Por el P. Paul Debains.

Intervención pública del P. Paul Debains en abril de 2008. Se ha conservado el estilo oral.

 

Zúndel habla casi continuamente del misterio de la Santísima Trinidad. Hace tiempos hice una pequeña antología, “El problema que somos” y en Zúndel se encuentra esta afirmación extraordinaria: “El misterio de la Trinidad no solamente aclara el problema que somos sino que le da solución.

Pienso y espero que un día – no lo haré yo, pues ya estoy muy viejo – pero podemos colocar algunas señales en esta dirección – nacerá una comunidad nueva basada en la espiritualidad mística de Zúndel.

He conocido comunidades nuevas, y sin emitir ninguna reserva al respecto pues no tengo ningún derecho para hacerlo, creo que les falta algo. Creo que les falta una espiritualidad y podría ser la de Mauricio Zúndel, pero tales comunidades no son conscientes de ello. (…)

Durante cierto tiempo fui capellán de una comunidad arriba de Aix-les-Bains. Acostumbraba predicar un poco en la misa, pero la hermana superiora me dijo que no debía hacerlo. Al mismo tiempo, al escuchar en confesión a las hermanas, casi todas me agradecían por lo que había dicho. ¿Qué hacer? Yo no lo sabía muy bien. Pero una de las religiosas conserva todos los textos publicados en 2006 en este sitio (1), textos que yo deseaba recuperar. Eso demuestra que ellas son sensibles a la espiritualidad de Zúndel. Para muchas de ellas, aunque no lo expresen necesariamente, quizás porque son conscientes de que les trae algo más que no encuentran necesariamente. Tales familias religiosas fueron fundadas hace ya largo tiempo y desde entonces ha habido cambios en la Iglesia.

Yo tengo 82 años y creo que un día surgirá una comunidad propiamente zundeliana. Ya escribí unas decenas de páginas sobre lo que podría ser un nuevo desarrollo del dogma a partir de Mauricio Zúndel. Eso es muy importante en la actualidad y atrae no solo a católicos, pues en su enseñanza no es católica ni protestante sino centrada en Jesucristo.

 

Hay pues que orar para que un día nazca una comunidad de hombres o mujeres, que puedan asumir un ministerio para los medios de comunicación que me parece muy importante, y pienso que debería superar la KTO (2), muy buena por otra parte, (…) pero creo que se puede desear que haya un día una comunidad zundeliana, cuya vocación sea, entre otras cosas, utilizar los medios de comunicación. Pienso inclusive, quizás sea utópico, que habrá en la vida de esos futuros monjes una alternancia, es decir que pasarían una parte del año – seis meses – como contemplativos, en un silencio completo, como los cartujos, etc., con algunos intercambios entre ellos, y luego irían por el mundo entero buscando hacer el bien en todas partes. (…) Sería útil que exista un día una cadena de televisión que lleve a todo ser humano, sobre todo en los hospitales, donde uno está obligado a reflexionar – cuando uno está enfermo en un lecho de hospital uno tiene momentos de mucha conciencia – documentos que nos eleven, aunque sean documentos artísticos. Acostumbrarse a ver la obra de Dios en la belleza.

 

A propósito del misterio de la Trinidad, tomo un texto de Zúndel en Ginebra, en 1965:

“Estaremos tanto más comprometidos como cristianos siguiendo el impulso del dogma cristiano, pues en el dogma cristiano hay esa apertura sensacional que constituye el misterio de la Trinidad.

(…) El Dios que se revela como trinidad está en los antípodas del Dios que nos presentan como Causa Primera exterior al mundo, indiferente al mundo, (…) colmado en sí mismo, (…), un Dios que busca siempre su gloria.

Salimos de esa teología del objeto (…) que es una caricatura de la verdadera teología. Escapamos de ella tanto más seguramente cuanto se difunda en nosotros la luz de la Trinidad. Pues la Trinidad es la pobreza de Dios.

 

En otro texto Zúndel cuenta la historia de la niñita egipcia bien conocida del P. de Boissière. Seguía las clases de religión de una religiosa que le enseñaba esa teología de que acabamos de hablar. Dios es todo, nosotros no somos nada… esto me hace pensar en alguien que escribía en una carta “yo no soy nada”, y yo le contesté: “si Ud. no es nada, eso no glorifica al buen Dios, si fue él quien lo creó a Ud.

Cuando la hermana terminó su hermoso discurso sobre la Causa Primera, la niñita dijo: “¡No es justo que siempre sea el mismo que sea Dios y que él se quede con todo!” Y Zúndel añade que ella esperaba su turno de ser Dios, lo cual no era sino lógico. Si saberlo, ella estaba de acuerdo con el gran filósofo ateo, Nietzsche, que Zúndel estimaba y al que llamaba el Arcángel de la negación. Es un hombre que no pudo salir nunca del concepto de Dios como un objeto que se puede describir.

 

Entonces ¿qué quiere decir la pobreza de Dios? Nos extraña un poco, por falta de costumbre, porque estamos tan acostumbrados a oír decir: “el Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”. Es verdad, y no. Es verdad, y hay que seguirlo diciendo, pero eso puede dejar perplejas a ciertas personas en la medida en que tenemos tentación de ver entonces a Dios como totalmente indiferente a su creación. Y sucede justamente lo contrario. Los primeros versículos del Génesis nos indican que el Espíritu de Dios cubría toda la tierra. El Espíritu de Dios ya estaba ahí, con Jesús, desde el comienzo, desde la aparición de la vida sobre la tierra. “Yo soy la vida”. No hay que separar al Espíritu y a Jesucristo: son inseparables pero bien distintos. Esta situación va a durar millones de años hasta la aparición del hombre, y hasta ahora cuando nuestro mundo conoce un desarrollo increíble. Estamos ahora en el mundo de la comunicación. A mí, este medio me gusta pues recibo las palabras que Zúndel repitió con frecuencia: “Dios solo tiene contacto con su ser comunicándolo”. Ahí podemos quizá comprender su pobreza. Zúndel nos dirá también que Dios es el anti-narcisismo. Ustedes conocen la leyenda de Narciso, el hermoso joven enamorado de su imagen. Contemplando un día su imagen reflejada en un lago, se sumergió para unirse con ella y se ahogó. La auto-contemplación lleva a la muerte. Era ya la antigua sabiduría, anterior a Jesucristo, pero era él quien se expresaba mediante ese valor.

 

Creo que se puede ver la pobreza de Dios en que no puede tener contacto con su ser sino comunicándolo. Todos somos más o menos narcisistas, casi por necesidad: es como nuestro estado primero. Los niños lo sienten tremendamente. Todo el progreso consistirá, como decía Zúndel, en devenir anti-narciso “pasando de afuera a dentro”,. El narcisismo es lo contrario de lo que sucede en la Trinidad.

 

Zúndel continúa su texto: “Arriba está el faraón y allá abajo, sus pueblos como polvo. A todos nos afecta esta imagen. Queremos salir de la masa, de la plebe, queremos ser alguien por encima de los demás.

Dios tiene solo hijos únicos. En un sentido, los que se quedan ahí tienen razón, pero es solo un primer enfoque de Dios que debe ser superado luego.

No estamos equivocados además, pero ese no es el camino, ya que si queremos elevarnos más arriba de la cabeza, y, con mayor razón, por encima de los demás, vamos hacia una falsa grandeza, una grandeza que en realidad nos hace esclavos, pues nos desparrama al exterior.”

Son los mismos temas que se entrelazan. Es muy difícil mantenerse en un tema en una conferencia. Es lo mismo en la Biblia. Ningún versículo de la Biblia puede ser perfectamente entendido si se ignoran los demás. No se puede sacar un versículo, como hacen tan fácilmente los Testigos de Jehová. Tuve problemas con ellos porque no lo sabían. Ningún versículo de la Biblia puede ser entendido perfectamente si uno no conoce toda la Biblia. Y sólo la Iglesia la conoce, y no se puede sacar el menor versículo sin correr el riesgo de falsear su sentido.

«Pero no hay mayor prisionero que un ambicioso que quiere ostentar su grandeza y que no puede creer él mismo en ella sin los aplausos de la multitud que confirmen su fe en su propia existencia.

 

“Para salir de esta esclavitud no hay sino un camino, pero no lo conocíamos antes de la revelación de la Trinidad”. Y aquí viene la importancia de ese misterio. Espero que el siglo 21 sea un nuevo descubrimiento del sentido de ese misterio y de su importancia. Para los cristianos en general, el hecho de asociar a menudo el signo de la cruz con toda bendición no significa nada. Hace poco Roma declaró nulo un bautismo porque no fue dado en el nombre de la Trinidad sino en el nombre del Creador y del Redentor. Es necesario mencionar el nombre de la Trinidad. La mayoría de la gente aceptaría que se diga: “Yo te bautizo en el nombre de Dios”, y quedarían felices, pero tal bautismo no tendría ningún sentido.

«Para ser discípulos liberados de esa esclavitud, no hay sino un camino, pero no lo conocíamos antes de la revelación de la Trinidad, que consiste en aprender que, para constituirse como fuente y origen, es necesario ser totalmente desposeído de sí mismo y que toda la grandeza, la santidad, la novedad divina consisten en un personalismo fundado sobre una desapropiación oblativa.

Toda la Trinidad significa desapropiación, abandono, ofrenda, pobreza, imposibilidad radical de poseerse, de replegarse sobre sí mismo, de admirarse, de alabarse y de amarse.

Porque, justamente, en Dios todo el personalismo es altruista, todo el personalismo va hacia Otro, todo el personalismo es relativo [no en el sentido contrario de absoluto, sino como relaciones de personas] y pura referencia a Otro. La grandeza divina es pues una dimisión (…) un amor que es solo Amor.

 

Zúndel utilizó miles de veces la palabra desapropiación. No está en el diccionario, pero estaba en las antiguas ediciones del Littré (3). La palabra puede haber desaparecido porque a nadie le interesaba. Ante todo, la desapropiación no nos interesa. Nos parece que dejamos de ser nosotros si nos desapropiamos de nosotros mismos. Todavía no hemos entendido nada de la revelación del misterio de la Trinidad tal como lo presenta Zúndel ni como se debe presentar ahora. Quizás esta presentación explica una de las razones del éxito actual de Zúndel. Todos los domingos hablo de esto en San Gaciano (4) y una señora de 87 años me dijo que ella bebía mis palabras: ella bebía las palabras de Zúndel, no las mías. Yo pienso que hay una especie de aspiración más o menos consciente de nuestros contemporáneos hacia la imagen de Dios que presenta Zúndel, de un Dios pobre porque no posee nada, porque no tiene ningún sentido de la posesión.

 

En el Evangelio, Jesús nos dice: “Yo soy la verdad”. Y se podría decir que el mayor defecto de la Iglesia está en la medida en que – en ciertas publicaciones – considera poseer la verdad de Dios. Es lo contrario de la realidad. Existe todavía cierta tradición que va en el sentido de esa posesión, que asustaba a Mauricio Zúndel, el cual dijo estas palabras: “Los bienes del espíritu no pueden ser poseídos”. Es evidente que entre tales bienes está el misterio de la Trinidad.

 

Esta invitación a crearnos en la auto-desapropiación, (…) esta vocación a ser origen, (…) se entiende mucho mejor si, a la base de la experiencia agustiniana, la generosidad divina que está dentro mientras nosotros estamos afuera, es una generosidad evacuada de sí misma, una eterna constelación de amor. De esta manera podemos llegar a una curación radical, viviendo la divinidad no como causa lejana, primera, (…) sino como El que, en lo más íntimo de nosotros mismos, es el espacio en que respira nuestra libertad.

Zúndel deseaba siempre pasar desapercibido; ¡es verdad! Se puede aceptar el último puesto cuando este no existe, cuando no hay posiciones ni grados. Cuando no hay otra jerarquía que la del amor, que es jerarquía de pobreza, de abandono y generosidad.

«Esta respuesta es evidentemente desconocida de los creyentes y de los no creyentes. Los creyentes se obstinan, y es lástima además, en afirmar una Causa Primera fundándose en el mundo prefabricado que no puede ser fundamento de nada. Que puede también sugerir una visión absurda y una condenación definitiva tanto como la idea de una Causa Primera cruel y tiránica como Job tuvo tentación de imaginarla, sin atreverse a hacerlo.

Esos creyentes se empecinan pues en fundar a Dios en un campo donde no puede revelarse, mientras sus adversarios – con razón además – rehúsan sus falsos dioses e ídolos pero se quedan en el mismo campo y olvidan que el hombre no existe todavía, que el hombre debe hacerse, que el hombre debe crearse, y que el universo humano surgirá en el momento en que el hombre mismo alcance toda su estatura.

 

Habría que retomar todos estos textos que son magníficos. “Hay pues que revisar todo, recomenzar todo, repensarlo (…) para ser por fin uno mismo, para acceder a nuestro origen. Tenemos que hacernos para que el mundo exista.”

 

Esta última frase plantea una pregunta: ¿Nos hemos equivocado entonces hasta Zúndel? Es una cuestión muy grave… Un sacerdote que era capellán me dijo que había tirado mi libro a la basura porque lo perturbaba…

- ¡Tenemos el pesebre, es la pobreza!

- ¡Sí, tenemos el pesebre, pero no solo el pesebre! Y el pesebre es un poco sentimental. Están equivocados.

Pero lo que se debe entender cuando Zúndel dice que se debe repensar todo y recomenzarlo, es que todo lo que hubo antes era quizás una etapa necesaria. Y en segundo lugar, hubo muchos que repensaron todo antes de Zúndel, y este no lo niega en absoluto.

Para todos los santos en la Iglesia, sea cual fuere la congregación, eso terminó en un don de sí mismo. Esto es absolutamente capital. Lo vimos en los ejercicios de San Ignacio que terminan con la magnífica oración “una ofrenda total de sí mismo, sin reserva ninguna”. Entonces, antes de Zúndel se vivió esa situación, pero no se la formuló de manera tan clara. La falsa imagen de un cristianismo con un Dios Causa Primera, que es además propiamente cristiana, está todavía en la imaginación de muchos contemporáneos y de jóvenes.

 

Notas (del traductor):

(1) En la primera versión de este sitio, que era www.elan-en-trinité.net.

(2) KTO, televisión católica de Francia.

(3) Diccionario clásico de la lengua francesa

(4) Parroquia donde ejerció el P. Debains.

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