Reflexiones sobre la Vida biológica, las dificultades del juicio crítico y la vida espiritual

Manuscrito descifrado. Ginebra, 1961 ?

La vida biológica

Los historiadores alemanes del pensamiento filosófico o teológico han expresado las relaciones de las ideas con la vida. Lo esencial es poder situarse respecto de la vida. "Sitz im Leben" (1).

• Cuerpo: cordón umbilical por el cual nos conectamos con el universo y el universo se comunica con nosotros. Los pies están sobre la tierra. Tendríamos poco peso en la luna, en virtud de la fuerza de gravedad. Y nos aplastaría la gravedad en el sol. […] El cuerpo sería diferente si viviéramos en otro planeta. Sería impotente si viajáramos a la velocidad de la luz.

• Nuestro cuerpo corresponde al hábitat. Y también a nuestras costumbres y recursos alimentarios, al ritmo; corresponde al clima, inducción, temperatura, pigmentación, reducido a los únicos análisis-elementos asimilables – vida física, sistema digestivo, en relación con los cánones estéticos (cf. Stéatopyges. (2))...

• Nuestro cuerpo nos enraíza en el universo. El universo nos da al principio una cantidad de energía que constituye nuestra vida física, cuyo agotamiento – que podemos acelerar por abuso o por accidentes, o retardar mediante una economía prudente – provoca la muerte física.

La muerte física es, en primera aproximación, como la extinción de las energías recibidas al nacimiento, que pueden ser desbordantes en un criminal y débiles en un genio, que hacen de nosotros "una cosa en medio del mundo" como dice Sartre. Pero nosotros no somos solo una cosa en medio del mundo. Concebir un mundo y nuestras relaciones con él, nos construye un cuerpo instrumental para salir de la tierra venciendo la gravitación, y nuestro poder de superación puede hacer que el cuerpo salga de la atmosfera, transportados por las energías nucleares, arrancado a la materia desintegrada, para sobrevivir en condiciones normalmente imposibles. Este resultado prodigioso del conocimiento y de los poderes que nos confiere, nos hace sentir un poder ilimitado de superación que nos permite entrever que por naturaleza el hombre puede superar su naturaleza, es decir lo que recibió por su nacimiento.

 

¿Quiere esto decir que llegamos ya al espíritu y que
podemos reconocer en nosotros un cuerpo que nos mantiene atados a la tierra,
como un cordón umbilical cuyo seccionamiento produce la muerte – y un espíritu que puede liberarnos de la tierra
y de todas nuestras dependencias cósmicas?

 

Las cosas no son tan sencillas. (Significados ambiguos susceptibles de doble interpretación).

 

Dificultades del juicio crítico.

Y aquí debemos subrayar una ambivalencia tremenda. El lavado de cerebros se ha convertido en los últimos 30 años en una técnica científicamente elaborada. Es decir que las ideas enmarcadas en un contexto pasional son martilladas en la afectividad, impresas por fuerza en el psiquismo, despertando impulsos infantiles y neutralizando todo juicio crítico.

Así la inteligencia es tratada como cosa en medio del mundo, como instrumento al servicio de fines para los cuales buscan doparla. Las ideas pasiones que se le imponen son tanto más opuestas al espíritu cuanto que pretenden inculcarle conceptos científicos.

Aquí la idea no es sino el recurso verbal de una esclavitud visceral (de un movimiento de vísceras) que se trata simplemente de disparar.

Las ideas-cosas que tienen todo el peso de la carne y la sangre. Esa es la primera ambivalencia. La segunda, por fortuna, va en sentido contrario.

La palabra como la música, como el color, es una vibración física material, grabable materialmente. Pero lo más íntimo nuestro puede iluminarse y gozar con ella. Con frecuencia, gracias a la música, al color, volvemos a nosotros mismos y encontramos nuestra interioridad. La sonrisa de un rostro, la respiración de una presencia discreta y atenta, son todavía más eficaces e indispensables.

Y todo eso: palabra, música, color, sonrisa, brillo de una presencia, todo eso en cierto modo es cuerpo, pasa por el cuerpo, no puede manifestarse sin él, y sin embargo todo eso nos libera del peso de la carne y la sangre, todo eso nos libera de los impulsos animales y de las servidumbres de la tribu, todo eso despierta en nosotros los matices más delicados de admiración, los rasgos más exquisitos de la ternura y la generosidad.

Las manos de un pianista pueden ser manos de luz, como las seudo-ideas de Rosenberg y de Hitler fueron taladros de una tiranía demencial.

Eso quiere decir que nuestro cuerpo no es solo el cordón umbilical que nos une al universo sino que puede revestir una dimensión humana en la que se expresa y se comunica todo el poder de superación que nos hace aptos para hacernos sujeto, centro de significación y de acción, como deseaba ser Chejov que desesperaba por serlo. El término de sujeto se opone a "la cosa en medio del mundo" que nos define como objetos.

La vida espiritual.

• Nadie acepta ser tratado sencilla y llanamente como objeto. Goetz, en "El Diablo y el buen Dios" rehúsa que lo identifiquen con su piel de bastardo y si se hace experto en el mal es solo para borrar la ofensa hecha a su dignidad ignorada. Como el Marqués de Sade encerrado en la Bastilla hace pasar su furia en las torturas voluptuosas que su imaginación inflige a las víctimas con que sueña.

• El milagro de la Niña del Humedal de Selma Lagerhof es hacer sentir a un pueblo farisaico toda la majestad del sujeto en una muchacha seducida que renuncia a reclamar la pensión que le permitiría vivir a su hijo por salvar a su seductor del perjurio en que iba a precipitarse.

 

Cambio de nivel: ser fuente, ser libre, espacio, valor, bien común.

 

• Gandhi en prisión nos muestra un ser tratado como objeto que revela con tanto mayor potencia su dignidad de sujeto cuando, estando privado de libertad de movimiento, impone respeto aún a sus enemigos que se ven forzados finalmente a reconocer su inocencia y liberarlo.

Aquí, incontestablemente, nos encontramos ante el espíritu, pero vemos que la calidad de ser origen, de ser valor, concierne a todo el hombre y cubre lo que llamamos cuerpo tanto como la inteligencia y la voluntad. A ese nivel es como el hombre se hace a sí mismo. Creador de sí mismo en su dimensión propia, creador del universo en que puede florecer su dimensión humana en una especie de aseidad que es el sello de su inviolable intimidad.

Si se resigna a ser objeto sometiéndose a sus instintos, si acepta conscientemente la esclavitud, podemos decir que el hombre muere antes de su muerte física. Y la mayor parte de las vidas son justamente cadáveres de humanidad remolcados por las energías físicas recibidas al nacimiento y agotadas hasta el igualamiento de la muerte física.

 

Y por eso el verdadero problema – como hemos dicho a menudo –
no es saber si hay vida después de la muerte,
sino si hay vida antes de la muerte
es decir, verdadera vida humana
y no simplemente animal, orgánica y biológica.

 

No hay que reclamar la inmortalidad para la biología tomada como tal, sino para la vida humanizada, hecha fuente y origen y habiendo conquistado la aseidad pasando de afuera a dentro.

El fenómeno humano es irreversible, si el hombre no está contenido por entero en su biología nativa enraizada en el universo. Si tiene que cortar el cordón umbilical que lo ata a la tierra, si tiene que hacerse sujeto para ser él mismo, eso significa que puede y debe vencer la muerte biológica que pondría fin a su existencia si pudiera ser reducido totalmente a sus energías físicas y orgánicas tomadas del mundo, que se agotan poco a poco y se extinguen finalmente.

El más allá de la muerte es un más allá de la biología y es en realidad un adentro. Pero la vocación a la inmortalidad concierne a todo el hombre, tanto lo que llamamos cuerpo como la vida mental que solo se manifiesta por su medio.

Lo más profundo en mí, mi piel, decía Valery, en un chiste que quizás se pretendía cínico. Sí, mi piel, a condición de que la carne se revista de la dimensión humana, que sea promovida a la dignidad de sujeto, que sea rostro y sacramento del nuevo yo en que debemos convertirnos pasando por el nuevo nacimiento que consuma el yo posesivo, el yo biológico, el yo prefabricado, con el que permanecemos embarazados.

Ya he expresado mi asombro de ver que la mayoría de los hombres no cuestionan su yo. Y sin embargo, en ese cambio radical es como se realiza la trasfiguración, o mejor, la trasmutación que nos arranca a la muerte y preludia nuestra resurrección.

 

(1) "Sitz im Leben", expresión alemana sin verdadero equivalente en el contexto sociológico del antiguo Israel. Significa "situación vital", "situación en la vida", "medio de vida".

(2) Trasero voluminoso – aumento genético de volumen del tejido adiposo de las nalgas.

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