos es exacto, en el terreno de la biología, de la psicología y de las neuro-ciencias, el misterio es totalmente obnubilado actualmente por la imaginería cerebral: “¡veo el pensamiento en directo y en colores!”. Tienen ahí un neo-reduccionismo muy fuerte y que impresiona de manera nueva, y yo comprendo la admiración del público y de los jóvenes ante esas magníficas imágenes del cerebro, ¡pero la manera como las utilizan no es inocente!

 

Philippe SENTIS:

Eso es verdad en ciencias, pero lo es igualmente en filosofía: el número de filósofos cuyo pensamiento entero trata de mostrar que solo hay materia, o idea, o devenir, o deseo, todas las filosofías desde Descartes son filosofías de tendencia monista, y no hay que asombrarse de que los matemáticos, y los físicos formados en esas diferentes filosofías, ya sea Kant, Marx, Schopenhauer, Freud, etc., todas esas filosofías son reduccionistas. Y entonces el monismo actual de la ciencia no tiene nada de sorprendente, la actitud científica trata de eliminar el error, pero eso no quiere decir que llegue a la verdad.

 

Alexandre SCAGGION:

Sí, es verdad en ciencias, es verdad en filosofía, y es verdad en derecho. Yo quisiera solo contribuir un poco: hace poco hablaba yo del derecho reducido a la regla, a la ley, y podemos preguntarnos justamente porqué tratan de reducir el derecho a la regla y a la ley. Pues bien, simplemente porque la ley es vista como el hecho, un hecho positivo: tenemos una ley y la estudiamos y las generaciones de estudiantes de derecho son formadas en el dogma de la ley; en la universidad no hay prácticamente filosofía del Derecho, no se reflexiona sobre lo que es el Derecho, se aprenden los códigos, las sumas de reglas que se trata de restituir, y por silogismo judicial, es decir: “existe esta ley, hay un litigio, luego trato de resolverlo con la ley que se me presenta” y ese espíritu positivista solo es compensado con una especie de sociologismo estrecho, es decir, una visión del derecho como instrumento al servicio sea de la política, o del grupo social; ya no existe objeto “Derecho” en sí y actualmente, si preguntamos en la calle o inclusive a estudiantes de derecho, o hasta a juristas confirmados qué es el Derecho, pienso que no habrá respuesta, o nos darán una respuesta como esta: “El derecho es lo mismo que la Ley”. Respuesta bastante positivista. 

 

Marie BREGUET:

En mi opinión, esa es, por desgracia, la triste verdad: se puede decir que los “Hombres de la Ilustración” tuvieron buen éxito. En realidad somos hijos de la Ilustración. 

 

Jean-Michel OLIVEREAU:

Es verdad que el «no más que » aparece en los Siglos de la Ilustración…

 

Pierre PERRIER:

Una cosa me impresionó mucho y es la modificación reciente de los programas de educación, para explicar las finalidades de la educación en secundaria: “aprender a razonar correctamente”. Entonces hay algo que me perturba: si se reivindica a la vez el hecho de que la enseñanza enseña a razonar correctamente y que por otra parte se da cierto número de reglas del juego, que encierran al nivel del pensamiento (hay dos ejemplos bien característicos relativos a la enseñanza dicha “del laicismo” que consiste no en aprender las diferentes familias de pensamiento sino en aprender una sola como referencia, digamos el pensamiento cerrado y no religioso, y que las demás se deducen casi como enfermedades. Hay otro sistema de pensamiento en filosofía que consiste en aprender el conjunto de los filósofos que razonaron en monismo, diciendo al mismo tiempo que el monismo es solo una parte de la realidad, pero no se enseña sino ese. Si el cristianismo ha de ser la levadura del mundo, hay que denunciar la impostura de un sistema que quiere enseñar a los jóvenes a razonar pero les enseña a razonar en un sistema cerrado, es decir… a no razonar.

 

Adrian LEMENI:

Yo aprecio mucho la presencia del misterio en la ciencia, así como la dimensión existencial de la actitud científica: es verdad que la física cuántica reconoce la presencia del límite. Es muy importante porque el límite no es algo negativo sino una posibilidad de superar una posición arrogante del cientismo. Pero puedo decir que desgraciadamente hoy existe una dimensión dominante del no cientismo, y quisiera hacer una pregunta: ¿Cómo es posible ahora, en Francia, hacer algo para que un público numeroso pueda conocer mejor las dimensiones que existen en un sector de investigación en física?

 

Los físicos reconocen actualmente la existencia del límite: ellos superaron la posición del positivismo y del cientismo. Pero desafortunadamente el público no advertido no conoce sino esa dimensión autosuficiente del positivismo. ¿Y cómo hacer para que el público pueda tener conocimiento de la posición que existe actualmente entre los físicos?

 

Dominique FRIEDERICH:

Mi respuesta sería precisamente lo que dije antes, que en las mediatecas públicas, es decir accesibles a toda persona interesada por el desarrollo de las ciencias, hay en colección de bolsillo muchos textos científicos de lectura accesible, yo pienso especialmente en el libro de Lurçat sobre Niels Bohr, que abre justamente esa dimensión y que da en bibliografía los títulos de Lurçat que vio toda la esquizofrenia que existe entre los científicos y sus descubrimientos y la imagen del mundo reducida y simplista que tiene la mayoría de la gente; todo eso es pues accesible; simplemente, creo que para incitar a los jóvenes y a los menos jóvenes es quizá necesario alejar en primer lugar las imágenes falsas, aumentar la investigación y el deseo de la verdad. Es quizá por eso que no es simplemente un problema de programas sino un problema mucho más vasto, pues en el día de hoy nos contentamos con un pensamiento superficial, un pensamiento rápido, que no va a los textos; dicho eso, tengo cierta confianza pues las obras están disponibles y basta motivar a la gente para que las mire…

 

Pierre PERRIER:

Les voy a contar lo que me dijo el ruso de quien les hablé. Me explicó que poco después de Khruchov, cuando cesó de mandar la gente al gulag, aumentó la parte de censura que impedía pensar; cuando le expresé mi sorpresa, me respondió que era evidente, pues habían remplazado una censura sancionada con Gulag con la censura natural correspondiente al pensamiento dominante de la gente. Detrás de eso hay pues dos cosas: además de la censura impuesta de hecho por la gente, está a menudo la autocensura de la mediocridad, la cual hace que aunque las cosas estén ahí, aunque todos los libros estén ahí, aunque esté Internet, teniendo todo eso no hay ganas de mirarlo porque creemos que no es interesante. Y eso fue lo que funcionó por tanto tiempo en Rusia, y acabó por pasar, pero eso llevó tiempo, entre Khruchov y la Perestroïka…

 

Anne DAMBRICOURT-MALASSE:

Respondiendo a su pregunta, Francia especialmente tiene un verdadero problema: es totalmente actual, el cientismo no ha muerto en absoluto sino que está muy activo, y podemos inquietarnos especialmente en las ciencias humanas, en paleontología humana y en prehistoria. Hace dos años que viene luchando la gente del Muséum, para que la prehistoria siga siendo una asignatura interdisciplinaria; fue necesario que interviniera el gobierno para que la petición de la creación de un departamento de prehistoria fuera aceptada, pues la cuestión era rechazada por el Colegio de Profesores; fue Luc Ferry quien hizo la petición después de diferentes cartas del Profesor Henry de Lumley, antiguo y último director del Muséum, para que se salvara la prehistoria en el Muséum; fueron necesarias dos comisiones para que finalmente se pudiera tener un director, y dos votaciones sucesivas fueron anuladas.

 

Después de eso, en el Instituto de Paleontología humana que es hoy, diría yo, la sede de la Prehistoria, ya que el departamento fue creado, hubo al comienzo del año una importante manifestación organizada por el profesor Henry de Lumley con ocasión de la entrega del premio Alberto I° de Mónaco a cinco investigado­res. Y en esa ocasión, el representante del Ministerio de la Educación Nacional y de la Investigación explicó lo que había sucedido durante esos dos años: era normal que el Gobierno interviniera pues se trataba del misterio del hombre que era objeto de todos los ataques y de todos los bloqueos de naturaleza ideológica, y él lo dijo explícitamente. Eso se dijo explícitamente. A mí me encantó que por fin lo dijeran en público, ante un público donde estaban la prensa, personalidades del mundo de la prehistoria, de la arqueología, etc…. Por fin explicaban lo que había sucedido: el Gobierno intervino, fue una verdadera batalla, inclusive para nosotros, para el equipo: elaborar el proyecto de departamento por 10 años (Luc Ferry nos pedía un programa para 10 años), no solo la prehistoria sino la paleontología humana, y actualmente, al límite, es un hilito: todo lo que fue bien estructurado en el Muséum está estallando.

 

La semana pasada hubo un pequeño coloquio sobre la noción de complexidad que unos ingenieros del CNRS habían pedido tratar en nuestro laboratorio, y que el Profesor de Lumley me había pedido animar. Ni un solo estudiante vino, fuera de los investigadores que habían trabajado sobre el concepto de complejidad, prácticamente no hubo público, fue un pequeño seminario “entre nosotros”, pero no asistió ni un solo estudiante, a pesar de la publicidad. Eso no les interesa. No entienden el concepto de discontinuidad, a pesar de ser tan importante…, no saben lo que es la auto-organización, y entonces, a pesar de trabajar bien, pues no digo que la calidad no es buena, pero no hay reflexión, no hay espíritu, falta imaginación, es un plan de carrera y punto. Y como el Muséum enseña solo en el tercer ciclo universitario (DEA y tesis) y tenemos que ponernos al nivel de la Maestría Europea, espero que por medio de Europa vamos a comenzar a respirar en Francia, pues se trata de casos muy específicamente franceses, nos haremos por medio de Europa y entonces quizá volveremos a la enseñanza de la epistemología, la filosofía de las ciencias, etc. Pero Francia sola, no creo mucho.

 

Dominique TISSERAND:

Permaneciendo a pesar de todo positivo, no hay que olvidar que existe el ambiente de lo “políticamente correcto” que repiten todos los medios. Cuando se dice algo interesante en alguna parte, no se menciona si no es “políticamente correcto”. Tenemos que seguir siendo positivos y tenemos que publicar lo que decimos y lo que verificamos y por eso no hay que olvidar que Internet es un instrumento que, en mi opinión, nos proporciona un medio que no le tiene miedo a lo “políticamente correcto”…

 

Jean-Michel OLIVEREAU:

Me interesó mucho efectivamente todo lo que dijo Anne Dambricourt; todo se explica en efecto: si el hombre no es sino un animal entre otros, la paleontología en general debe bastar para tratar el problema de su origen y es completamente superfluo querer crear otras cosas, es particularmente alucinante ver hasta donde pueden llegar. Yo les diría que yo mismo quedé muy chocado cuando en un reciente congreso de intelectuales cristianos, cuando la esposa de un Jefe de Estado preguntó: “A mí me interesa saber qué separa en el fondo a los primeros homínidos, del Hombre”, uno de los conferencistas, un cristiano, le hizo comprender que su pregunta era tonta, pues él estaba en la lógica del contenido y que para él, el problema no le parecía tener ninguna importancia. Hay de verdad cosas dramáticas y que invaden hasta la cristiandad, inclusive los científicos cristianos y eso es grave. Era un sabio de Estocolmo y muchos sabios cristianos doblan la rodilla ante la ciencia oficial, imaginando inocentemente que imitando los comportamientos de la ciencia oficial acabarán por tomarlos en serio, inclusive en nuestra pretensión de misterio, pero eso es un mito integral.

 

(*) Heisenberg al comienzo de la mecánica cuántica, en 1927, enunció el principio de indeterminación: para una partícula de masa dada, no se puede conocer simultáneamente su posición y su velocidad. La dualidad onda-corpúsculo planteaba a los físicos un problema de fondo. Si la partícula ya no es considerada como objeto corpuscular sino como objeto cuántico con cierta extensión en el espacio y cierta duración de vida en el tiempo, ya no se la representa por su posición y velocidad, sino por una función que describe su distribución espacial: una función de onda. (Según wikipedia)

 

(**) Ernesto Solvay (1838-1922) es un químico e industrial belga, fundador de la Compañía Solvay & Cía. y gran mecenas de la investigación científica en su época. Permitió la organización de “Conferencias Solvay”, conferencias científicas en física y química que se han realizado desde 1911. Reuniendo los mayores científicos de la época, fueron posibles avances importantes en mecánica cuántica. (Según wikipedia).

 

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