1997 fue el centenario del nacimiento de Mauricio Zúndel. Coloquios y manifestaciones tuvieron lugar en Canadá, en Bélgica, Francia, Suiza.

No habiendo podido ir a París al coloquio del 7 al 9 de marzo de 1997, a causa de la celebración en Milán del 17° centenario de la muerte de San Ambrosio – el cual había contribuido a la conversión de San Agustín que vino a enseñar en Milán – el cardenal Martini quiso marcar su presencia en el coloquio con el muy hermoso mensaje que encuentran en seguida.

(El cardenal Carlo María Martini murió en Milán el pasado 31 de agosto a los 85 años de edad).

 

Mensaje del cardenal Carlo María Martini

Arzobispo de Milán

al coloquio para el centenario del nacimiento

de Mauricio Zúndel

 

Con estas líneas deseo hacerme presente al coloquio que se realiza en París del 7 al 9 de marzo, en este centenario del nacimiento de Mauricio Zúndel, que fue acertadamente definido como “un místico de nuestro tiempo”.

Nacido en Neuchâtel 1897, oblato benedictino ordenado luego sacerdote en Friburgo en 1919, muerto en Lausana el 10 de agosto de 1975, el P. Zúndel es una de las figuras más representativas de la cultura helvética y francesa, un precursor del segundo concilio del Vaticano. Por eso desde el fondo de mi corazón expreso mis felicitaciones y mi gratitud a los organizadores del coloquio y a los oradores, participantes internacionales y autores de comunicaciones que tratarán de enfocar tantos aspectos de la personalidad de Mauricio Zúndel para hacerla conocer y dar orientaciones para profundizarla.

Yo me limitaré a subrayar lo que me parece ser el “secreto” del Padre Mauricio: la intimidad con Dios, la oración continua, el amor apasionado de Cristo, lo cual se traducía en una manera de vivir y de predicar que fascinaba a todos los que lo veían y lo escuchaban.

Frecuentaba con asiduidad los monasterios de contemplativos, dedicaba mucho de sus energías, aparentemente inagotables, a la dirección espiritual, gozaba de la amistad y de la estima de Mgr. Juan Bautista Montini, el cual lo sostuvo en momentos difíciles y siendo papa, lo invitó a predicar los ejercicios espirituales de la Curia romana en 1972.

Teólogo, poeta, místico, liturgista, autor de numerosos libros – entre los cuales El Evangelio interior, pues insistía continuamente sobre el valor de la interioridad, Zúndel fue en particular un testigo luminoso de la caridad cristiana, que escucha a todo hombre, lo comprende, les ayuda a todos, los ama a todos, les perdona y los hace crecer, y un testigo de la pobreza de espíritu que, según sus propias palabras, “se ofrece como un vacío que solo puede colmar el infinito”. Tenía el don de contemplar el rostro de Jesús en cada persona que encontraba, de todo hombre y mujer. Vivía realmente de la gloria de Dios y para gozo de los demás, aunque era hombre discreto, reservado y profundamente humilde.

Doy aliento a las diversas iniciativas que se realizarán en Francia, Suiza y Canadá para celebrar dignamente el aniversario del nacimiento del Padre Zúndel y le auguro mucho éxito al coloquio para que las respuestas que ofrezca a las cuestiones más candentes de nuestro tiempo contribuyan a ayudar a los que siguen el camino arduo de Jesús o necesitan acompañante en la búsqueda de la Verdad que libera y da la paz, la serenidad y el sentido de la vida.

En comunión de oración, invoco para todos ustedes la bendición del Señor.

C.M. Martini

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