Dios es la Pobreza: ¿porqué se habla tan poco de esto en la Iglesia?

Mauricio Zúndel habló frecuentemente de la pobreza de Dios. ¿Porqué se habla tan poco de esto en la Iglesia cuando ello podría sin duda cambiar tantas cosas en ella y en el corazón del cristiano?

En Lausana en 1966, decía: "San Francisco de Asís es sin duda el hombre que más se acercó a Dios, que más profundamente comprendió que Dios es una pasión al comprender que Dios es la Pobreza. Dios es El que nada tiene: ¿qué quiere decir eso? Quiere decir que en Dios la Vida es única y exclusivamente comunicación, un don, un impulso hacia el Otro.

Cuando nosotros decimos "YO", ese yo es una posesión, un límite, una frontera, un rechazo, una anexión, y nos cuesta muchísimo no decir “yo” más a menudo. Es raro finalmente que el amor propio no sea lo más fuerte en los que pretenden amar con más fuerza y que son capaces de grandes pasiones. Hay pocos amores que resistan a las heridas del amor propio porque en nosotros, espontáneamente, el yo es una posesión, una anexión, una apropiación, y no un impulso, un don, una generosidad: en Dios, es exactamente lo contrario.

En Dios es exactamente lo contrario: en El, la vida toda es surgimiento. Cada Persona divina se enraíza en la Divinidad, se apropia toda la sustancia de la Divinidad al darla y para darla, de tal manera que en Dios, literalmente "YO es OTRO", el Padre en el Hijo, el Hijo en el Padre y el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, el Espíritu Santo en el Padre y el Hijo, en una eterna circulación en la que todo es absolutamente dado: ¡Dios es El que pierde todo, todo! se pierde eternamente, cada Persona en la Otra, y así es como Dios aparece justamente como una formidable pasión, una pasión infinita en que todo es verdadero altruismo (cuidar al Otro), en que todo es únicamente mirada hacia el Otro, comunicación de todo el ser al Otro, sin repliegue, sin reserva, sin retorno hacia sí mismo. Eso nos parece increíble porque en nosotros el retorno hacia sí mismo es tan habitual, y tan fatal que no imaginamos una vida que sea toda entera, única y eternamente, y de un modo siempre nuevo, un impulso hacia el Otro.

Francisco lo entendió, Francisco lo vivió, por eso entró en esa inmensa pasión que lo empujaba sin cesar hacia el martirio: quería dar, darlo todo, dar su vida por Dios, dar su vida a Dios en los demás con quienes se sentía aparentado en Dios. Porque, evidentemente, si Dios es esa pasión eterna e infinita, ese fuego devorador, es imposible conocerlo, encontrarlo y amarlo, sin ser uno mismo atrapado por esta pasión, sin ser arrojado en ese impulso, sin ser agarrado por ese altruismo infinito, sin comprender que uno está emparentado con los demás, en un parentesco infinito y eterno, por estar conectado con ellos en el mismo circuito de la eterna comunicación.

Un parentesco divino, un parentesco que suscita una pasión sin reserva, ¡eso es lo que funda el apostolado de los santos! El apostolado, es decir, el deseo invencible de hacer circular la Vida divina, de revelar ese parentesco que todos los hombres son una sola Persona en Jesucristo."

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